Socorro Flores Machado, “positiva hasta la muerte”

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Tegucigalpa.- Su fama en las redes sociales, con sus frases “Presentemente”, “Negativo hasta la muerte”, “Trix trax”  y “Ni por delante y por detrás”, esconde en María del Socorro Flores Machado, una vida muy  difícil, capaz de conmover a cualquiera.

En sus apenas 27 años, a Socorro le ha tocado vivir las duras experiencias de las que ella saca lo más positivo.

Nacida en un hogar pobre de El Rosario, Comayagua, esta mujer  de contextura gruesa y altura media – ahora percudida por la vida – apenas cursó la preparatoria.

Pero a pesar de su bajo nivel de escolaridad, Socorro sabe leer perfectamente. Es autodidacta y su escuela ha sido la calle.

“Lo bueno es tener excelente mentalidad. Usted puede haber llegado hasta primer grado, pero si es vivo nadie lo engaña. Qué le parece si le cuento que en ese rótulo dice: Lavandería y Electrónica Eben Ezer. Nadie me pajea a mí”, expresa.

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¿Y cómo aprendió a leer?, le preguntamos y contesta: ¿Adivine?… Quien me abrió la mente fue nuestro Señor.

Socorro Flores llegó pequeña a Comayagua

Socorro cuenta que llegó a sus ocho años de edad a la ciudad de Comayagua, de la mano de una prima suya de nombre Elena Oseguera Chavarría.

“Me trajo señorita, de paquete, me dejó donde Adolfino Bustillo Castellanos. Me trajo a trabajar, presentemente”, cuenta Socorro, sentada en una banca del Parque La Merced, donde descansa por las tardes.

“Soy horada y por eso he durado, fuera ladrona no viviera”, dice mientras cuenta que es la mayor de seis hermanos, tres mujeres y tres varones.

Dice que su vida de niña fue “una lindura”. “A mí toda la gente me vistió y me calzó”, cuenta sin detenerse mucho en sus primeros años de vida.

Un profesor, su primer marido

Ella relata que cipota, ya en Comayagua, a los dieciséis años, se hizo mujer del profesor Narciso Licona, ya fallecido por diabetes y 42 años mayor que ella, quien asegura la hizo “formal, no uñas largas”.

“Es mejor pedir y no robar, el que pide gana más y el que roba pierde más”, le enseñó el profesor Licona, cuenta Socorro, mientras saluda a dos peatones que pasan por el parque y la reconocen.

“Pero rápido me deshice de él, porque era un hombre bolo, y usted sabe que para vivir con un hombre bolo, es mejor vivir aparte. El sabio mira mal y se aparta”, añade Socorro dando luces de sabiduría.

Sin embargo, el profesor no fue su único marido, recuerda. Después de él, tuvo una relación con un hombre que identifica como Angel Augusto Rubio Umanzor, con quien también duró poco.

Después de eso no se ha vuelto a enamorar, asegura. “Dice el dicho que el buey solo bien se `lambe`. La mujer sola cabe en cualquier parte y acompañada en ninguna”, comenta.

Ha ido de golpe en golpe. A los trece años tuvo un hijo por cesárea en el hospital de Comayagua, pero ella dice que ahí se lo quitaron “por envidia”.

No me la caliento por no tener un hijo

“Dice el dicho que ahora los hijos vienen a sufrir y no a gozar. Uno para andar sufriendo, mejor no tener nada”, indica.

Socorro dice que “no se la calienta” (no se estresa) por no tener aquel niño con ella. “Yo sé que Dios tiene una protección para mí y para él”, comenta.

Socorro también califica como una tragedia en su vida, el día que fue atropellada y estuvo al borde de la muerte, pero las atenciones médicas y el apoyo de un tío la hicieron ponerse de pie.

Vive, o mejor dicho, duerme en la acera frente a un almacén La Curacao de la ciudad de Comayagua. “Ahí, con Dios me quedo, y con mis dos perros, Juguete y Capitana”, cuenta.

¿Y dónde se asea?, le preguntamos y responde: “Presentemente, agarro agua donde tía Genoveva Chavaría y donde tío Roque Machado o en un taller en el barrio Suyapa”.

Su día transcurre laborando. “Legalmente me llevo trabajando, recogiendo latas y botes de plástico y el dinero que gano se lo llevo a mi familia, voy cada seis meses a El Rosario”, precisa.

No soy bola, droga ni ladrona

“Yo ahorro, hay que saber pensar. Dios le dio a uno cinco sentidos para que los use. Presentemente gano 56 lempiras diarios”, explica.