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sábado, julio 20, 2024

Ángel Vásquez, el bailarín que cultiva la danza folklórica en niños en riesgo social

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Redacción. “Detrás de la excelencia está la exigencia”, es la frase que caracteriza al maestro de danza folclórica Ángel Vásquez, un hondureño que lleva el arte y las ganas de mantener viva la cultura nacional a flor de piel.

Antes de comenzar a relatar un poco de la historia de este Catracho Ejemplar, es importante mencionar que Ángel, originario de la colonia Nueva Esperanza de Tegucigalpa, es uno de los mejores bailarines de danza folclórica del país.

Además de contar con una licenciatura en Ciencias Sociales, actualmente cursa una segunda carrera universitaria e imparte sus vastos conocimientos colaborando con la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH).

Pese a que sólo tiene 30 años, Vásquez ha recorrido la mayor parte del territorio nacional bailando y enseñando su arte en cada uno de los departamentos del país.

Catracho Ejemplar
Ángel disfruta trabajar con niños, ya que puede influir de manera positiva en ellos.

Su talento lo ha llevado a ganar diversos premios tanto individuales como colectivos e incluso a representar la bandera cinco estrellas fuera de las fronteras patrias.

Con orgullo, pero con mucha humildad, Ángel compartió a Diario Tiempo la manera en que pasó de ser un joven bailarín a un instructor profesional que ahora dirige y participa con su propio cuadro de danza, el “Grupo Folklórico Guaymuras”.

Inicios 

A la corta edad de siete años, el hondureño tuvo su primer acercamiento con la danza folclórica, cuando maestros de la Escuela Tomás Álvarez Dolmo apostaron por la cultura y contrataron un instructor de danza. “Desde los primeros ensayos y presentaciones, para mí se convirtió en pasión”, relató.

Cursó sus estudios de secundaria en el Instituto Central Vicente Cáceres, donde perfeccionó sus pasos y forjó su disciplina con la ayuda de sus profesores, hasta convertirse en instructor.

Catracho Ejemplar
Ángel ha bailado en todo el país.

Sin cobrar 

Si bien es cierto, recibió un pequeño salario de un mes, cuando una de sus ex maestras de colegio le dio su primera oportunidad como maestro de danza en la Escuela Canadá de la colonia Popular, Ángel jamás ha visto el arte como un negocio.

“Recuerdo que sólo ese primer mes me pagaron, porque era un compromiso para un sólo concurso, en el que ganamos el primer lugar, pese al poco tiempo de preparación. A mí me gustó ganar como instructor, entonces pedí continuar dirigiendo el grupo que formé, pero sin ninguna paga”, explicó.

Fueron cinco largos años (2015-2020) en los cuales el profesor Vásquez no recibió pago por enseñar. Sin embargo, para él la ganancia más grande fue formar, compartir, enseñar y triunfar a nivel nacional con su grupo de niños, que hoy son jóvenes de bien.

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Catracho Ejemplar
Formó el cuadro de danza de la Escuela Canadá en el 2015.

“Gradué varias generaciones y en el 2018 la mayoría de niños de la Escuela Canadá pasaron al Instituto Mary de Flores, donde también los dirigí en el 2018. Al mismo tiempo ayudaba en la escuela, siempre por amor al arte. Muchas veces me tocó poner hasta de mi dinero o hacer actividades para reunir fondos para viajes y vestuarios, el amor al arte nos hacía buscar la forma”, relató.

El arte es prevención 

Para Ángel, “un niño ocupado es un delincuente menos y una niña ocupada, una niña embaraza menos”, ya que para él no todo se trata del folclore. También le da especial importancia a formar ciudadanos con valores y a utilizar el arte como un arma de prevención social.

Y es que las colonias donde el maestro ha trabajado están consideradas como de las más peligrosas para la niñez capitalina, lugares donde muchos talentos se pierden al entrar en contacto con el mundo de la violencia y criminalidad. La danza surge como una forma de escape ante la ausencia de actividades que involucran otras artes o deportes.

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Vásquez ha representado a Honduras en varios países.

“No se imaginan mi satisfacción al saber que hago labor social, mis pequeños alumnos se convirtieron en jóvenes de bien, trabajadores y en su mayoría universitarios”, expresó.

“El arte te forma disciplina, responsabilidad, compromiso, lealtad y muchas cualidades que pueden cambiarles la vida”, agregó.

Actualmente, Vásquez continúa activo en la danza folclórica como bailarín e instructor con su grupo Guaymuras, danzando en toda Honduras y en países como, Nicaragua. Individualmente, participa como bailarín en el Cuadro Nacional de Danzas Folklóricas de Honduras, con el cual ha bailado en México, Colombia y Ecuador y toda Centroamérica.

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Cuadro Nacional de Danza Folclórica.

“Falta reforzar la materia”

A diferencia de lo que ocurre en Honduras, en los países antes mencionados, la danza hondureña es muy respetada, admirada y apetecida, por lo que, a criterio del profesor, se deben buscar mejores mecanismos para incentivar al ciudadano a respetar y cultivar este arte.

“En otros países la gente ama la danza hondureña y estamos trabajando para que en nuestro país ocurra lo mismo. Estamos impartiendo talleres de arte y danza en zonas de alto riesgo para apostarle bastante a la cultura, pero falta que todos los sectores se involucren más”, señaló.

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Como instructor y bailarín, Ángel siempre ha dado su mejor esfuerzo.

Este talentoso hondureño es un claro ejemplo de pasión, dedicación y conciencia social. Con su trabajo ha logrado formar carácter e identidad catracha en decenas de jóvenes. Su labor de enseñar es realmente inspiradora.

Es por eso que asegura que mientras haya unos pocos “locos” dispuestos a mantener viva la cultura cinco estrellas, él seguirá bailando y enseñando a los más vulnerables al peligro social.

«A las personas que les enseño intento meterles mi misma semilla para que cuando nuestra generación se termine, sean ellos lo que continúen con esto tan bello que tenemos. Soy consciente de que somos minoría, pero mientras la minoría siga adelante, nuestra cultura no se va a perder”, finalizó la entrevista.


La frase: “La danza y el enseñar es mi vida”.

El dato: Ángel continúa enseñando a los niños de la Escuela Canadá, sin cobrar, ya que, como él dice, “no puedo vivir sin enseñar”.

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