Honduras: Sin familia, a la intemperie y esperando un milagro, anciano vive en caseta de buses

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COPÁN, HONDURAS. Máximo Cuellar Núñez, un hombre de más de 80 años, ante la falta de recursos y apoyo familiar, hizo de una caseta de buses abandonada su hogar en la comunidad de Los Naranjos, Santa Rosa de Copán.

Cuatro columnas de concreto con techo de láminas delgadas fue lo mejor que el adulto mayor pudo encontrar para resguardarse del frío y lluvia; Don Máximo cubrió los espacios abiertos con nailon, consiguió un colchón viejo, lo puso en el suelo e hizo su cama.

Según comentó él, ya suma ocho días desde que convirtió esa antigua caseta de espera en su nuevo hogar.

Don Máximo tuvo que buscar un lugar para la »dormidita», como la llama él, porque no encontró a nadie que lo recibiera.

Con voz ronca, posiblemente por lo cansado de sus años dijo «antes estuve donde una señora que se llama Emma, y cuando yo cargaba leña le ayudaba y me daba mi comidita, pero ahora por una cuestión en esta mano que me salió, ya no puedo».

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Sin comida, sin trabajo, espera todos lo días la ayuda de los samaritanos 

Don Máximo comentó que su hermana se mudó a San Pedro Sula y quiso llevarlo con él, por esa razón, completamente solo en la aldea que lo vio nacer y crecer, todos los días vive a espera de lo que otras personas puedan darle para satisfacer su hambre.

»Suyapita», como la llamó él, una mujer que lo conoce y vive cerca de la caseta que ahora es su hogar, a veces frecuenta llevar al anciano un plato de comida: «de ahí no tengo a nadie más que me de».

Hogar de ancianos no lo quiso atender

También, el octogenario dijo que el hogar de ancianos de Copán no lo quizo recibir porque él tiene una hermana (la que se mudó) y, que ella es la que debe preocuparse por su bienestar.

«Dijeron que no porque ‘usted es hermana de él’, le dijeron cuando fuimos los dos, y que ella tenía que ver por mí, pero no quiso porque se mudó a San Pedro».

La historia de don Máximo Cuella Núñez, un hombre que, debido a su avanzada edad, quizá esté viviendo la etapa final de su vida, es un ejemplo claro de que Honduras hay gente que vive en extrema miseria. Pero a su vez, una oportunidad para los hondureños de buen corazón, principalmente a los que viven en Los Naranjos, Santa Rosa de Copán, puedan ayudar a un necesitado.

Historia cortesía de Copán TV.