El Pozo: Conozca los protocolos de seguridad y rutinas que se aplican

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REDACCIÓN. «El que cae en El Pozo no sale». El oficial de alto rango a cargo de la seguridad retira sus lentes de sol, se escurre una que otra gota de sudor que comienza a rodar por los surcos de su frente y enfatiza: “esto es máxima seguridad, de aquí no se van”.

Y volvió a repetir «El que cae  en El Pozo no sale de ahí» mientras se acomoda un chaleco anaranjado con franjas reflectivas.

Señala hacia los cuatro puntos cardinales: “vea bien, aquí tenemos cuatro torreones, a 100 metros uno del otro, desde ahí tenemos una visión del 100 por ciento, vigilancia las 24 horas; llegar hasta esta zona ya sería un suicidio” y nuevamente repitió: «El que cae al Pozo no sale de ahí».

Estamos en el centro de penal de máxima seguridad de Santa Bárbara. Ahí, entre las 23 manzanas de terreno habilitadas, está la más temible de las celdas construidas hasta ahora en Honduras: El Pozo, como la bautizó el presidente de la República.

Por órdenes del presidente Juan Orlando Hernández, en ese lugar ya han sido aislados los primeros 37 cabecillas de maras y pandillas que desde otras prisiones seguían ordenando masacres, extorsiones, atentados y otros actos de terror, según las autoridades.

A 72 horas de su reclusión en El Pozo, muchos han comenzado a desear no haber nacido y no haber derramado sangre inocente.

La advertencia del Gobierno había sido clara en el sentido de que solo hay dos caminos: El bueno, que es vivir en paz y trabajar honestamente, y el malo, que es delinquir, ser capturados y encarcelados.

Sin luz y con overoles

Los reportes de los órganos de seguridad del Estado establecen que más del 80 por ciento de los crímenes atroces y atentados criminales fueron ordenados desde las cárceles por los cabecillas de maras, usando para ello mensajes codificados a través de las visitas de amigos, parientes y parejas sentimentales.

En El Pozo, los 37 reos permanecen en celdas de dos por dos metros, sin luz solar y artificial, con overoles anaranjados, pelo rapado, sin joyas ni libros, sin derecho a visitas y recibiendo únicamente sus tres tiempos de comida y una hora de luz solar al día.

“Esto es un infierno, sáquennos de aquí”, decían los reos tan solo 24 horas después de su aislamiento.

Cada celda solo tiene una cama de cemento y hierro, un retrete, un bebedero y un espejo de aluminio. Ahí, dentro, el reo pierde hasta la noción del tiempo.

Para acceder a los dos módulos de máxima seguridad, que tienen capacidad para 80 reos, se deben cruzar al menos cuatro puertas blindadas.

Sacar sus manos

Cada movimiento en El Pozo es seguido y vigilado por agentes penitenciarios. Estos se auxilian de más de una veintena de cámaras de última generación.

Para salir de una celda, los reos deben sacar sus manos por una ventanilla rectangular donde les colocan los aros de presión, posteriormente se desactivan los cuatro cerrojos, se abre el candado y, una vez fuera, se colocan grilletes en los pies.

De esta forma es conducido hasta las duchas que también se encuentran dentro de celdas con puertas color rojo.

Para tomar la luz solar, el reo camina unos 10 metros por el segundo nivel hasta llegar a las celdas de cuatro por cuatro metros.  Ahí, de pie, porque no hay ni bancas de cemento, observa hacia el cielo con láminas traslúcidas. Lejana se mira la libertad. Una hora y se acabó. Es hora de regresar a la celda que es testigo muda de su desgracia.

Máxima seguridad

Este centro penal se encuentra ubicado a un margen del río Ulúa. Entrar al recinto no es nada fácil.

Una visita o un abogado defensor debe primero cruzar tres aduanas o “check point”. Cada uno de estos puntos de control tiene estrictas medidas de seguridad y protocolos.

La tecnología de última generación es fundamental. Decenas de cámaras vigilan cada puesto. Detectores de metal, escáner, rayos X y sistemas infrarrojos de vigilancia nocturna son parte del sistema.

Una vez cruzados los “check point”, los visitantes son conducidos hasta el pabellón especial para visitas. Estos lugares son conocidos como “centros de capacitación”. En las paredes se observan pizarras verdes con depósitos para borrador y tiza.