Opinión de Carlos Alvarenga: La oposición la tiene difícil

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Carlos Alvarenga, abogado.
Carlos Alvarenga, abogado.

Hoy abundan las teorías conspirativas con relación a las elecciones primarias y la principal, sacada a la luz por candidatos derrotados y analistas todólogos, es que los resultados ya estaban de antemano dados a favor de Tito, Yani y «Mel» (o doña Xiomara, en fin, es lo mismo) ya que, según se deduce de sus argumentos profundos, son todos jugadores del mismo equipo, y que los acuerdos que van a suscribir ya están consensuados y solo esperando las generales para ser firmados.

Dejemos esos juegos con los que se entretienen los pensadores o se consuelan los derrotados, y mejor hagamos el esfuerzo de hacer un análisis de cómo se plantea la situación para noviembre.

En el Partido Nacional solo Nasry Asfura les gana a todos los demás (ahora) candidatos a la presidencia; sumados, uno sobre otro, en vaca. Y agregando a los votantes de Mauricio Oliva, el Partido Nacional llegará a las elecciones generales fuerte, unido, con un caudal de votos mucho más grande que el del 2017.

Ya sea por disciplina partidaria, por necesidad, por conveniencia, pragmatismo o porque ya estaba pactado, durante toda la campaña nunca mostró fisuras preocupantes, más que una u otra frase artificiosamente calculada para hacer parecer una rivalidad de verdad.

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En algunos casos aislados los militantes sí se destrabaron insultándose en las redes, pero el pueblo es el pueblo. Lo que suceda allá arriba en los picos nevados, en la cúpula del partido es lo que decide todo. Lo cierto es que están unidos y la cantidad de votos será histórica. Si usted no me quiere creer, recuerde, esto no es nada personal, solo especulaciones.

Finalmente, el Partido Nacional ha acumulado disciplinadamente una fortuna multimillonaria – supongo, no tengo datos, pero por los gastos que se ven, así pareciera ser – para mantener la presencia en todos los municipios en los cuales está bien organizado, sin olvidar que los empleados públicos son llevados a votar…por su comodidad.

¿Qué hará la oposición para contener, hacer retroceder y sobrepasar por encima ese tsunami azul? En Libre no hay mucho qué hablar. Doña Xiomara se impuso una vez más, y acarrea toda la simpatía del mandamás del partido, y el votante rojinegro es leal al expresidente. El problema es que o les dio pereza ir a votar o no los motiva ir a votar de nuevo por la misma candidata (y los otros tampoco los entusiasmaron).

Lo cierto que sus números no presagian nada bueno, y solo con sus seguidores «Mel» no puede ganar la presidencia, o sea, doña Xiomara, en fin, repito, son la misma persona. Solo con esos votantes fieles no llegarán a ningún lado. Los votos a favor de «Papi a la Orden» superan en demasía a todos los que disputaron la candidatura del partido de la familia Zelaya.

Lo último sobre Libre es agregar que los seguidores del doctor Nelson Ávila están realmente enfadados y esparciendo una y otra vez serias especulaciones de fraude, y no se diga los que siguen a las excomisionada María Luisa Borjas. Eso, aquí y en Olancho, se llama división interna.

En cuanto al Partido Liberal, es el que más dañado ha salido de esta contienda, y aunque la caballerosidad y buen tino de Yani Rosenthal hacia la unidad es lo mejor, parece muy poco probable que eso suceda. Los liberales han demostrado ser muy, pero muy resentidos y no apoyar o incluso salirse del partido.

Yani Rosenthal es la esperanza del liberalismo, su mensaje de unión, cohesión es claro, sincero y sin fisuras, tiene la inteligencia, la experiencia en administrar; la humildad que le dio su experiencia reciente con la que ya pagó toda deuda con la sociedad es una valiosa cualidad y, además, cuenta con los medios, la organización, los aliados, los contactos para ser un buen presidente, pero repito, el partido está muy dividido, más cuando Darío Banegas le ha cedido ya sus tropas a Luis Zelaya.

Las primarias despedazan a los partidos y, en ese caso, el Partido Liberal está sangrando. ¿Cómo sanarlo? Quedan pocos meses para ese milagro.

Por último, ni uno ni otro partido de oposición pueden darse el tremendo lujo, pero ni en la antesala de sus cerebros, ni en medio de un ataque epiléptico de desbordante optimismo, de creer que solos van a ganar la presidencia, o lo que sería lo mismo, derrotar al Partido Nacional. Las alianzas con los partidos pequeños no suman gran cosa, de hecho, casi nada, así que la única coalición que yo logro visualizar como fuerte rival contra los azules es que se unan rojiblancos y rojinegros, pero con los profundos resentimientos que se tienen recíprocamente, me sabe a que ello cae en el mundo de lo fantasioso. Tendrían que demostrar un instinto político animal, crudo y audaz para lograrlo.