Opinión de Carlos Fúnez: Origen, evolución y crecimiento de la delincuencia

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Foto referencial

Por: Ing. Carlos Fúnez A. –En la mayoría de los casos la delincuencia tiene su origen a la temprana edad del ser humano, como es la adolescencia que es justamente la edad en que algunos jóvenes tienen en sus vidas un panorama oscuro con muchas confusiones, falsas ilusiones e incertidumbres porque aún ni siquiera saben lo que quieren hacer de su vida y mucho menos qué camino tomar en ella. Ante este cuadro de indecisiones el adolescente se torna más frágil, susceptible e influenciable por las personas que conforman tanto su entorno familiar como social constituido este último por sus amigos y compañeros de escuela o de colegio más cercanos a él.

En esta etapa crítica de su vida el adolescente no tiene un criterio propio sino que por su juventud e inexperiencia es inducido u obligado a depender de opiniones ajenas que lo pueden poner en el buen o mal camino de su vida. Es en esta circunstancia cuando el niño queda en una gran dualidad que lo confunde y es cuando toma la decisión que le parece más conveniente, fácil, cómoda y acertada.

Este ya se constituye en un punto sin retorno que lo conduce a hacer encaminado por el buen camino siempre que haya en él una positiva influencia de sus padres, pero lo lamentable es que no en todos los casos los padres son los mejores consejeros de sus hijos. Aunque parezca contradictorio es una cruda realidad, máxime en los casos que los padres del niño sean personas viciosas, drogadictos o criminales. Estas debilidades se agravan más cuando sus padres son analfabetos o semianalfabetos habiendo quizá cursado dos grados de escuela primaria y en escuela pública de muy mala calidad como la mayoría de las que tenemos en Honduras.

Aquí Hemos llegado al punto medular de este problema porque la influencia familiar forma en los adolescentes patrones de conducta ya que los padres son un ejemplo a seguir para sus hijos. El adolescente siempre aprende y asimila lo que vio de sus padres o de las personas de pensamiento afín con el de ellos. Aunque en muchos casos la actitud del adolescente es impredecible ya que hay jovenes que se revelan ante los buenos y sanos consejos de sus padres y adoptan una actitud de rechazo y mala crianza.

Y si el padre es violento, ignorante y alcohólico es cuando se forma un conflicto familiar de mayores proporciones, a menos que el padre sea una persona educada, prudente y bien formada y comprenda que la mejor forma de arreglar estos conflictos familiares es mediante un diálogo abierto, franco y sincero con sus hijos, porque también el padre del niño debe comprender que en esta edad el niño es muy suigeneris en su manera de pensar, sentir y actuar y cuando los padres son muy severos e irascibles los insultan y los golpean salvajemente; actitud que puede terminar en una tragedia familiar y esto viene a complicar mucho más el problema.

Los efectos posteriores a estos hechos son muy graves y hasta impredecibles porque estas actitudes para los futuros miembros de la familia se vuelven un problema permanente que perdura por varias generaciones.

Otro factor que influye marcadamente en la formación del niño adolescente es la pobreza extrema ya que desde que nacen comienzan a sufrir las privaciones de ésta. Los Adolescentes que a su corta edad han tocado fondo por todas las privaciones no de juguetes, bicicletas y otros pequeños lujos sino de cosas estrictamente necesarias que son las mínimas cosas a que aspira hasta el más pobre y humilde de los seres humanos como son la comida, la ropa, el calzado, los medicamentos y la educación y cuando no se tienen estas cosas tan elementales pero imprescindibles el niño adolescente se siente completamente frustrado, situación que lo puede conducir al suicidio y cuando menos ya siendo mayores se convierten en grandes delincuentes y criminales, pasando a ser un azote para la sociedad que nunca se ha preocupado por ellos, siendo esta misma sociedad con su indiferencia la que más daño le ha hecho quitándoles la oportunidad de desarrollarse como personas tanto económica, social como culturalmente.

Para estos niños desamparados los gobiernos que hemos tenido nunca han hecho algo por ellos, pero si los han perjudicado robándose el dinero del pueblo que pudo haber servido para promover programas de ayudas económicas para las familias más pobres de este país. Considerando que ahora tenemos los niveles más altos de corrupción, existe la urgente necesidad de un cambio drástico en nuestra sociedad, promoviendo cambios radicales en nuestro comportamiento moral y ético, exigiendo que los próximos aspirantes a cualquiera de los tres poderes del Estado no sean ni ladrones, ni narcotraficantes. No podemos seguir por esa ruta abominable de cinismo y sinvergüenzada