Telegram, la aplicación preferida de los terroristas

Los terroristas se comunican y planean sus atentados con el servicio de mensajería más seguro y protegido del mercado, «blindado» a los mejores servicios secretos

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El chat de los islamistas. Capturas de los mensajes intercambiados por terroristas del Estado Islámico

EE:UU.-Telegram, la aplicación de mensajería instantánea más segura del mercado,  puede tener sus días contados, amenazada por quienes se aprovechan de su, por ahora, invulnerabilidad.

Telegram fue concebida con la idea de ofrecer un espacio protegido y casi infranqueable para que nadie pudiera acceder al contenido de los mensajes enviados de forma privada por el usuario. Un objetivo que logró.

Sin embargo, sus fundadores no pudieron prever que su servicio acabaría cayendo también en manos de un perfil de usuario absolutamente indeseado. Se trata hoy día del medio favorito empleado por los terroristas yihadistas para captar nuevos adeptos y difundir a través de imágenes y vídeos el salvajismo de sus ataques.

Esta rigurosa protección de la intimidad ante los servicios secretos mundiales es lo que han usado en su favor los responsables del reciente atentado en una iglesia de Normandía (Francia) que culminó con la muerte del párroco Jacques Hamel.

La Inteligencia francesa ha descubierto que los terroristas Adel Kermiche y Abdel Malik Petitjeanse se conocieron cuatro días antes del ataque, pero que se comunicaban asimismo de modo permanente mediante Telegram, pese a que, a menudo, se encontraban en el mismo domicilio.

Es decir, priorizaban el contacto online al personal, mostrando una confianza casi ciega en esta herramienta. Su certeza de que no existiese vigilancia no era absoluta ya que, en ocasiones, empleaban seudónimos para garantizar su anonimato. También se beneficiaban del contacto codificado que permite este servicio de mensajería para relacionarse con representantes del grupo terrosita Estado Islámico.

Los yihadistas, como el resto de usuarios de la app, cuentan con tres opciones de uso. El primero es el de los mensajes públicos, como si fuera una red social en la que todos los usuarios pueden acceder a los contenidos difundidos. El segundo sistema es el de los grupos. Allí la información es encriptada y únicamente visible para los miembros de ese grupo. La última instancia es el chat privado, con una seguridad tan alta que el mensaje puede borrarse al segundo de haber sido leído, el emisor recibe una notificación si se hace una captura de pantalla y todo el sistema está encriptado por una «llave de 256 bits».

Éste es el estándar de seguridad más alto. El número de posibilidades para descifrar una clave es dos a la potencia n, donde «n» es la longitud de la clave en bits. Una llave con dos bits, por ejemplo, puede tener un uno o un cero en cada una de sus dos posiciones, lo que significa que una llave de dos bits tiene cuatro combinaciones posibles. A partir de aquí, las cifras crecen de modo exponencial.

En otras palabras, el cerrojo a la seguridad que aporta este servicio a la intimidad de sus usuarios obtiene en la actualidad la medalla de oro. Con él las posibles combinaciones llegan a un 11, seguido de 1076 ceros. Hoy día, con la tecnología actual, descifrar esto tardaría siglos y costaría varias veces el PIB del planeta. A esto se le suma que es (y pretende seguir siendo para siempre) gratuita. Como explican en su página web: «Telegram se financia pura y exclusivamente con el dinero de Pavel Durov. Y por ahora nos alcanza». Sólo hay un pequeño problema: la garantía de seguridad de esta aplicación puede volverse en contra de su creador. Desde 2014, tanto Facebook como Twitter han incrementado la censura de los contenidos favorables al Estado Islámico y ya el año pasado, tras los ataques en París, clausuraron unas cien cuentas. No sería extraño que las autoridades soliciten también a los creadores de esta app que se revele cualquier indicio de actividad terrorista.

Telegram, la criatura de los hermanos rusos Nikolia y Pavel Durov, «apenas» llega a los cien millones de usuarios, que diariamente intercambian unos 15.000 millones de mensajes. El número es altísimo, si tenemos en cuenta unas recientes declaraciones del creador de Facebook, Mark Zuckerberg, en las que aseguraba que entre Messenger y Whatsapp procesan aproximadamente 60.000 millones de mensajes diarios, apenas cuatro veces más que Telegram, con al menos 20 veces más usuarios.