Dos historias enlazadas por la lucha y fe de resurgir de las cenizas en el Mercado Guamilito

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Honduras. En la década de los 60 se erigieron los cimientos del Mercado Guamilito de San Pedro Sula, un lugar donde se han fusionado los sueños, los anhelos de crecer y salir adelante, tal cual es el caso de Mario Martínez.

El hondureño es uno de los fundadores de ese centro tan emblemático de ventas en la ciudad. Pero ahora gran parte se ha reducido a cenizas el pasado 17 de junio durante un terrible incendio. Sin embargo las esperanzas de levantar toda la zona de artesanías, la afectada, sigue en pie.

Don Mario, como le dicen sus compañeros llegó al Mercado hace en 1969. Dice que no lo hizo a su gusto, ya que fue a la fuerza cuando fue víctima de un desalojo junto a su madre en el Mercado Central, en ese tiempo «llegaron unas volquetas con militares y nos vinieron a tirar aquí. No había nada aquí», señala.

Desde ese tiempo, él y su esposa forjaron el patrimonio de las ventas artesanales, esas figuras de cerámica, de madera y esos trajes típicos. Además de llaveros y muchas cosas más que a la gente le gusta comprar cuando hace un viaje local o internacional.

Se remonta a esos años y afirma que era gratis, ahora pagan 20 lempiras diarios por casa puesto. El con su cónyuge tenían ocho. Eso es el resultado de tantos años de trabajo y en base a préstamos. Pero ahora todo «está en cenizas».

Un mercado de familias

«Aquí nacieron mis cuatro hijos en se criaron en la guardería que está adentro. Luego como pusimos los pusimos en la escuela Cabañas», cuenta don Mario con mucha melancolía al ver hacia donde sólo hay desechos del fuego y láminas sobre ellos. Aún así sobresalen esos fuertes muros, algunas partes de piedra muy sólida e inquebrantable como su voluntad. 

Una de las tristes imágenes que queda en el Mercado Guamilito.

El hombre de canas pronunciadas sólo espera que las promesas de las autoridades municipales para que haya una reconstrucción del Mercado Guamilito se cumplan. Lo mismo para los diputados de Cortés, quienes aparentemente están promoviendo darle 100 mil lempiras a cada uno de los locatarios: 140 en total.

«Queremos trabajar, si es posible el lunes (hoy). Que venga una retroexcavadora y saque todo (lo quemado) y podemos poner unos petates y empezar»: dice con firmeza, a pesar que desde antes de la pandemia ya veían reducidas las ventas, pero el virus lo complicó todo, y ahora el incendio.

Aún así la fe es grande: «Nos vamos a levantar como el Ave Fénix, vamos a resurgir de las cenizas», replica con actitud positiva Mario Martínez.

Una emprendedora adolescente que vio 21 años de trabajo reducidos a nada 

Gabriela Paz es una de las mujeres que durante 21 años ha salido adelante gracias al negocio de artesanías que tenía en el Mercado. Después de que desalojarán a los vendedores de la zona peatonal en el Parque Central, donde trabajaba con su familia.

Fue una emprendedora adolescente, ya que su inicio en este rubro comercial lo hizo cuando tenía 16 años. Cuenta que a nombre de su padre logró obtener el «derecho de llave» para vender, con esa visión de toda mujer independiente y trabajar por sí misma.

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Actualmente se le ve entre el grupo de los 140 locatarios afectados, está en reuniones, de un lugar a otro en busca de soluciones. Se muestra decidida y entre sus peticiones como las de sus compañeros sólo pide que la dejen trabajar y que las promesas sean cumplidas.

El fuego quemó «años de trabajo, sacrificio, nuestras prestaciones, la herencia de nuestros hijos», afirma la madre de dos niñas: una de nueve meses y una de cuatro años, a quien no puede matricular en la escuela por ahora.

Al igual que don Mario, Gabriela ha trabajado su negocio en base a préstamos, y de parte gubernamental no ha habido arreglos. «Nosotros nunca hemos tenido apoyo del Gobierno», ni siquiera para adquirir préstamos con Banhprovi. Eso los obliga a adquirirlos en la banca privada.

Elevados intereses

El costo es muy alto, ya que al no tener casa ni carro propio, les toca pagar «un alto interés», como en el caso de Gabriela. Pagan el del 28% al 36% de intereses. «Le debemos a Banpais, que le pedimos ayuda porque no podemos recibir tantas llamadas. Banrural y Finsol también. Obviamente no tenemos cómo pagar ahorita».