Honduras: conmovedor gesto de enfermera con paciente de COVID que agonizaba

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Covid
La enfermera sostiene una de las cartas que le leyó a "Don M" | Ambas fotografías fueron tomadas del Facebook de Sarah Carias.

CORTÉS, HONDURAS. ¿Sabías que el estado de ánimo de una persona enferma influye, ya sea positiva o negativamente, en su recuperación?

Es por esa razón que el personal de salud, además de hacer su trabajo como profesionales de la Medicina y Enfermería, a veces crean lazos afectivos paciente-médico, lo cual hace mucho más amena la estadía de la persona interna. A eso se le llama empatía.

Aunque, sí a pesar de eso, no todas las personas logran sobrevivir, no obstante, queda la satisfacción de que se hizo todo lo posible por él o ella y que nunca se sintió solo (a). A veces, a la última persona que alguien ve antes de irse de este mundo es a un médico o enfermera (o).

Y bueno, precisamente ese es el caso de la enfermera hondureña Sarah Carías, quien está trabajando en primera línea durante la emergencia sanitaria provocada por el Covid-19, y hace poco vivió una grata experiencia con uno de los enfermos a sus cargo.

Lo ocurrido conmovió su corazón, tanto que quiso compartirlo con toda Honduras a través de sus redes sociales por medio de un mensaje:

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Aquí el mensaje íntegro:

Soy enfermera. Ayer (sábado), mientras le estaba administrando los medicamentos a un paciente Covid delicado de la tercera edad dependiente de oxígeno, encontré como 10 cartas de ánimo que le habían mandado hijos, nietos y amigos. Aproveché a leérselas una por una.

Él, aún con su dificultad respiratoria, con sus ojos llorosos, pudo escuchar y al final decirme gracias. Todas las cartas hablaban de cuanto lo extrañaban, de cuanto lo querían, y de que lo estaban esperando para asar carne (se nota que le gusta la carne asada a toda la familia) y yo le dije: ‘Pucha don «M», que carneada la que le espera’. Él sonrió.

Terminé mi turno y él quedó delicado. Me quedé pensando en él (sí, uno queda pensando en sus pacientes).

Hoy en la mañana volví a turno. Él amaneció grave… por alguna razón teníamos la esperanza que lo iba a lograr pero lastimosamente falleció. Nos dolió a todos.

Tal vez no era mi familiar, ni siquiera un conocido, pero aún sintiendo pesar por su partida, estoy feliz de haber apartado esos cinco minutos en medio del ajetreo normal de un turno en sala Covid para que él pudiera escuchar a su familia una última vez a través de esas cartas.

No siempre se trata de solamente «cumplir con el trabajo», sino mostrar empatía y dar la milla extra. No sólo hablar sino escuchar. Muchas veces somos el último rostro o voz que el paciente ve o escucha. Demos lo mejor aún en medio del cansancio.


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