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miércoles, julio 28, 2021

Escandalosas cifras de abusos sexuales a menores; registran hasta 900 casos al año

La Fiscalía Especial de Protección a la Niñez en Tegucigalpa, recibe a la semana de 1 a 4 casos de agresión sexual en contra de niños y niñas.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. A sus nueve años de vida fue víctima de abuso sexual, no por uno sino por tres tipos de su entorno cercano que destruyeron su infancia

Le llamaremos Joaquín, para proteger su identidad. Es un hondureño de unos 29 años de edad, trabajador, responsable y honesto que lucha día a día para superar el terror que vivió en su niñez.

Joaquín cuenta que cuando tenía alrededor de seis años era un niño muy alegre, juguetón, estudioso, le gustaba compartir mucho con sus amigos y tenía un futuro lleno de sueños y metas por cumplir; sin embargo, él no sabía lo que días después llegaría a vivir y que lo dejaría marcado por el resto de su vida.

Él relata que una tarde se encontraba, como de costumbre, jugando con sus amiguitos cuando de repente el hermano de uno de ellos, quien era 11 años mayor que él, lo quedó viendo de forma extraña y con malas intenciones; Joaquín afirma que, a su corta edad, sintió algo extraño y no estaba muy alejado de la realidad, ya que ese joven a quien denominaremos Agresor1 sería el primero que abusaría del menor.

Luego de ese hecho el Agresor1, dice Joaquín, a base de intimidaciones lo llevaba a lugares solitarios de su colonia, para obligarlo a que le tocara sus partes íntimas. El niño, de tan solo seis años, no entendía por qué ese joven hacía eso, pero sí comprendía que esa situación no era adecuada, añade el propio ofendido, ahora mayor de edad.

Después de lo sucedido anteriormente, el Agresor1 seguía abusando de aquel inocente niño y esta vez forzándolo a que le practicara sexo oral; Joaquín dijo que no tuvo otra opción que acceder a los deseos carnales de ese joven, porque “me amenazaba de que si no lo hacía iba a golpear a mi mamá”.

Joaquín narra que el Agresor1 violentó su libertad sexual en cuatro ocasiones, siendo una de ellas la más cruel que pudo vivir y recordar. “En una de esas situaciones me desnudó por completo, me pegó a la pared y me penetró. Yo sentía un dolor horrible, lloraba cuando ese infeliz me hacía esas asquerosidades y fue un momento muy doloroso para mí. Luego de eso nunca más me volvió a buscar para agredirme sexualmente”, expresó Joaquín.

Sin embargo, él cuenta que cuando era abusado por el Agresor1 a la vez lo estaba siendo por el Agresor2, quien era un joven de su misma colonia y amigo del Agresor1. “En el mismo barrio teníamos a los violadores y enfermos mentales sin saberlo”, dijo.

Joaquín describe que el Agresor2 hacía lo mismo que el anterior, lo llevaba a lugares solos para que le tocara sus partes íntimas y le practicara sexo oral. Ese joven abusó del menor en dos ocasiones y no siguió ultrajándolo porque él huía de su agresor cuando se lo quería llevar a la fuerza, recuerda.

Transcurrieron tres años y Joaquín relata que no volvió a ser ultrajado por aquellos hombres que le desgraciaron la vida; él – en ese tiempo – nuca dijo nada y se guardó lo que vivió. Pero, la vida le traería otra tragedia a aquel niño que en un momento fue feliz y no le tenía miedo al mundo en el que vivía.

A sus nueve años cuenta que un amigo de su familia, a quien denominaremos Agresor3, lo empezó a manosear y querer tener “ese tipo de juegos” con él, pero Joaquín, después de lo vivido años atrás, no podía creer que la historia se estaba repitiendo de nuevo. “Me preguntaba por qué me pasa esto a mí, a mis nueve años ya había sufrido abuso sexual por dos hombres y ahora este otro”, expresó Joaquín.

Joaquín platica que el Agresor3 violentó su libertad sexual en dos ocasiones, llegando hasta el punto que le practicara sexo oral. Luego de eso Joaquín no volvió a permitir que alguien más lo obligara a hacer algo que él no quisiera y pudo escapar a tiempo de ese pervertido sexual.

Él cuenta que calló lo que vivió en su infancia por temor a represalias y que se sintió desafortunado de haber sido víctima de tres depredadores sexuales; fue hasta que tenía 20 años que platicó por primera vez lo que sufrió de niño, recibiendo apoyo y compresión de la persona a quien decidió brindarle su confianza. “Me sentí muy bien en contarle a mi novia lo que me pasó y sentí que me quitaron un peso de encima”, afirmó.

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