HISTORIA HUMANA| Con perseverancia y optimismo, Wilson Berríos supera la tragedia

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Wilson Berríos
Berríos sostiene que con la ayuda de Dios y confianza en sí mismo, se puede superar cualquier obstáculo.

«Papá ¿perdí el ojo izquierdo?, y él se quedó callado. Respiró profundo y me dijo: ‘Sí’. Yo me sentí mal», esas fueron las palabras que cambiarían la vida de Wilson José Berríos para siempre.

Un joven alegre, servicial, carismático y disciplinado -con apenas 18 años de edad- tuvo que enfrentarse a una de las pruebas más difíciles hasta ese momento. Fue un 11 de diciembre de 2019, cuando Berríos recibió el impacto de un artefacto explosivo en su rostro mientras trabajaba en una Villa Navideña en la ciudad de Choluteca.

Desde entonces, ha tenido que sobrellevar todo lo que trae consigo el hecho de que ya no cuenta con uno de sus ojos y, que tendrá lesiones permanentes en su nariz. No obstante, este universitario jamás ha dejado de sonreír y de mantener sus ánimos positivos.

TIEMPO Digital, quiso conocer a detalle el impacto y las secuelas emocionales que este hondureño -símbolo de perseverancia- sufrió tras el terrible accidente provocado por un grupo de manifestantes. Ahora, con 19 años recién cumplidos, nos relata con suma serenidad ese episodio que marcó su vida y la de sus familiares.

«Ese día yo recuerdo que estaba jugando con los niños. Estaba haciendo dibujos con ellos y les estábamos dando obsequios al que tuviera mejor dibujo (…) cuando de repente llegaron los manifestantes y, yo me centré en sacar a los niños de ahí donde estaban», comenzó diciendo el joven, quien ama el deporte.

Posteriormente, Wilson cayó sobre el suelo. No supo cómo ni cuándo estalló la pólvora en su rostro. Solo tenía clara una cosa: salvar y evitar que los menores de edad bajo su cargo salieran lastimados.

«¿Si pudiera viajar en el tiempo cambiaría algo? Yo les digo que no. Porque muchos podrán decir que estoy loco por eso, pero en realidad yo pude haber corrido, pude haberme quitado de ahí y sencillamente irme a otro lugar, pero eran las vidas de los niños primero», enfatizó.

«Mi trabajo era cuidar a los niños y yo lo hice. ¿Salí lesionado? Sí, pero no me arrepiento. Yo no perdí la vida gracias a Dios, pero a un niño lo hubiese matado; yo creo que sí», expresó Wilson vía llamada telefónica.

«Papá ¿perdí el ojo izquierdo? Y él se quedó callado. Respiró profundo y me dijo: ‘Sí’. Yo me sentí mal. – Le dije: pero tengo el otro… Él solo se echó a reír».

A la interrogante de, ¿si en algún momento sintió miedo por lo que había sucedido? Respondió: «Uno siempre siente lo peor, pero yo estaba tranquilo. No sé por qué no sentí dolor, el dolor vino después. Pero a principio no me alarmé, ni intenté tocarme la cara».

Y es que Wilson procuró a toda costa tomarse este incidente con calma, puesto que, fue su mejor opción para salir adelante. «Yo no me sentí triste, ni con miedo ni enojado, nada. Jamás sentí depresión», aseguró.

Wilson
Wilson Berríos junto a su tío Luis Carlos y su primo Luis Carlos Jr.

A la vez que, agregó que «incluso no lloré por lo que me pasó. No he llorado. Una vez en Estados Unidos si me sentí mal porque me dolía demasiado. Y ahí sí fue donde le dije a mi papá: «Señor, yo ya no quiero«. Pero, solo fueron como treinta segundos y él me dijo: ‘Se acuerda lo que hablamos que no iba a ser fácil'».

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Apoyo familiar

Berrios, relató a TIEMPO Digital que uno de sus mejores impulsos para seguir adelante fue el apoyo brindado por su familia; sobre todo, por el de su papá quien lleva su mismo nombre.

«Mi papá ahora me platica que en realidad él no tenía esa fortaleza, no tenía el valor para afrontar el problema; se sentía perdido. Sacó fuerzas porque yo me lo tomé con calma. Él me sintió seguro», comentó.

En tal sentido, el joven no titubeó en expresar que el sostén de su padre ha sido «excelente» en el transcurso de todos estos meses; destacando que, siempre tomó las mejores decisiones en torno a su bienestar. Por lo que, afirmó su confianza total hacia él.

«Cuando iba en la ambulancia sentí como parte del rostro se me desprendía. La mejilla derecha como que se me abrió, yo quise agarrármela; y, mi papá siempre pendiente me dijo: ‘No te toques'».

Por otra parte, agradeció las innumerables muestras de cariño y empatía que recibió de todos los hondureños; quienes estuvieron pendientes de cómo evolucionaba su recuperación, tanto en Honduras como en Estados Unidos.