Denise Murillo, «Grande como pocas», la doctora que murió sirviendo a Honduras

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Denise Murillo
Honduras llora su muerte, pero su legado perdurará por siempre.

CORTÉS, HONDURAS. Doctora Denise Murillo, a quien de cariño le solían decir «Docky», 20 años como médico de empresa, una gran colega y mejor amiga, madre, abuela y esposa, católica devota, «Grande como pocas», dijeron sus colegas, quienes con el alma destrozada lamentaron su deceso.

La galena, originaria de San Pedro Sula, de sonrisa tímida, que destilaba ternura hacia sus pacientes, dedicada a su profesión, nunca se imaginó que aquella mujer a quien le trató una herida, sería la última de su carrera.

«Tan sabia y fuerte, con ese gran corazón, de esos que ya no se encuentran, de esos que contagian, que son ejemplo de valentía», dijo una mujer que convivió con la galena en más de una ocasión.

Destinada a ser médico

Fue en el año 1964 que una niña, destinada a ser médico y servir a multitudes nació, a quien sus padres llamaron Denise Roxana, de apellidos Murillo Martínez, quien luego de terminar sus estudios de secundaria en el Instituto San Vicente de Paul, ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). El final de la década de los 80’s marcó el inicio de su más grande anhelo, ser una doctora.

Doctora Denise Roxana Murillo Martínez unos años atrás (FOTO TOMADA DE FACEBOOK) .

Personas con un título en Medicina pueden encontrarse muchos, pero médicos con vocación hay menos, y Denise Murillo fue un ejemplo de eso. La galena no solo se ganó el aprecio de cada persona que atendía, sino que se convirtió en una modelo a seguir para estudiantes de la carrera.

«Quiero agradecerle por abrirme las puertas en la salud ocupacional. Gracias por cada consejo que me dio, por su cariño, que trascendió los tres años que trabajamos juntas nos convertimos en más que compañeras», fueron las palabras de una joven galena, dirigidas a Denise Murillo.

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Denise Murillo, preocupada por las personas

Su amor por las personas iba más allá del trabajo podía hacer en una sala de consultorio o en un hospital si era necesario, sino que de verdad se preocupaba por el bienestar y salud de todos.

Teniendo conocimiento de lo altamente contagioso que es el Covid-19, pero sin saber que más tarde ella se convertiría en una de sus víctimas, días antes de fallecer, envió un mensaje a toda la población de Honduras, diciéndole que no saliera de sus hogares, para que no se contagiara.

Su última publicación en Facebook, hecha el 19 de marzo a las 1:50 de la tarde, decía lo siguiente:

«Quédese en casa. Si tiene poca comida, tome agua. Es preferible aguantar un poquito de hambre y así nos conectamos con Jesús en los 40 días en el desierto. Sí, estamos en cuaresma. Él aguantó hambre, frío y calor. Sed de amor nuestro. ¡Así que vamos! no se desanime. Hacer esas grandes filas te expone.»

Hoy, el país llora la muerte de la primera médico que perdió la batalla contra el nuevo coronavirus, principalmente sus colegas, pero a su vez, por su legado, por su ejemplo, y en honor a su memoria, el gremio tomó fuerzas, así lo dijo Carlos Umaña, para continuar de frente contra el Covid-19 y no desistir nunca.

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