HISTORIA HUMANA | Con 98 años, Elvia trabaja para alimentar animales en la calle

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Elvia
La "Señora de los Perros" siempre está ahí para los indefensos animalitos que transitan las calles de la colonia Alemán. Con la ganancia de sus ventas de manteles, más otro dinero que le regalan, les compra hasta carnes finas.

HONDURAS. Le hago una cordial invitación. ¿Le gustaría acompañarme a la parada de buses de la colonia Alemán en Tegucigalpa? No se preocupe, sé lo que está pensando. En tiempo de pandemia es mejor no salir.

Sin embargo, la idea no es que usted salga de la comodidad en que se encuentra leyendo las piezas periodísticas de Diario TIEMPO Digital. Pero, sí quiero invitarlo a que conozca a una persona que ronda todos los días por ese sector: la «Señora de los Perros».

Un título así parecería como que estoy por contarle una leyenda o un relato urbano. Mas, no es nada tétrico o atemorizante. Por el contrario, la intención es que usted conozca un alma noble, que, a pesar de sumar ya un amplio recorrido, persiste en dejar su marca inolvidable.

El natalicio de doña Elvia Rosa Gómez se registró el 29 de octubre de 1921 en Tegucigalpa. Sí, está próxima a sus 99 años de edad. Sin embargo, está lúcida y con muchas fuerzas; con algo de ayuda de su nieta, cuyo nombre es el mismo en su honor, me relató sus vivencias.

Sus primeros años

Elvia cuenta que en su infancia vivió en El Obelisco, cuando el río cercano era «cristalino». Recordó que, en aquel entonces, ese era el sitio donde los lugareños bañaban y lavaban ropa.

Estudió toda su primaria -que entonces era hasta quinto grado- en la Escuela República de Argentina, ubicada en Comayagüela. De inmediato, surgió la pregunta esperada. ¿Era buena estudiante?

Lo que sí fue algo sorprendente fue su respuesta; sin embargo, denotó que es una persona muy sincera. «Uy no, no serví para nada», aseveró, sin tapujo alguno.

Asimismo, remembró que, cuando tenía vacaciones del centro educativo, salía con su madre, Isabel Gómez, a vender lácteos. Recorrían las calles vendiendo queso, quesillo y mantequilla.

Sin embargo, al terminar su educación básica, no prosiguió. Aseguró que un médico le pidió a su madre que no la pusieran a estudiar más.

Después de eso, Elvia laboró sin cesar. Desde niña le encantó el trabajo, pues afirma que bajo ese ideal la crió su madre. Salían en muchas ocasiones rumbo a San Lorenzo (zona sur de Honduras) y llevaban mercancía para vender. Desde allá traían más cosas -hasta pescado- y las vendían por doquier.

No obstante, no se quedó solo como una asidua comerciante. Luego, aprendió a costurar en un taller. Gracias a eso, consiguió empleo es una fábrica de unos «turcos», donde hacía camisas de hombre.

Además, lejos de su quehacer en la empresa, también hacía sus «encarguitos» por aparte. «Me fue bien con la costurería, hacía delantales, gabachas y más», comentó.

Más sobre su familia

Ramón Reyes la engendró, pero, no es algo agradable para ella recordarlo; él se desmarcó de su responsabilidad como padre. «No me reconoció, dijo que yo no era su hija», lamentó Elvia.

Fue hija única, por lo que ella cuidó de su madre en sus últimos días. Cuando su doctor dijo que ya no había más remedio, le compró un cajón y posteriormente la enterró.

En torno a su vida amorosa, se casó con Felipe Zúniga, un constructor. Él era un amigo bastante cercano del exmandatario Tiburcio Carías Adino. En ese andar, Elvia también conoció al expresidente Juan Gálvez; incluso externó que los papás del cardenal, Óscar Andrés Rodríguez, eran sus compadres.

Con su esposo, procreó a su primer hijo, que se llamó Felipe. Sin embargo, su vástago se suicidó. Tomó una pistola y se disparó en la cabeza; aunque Elvia no dijo más sobre ese suceso, su nieta confesó que su abuela aún conserva la porción de un periódico que sacó la noticia.

Luego, el amor la encontró por segunda vez. Se volvió a casar, ahora con el abuelo de su nieta Elvia. En ese romance tuvo un hijo más, quien también ya pereció.

No obstante, su nieta reveló que ninguno de sus dos retoños tuvieron el mínimo interés de cuidarla o buscarla mientras ella envejecía. «La dejaron en la calle», atizó.

Asimismo, doña Elvia tiene otros tres nietos y varios bisnietos. Es decir, tiene una vasta descendencia, pero nada de su ascendencia. Toda su línea sanguínea que la antecedió -o contemporánea- ya no existe.

El «secreto» de su longevidad

Con 98 años encima cualquiera pensaría que su estado de salud estaría comprometido, que tiene achaques, o que no es una persona muy activa. Ella desafía las creencias populares.