HOMILÍA: Madres difuntas «están en la casa que Jesús les preparó»

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Jesús
El arzobispo de Tegucigalpa. Óscar Andrés Rodríguez ofició la homilía de este domingo. Se refirió a la confianza que debemos tener en Dios y qué no hacer para seguir su camino.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Una vez más sin feligreses, pero en una ocasión especial, el Día de la Madre, se desarrolló la eucaristía de la Iglesia Católica desde la Basílica de Suyapa.

La homilía de este domingo la ofició, como es habitual, el arzobispo de Tegucigalpa, Óscar Andrés Rodríguez. En esta ocasión, remembró la porción bíblica que relata la última cena de Jesús con sus discípulos.

De manera específica, el cardenal centró su discurso en las palabras del libro de Juan, capítulo 14 y versículo uno: «No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí».

Esas palabras, según el relato en las sagradas escrituras, las expresó Jesús en aquel momento, despidiéndose. En base con la interpretación del líder eclesiástico, esa es una invitación a la confianza, pues el mesías denotó nerviosidad entre sus seguidores más cercanos.

En ese sentido, Rodríguez trasladó aquella expresión de confianza de Cristo hacia la actualidad de la humanidad.

«Jesús quiere invitarnos a una confianza radical en el amor de Dios. Es más fuerte que todos los poderes de este mundo que amenazan nuestra vida. Es más fuerte que todo el mal, enfermedades y virus», describió.

Consiguiente, también ilustró que la invitación del hijo de Dios es hacia no perder la calma, superar la inquietud y disipar los miedos.

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Supervivencia en un mundo «roto»

Más adelante, el cardenal explicó su consideración de que la humanidad está perdida, sin encontrar un sentido de vida que, asegura, sólo se encuentra en la confianza en Dios.

Por tanto, detalló que vivimos en un mundo que está «roto por profundas divisiones sociales y personales» y que, como resultado de ello, en nuestras sociedades aumenta el estrés, la depresión y las rupturas afectivas.

Un espacio para cada uno

En la jornada que en Honduras dedica a la celebración de las madres, Rodríguez recordó que muchos también se sienten tristes porque su progenitora ya no está.

Sin embargo, apuntó que lo importante es recordar que ellas están «en la casa que Jesús les preparó».

Ese enunciado, el cardenal lo expresó después de que leyó en su sermón una cita bíblica de Jesús donde menciona a sus discípulos: «En la casa de mi padre hay muchas habitaciones. Me voy a prepararles un lugar».

Ante eso, el cardenal refiere que es como si el mesías nos manifestara que en su corazón hay un espacio para todos. Aún para aquellos que no caben en las casas materiales de la tierra, y expulsados de las mismas.

Seguido, enfatizó que es el amor de Dios lo que debe guiar nuestro andar. Mencionó que muchas veces estamos como en un callejón sin salida, desorientados y sin conocimiento del camino. Incluso, precisó que hay quienes «van añadiendo años a su vida, pero no saben darle vida a los años».

Camino, verdad, y vida

La apertura de luz para los desorientados, y aquellos que desean vivir la verdad, encuentran la respuesta en una afirmación del primogénito de Dios, aseveró el cardenal. Se refirió a su frase: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».

¿Qué trasfondo tiene ese enunciado? Bueno, el arzobispo aclaró que, Cristo es el camino porque sin él, nos extraviamos. Es la verdad, porque sin él, caemos en las mentiras. Y, es la vida, porque, lejos de su cobijo, nos alcanzará la «muerte del alma».

Respecto al coronavirus, ¿Sabemos lo que verdaderamente pasó? 

Óscar Andrés Rodríguez duda que el origen de la COVID-19 sea animal. Al parecer no está convencido que su génesis fue el consumo de un ser vivo silvestre en un mercado de la ciudad de Wuhan.

«¿Se nos ha dicho la verdad de las causas de este terrible virus?», preguntó en primera instancia.

Luego planteó que los países causantes podrían estar escondiendo la verdad, disfrazando las noticias con mentiras. No obstante, opina que, si todos siguiéramos las directrices divinas, estaríamos más serenos y con esperanza aún ante la calamidad imperante.

Aclaró también que Dios no quiso la llegada del virus a sus creaciones, y mucho menos es su causante. Culpó al respecto a ser humano que se apartó de él.

Luego, instó a los cristianos a colaborar con Jesús para la vida de nuestro prójimo. Recriminó y tildó de «irresponsables» a quienes salen sin mascarilla y no utilizan otras medidas de higiene. Es más, los tildó de «cómplices» para que otros pierdan la vida.