Opinión de Rodolfo Pastor: OEA y la historia de las anulaciones electorales

    A Melo, Salvador, a Rudo y Yesy

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Rodolfo Pastor Fasquelle./-Mel que quizás tiene más experiencia, no parece tan confiado. Pero con pocas excepciones, la oposición contra la reelección de JOH, parece hoy inclinada a recurrir por aquello de que es la vía pacífica al apoyo de la OEA, la cual ha sugerido que la elección tiene tantas fallas tan profundas que debe repetirse. Y ese organismo pide a cambio una pacificación de las protestas.

Nada indica sin embargo que el gobierno de JOH se va a someter a ese dictamen del organismo regional. Más bien lo han confrontado, denunciando que quiere robarse las elecciones. No ha habido ninguna declaración de los EUA apoyando la conclusión de la OEA, con la que más bien parecería estar molesta, y la Secretaria de esta organización tiene que convocar a la Asamblea que pudiera tomar una determinación fuerte, como hizo en 2009, de expulsar al régimen golpista de Micheletti, sin eventual consecuencia. Porque dada la fuerza de Clinton, no se pudo revertir el golpe. Ninguna eficacia ha mostrado la OEA en Venezuela tampoco, aun con la cada vez peor belicosidad gringa.

Una forma de ser realista en efecto es recurrir a la historia. Suelen pasar cosas parecidas a las que han pasado antes, en periodos congruentes de tiempo, y las que nunca han ocurrido parecerían necesitar cambios profundos de contextos y estructuras, que solo evolucionan lentamente. ¿Ha llegado el momento en que el organismo regional de los estados del Continente tiene fuerza propia suficiente para imponer sus criterios e implementar sus sugerencias? Para la oposición hoy aquí el resultado de un primer vistazo histórico debe ser una advertencia poco alentadora.

Aunque en el ancho mundo en el último amplio medio siglo, se han cancelado una cincuentena de elecciones, revirtiéndose sus resultados, pocas veces en forma legal y mayormente por golpes de estado o revoluciones o aun asesinatos de los líderes… principalmente en África, solo ha sucedido algo análogo a esto en cuatro sitios en América Latina.

La elección presidencial peruana que ganó en 1962 Víctor R. Haya de la Torre fue anulada por una Junta Militar que celebró al año siguiente una nueva elección, que Haya perdió. La elección guatemalteca de 1982 que ganó Ángel A. Guevara, delfín del sangriento Romeo Lucas García fue abortada, por fraudulenta, con un golpe de Estado encabezado por el aun peor Efraín Ríos Montt.

La elección panameña de 1989 que gano Guillermo Endara y que, después de anulada por el gobierno de Noriega y acosada por los Batallones de la Dignidad, fue ratificada por la invasión y la ocupación estadounidense, que se llevó a Noriega.

Y quizás la más parecida y reciente, la elección haitiana de 2015 del empresario de derecha Joven el Moise, denunciada por fraudulenta por todos los cinco opositores importantes, a pesar de la complacencia de los observadores internacionales, lo cual desencadenó protestas masivas, tomas con quemas de llantas, a las que la policía respondió con gas y detenciones arbitrarias.

El gobierno instaló una Comisión de la Verdad que recomendó anular las elecciones por fraudulentas, pero la diplomacia estadounidense (encabezaba el egregio J. Kerry) protestó el costo de volver a hacer las elecciones que le habían costado 33 millones y la demora de la instalación del nuevo gobierno.

El resultado original ampliamente reconocido como fraudulento prevaleció, luego de que los EUA insistieran en su reconocimiento, y proveyeran a la OEA $1 millón de dólares para sugerir reformas al régimen electoral. Esta última historia ha sido el único caso en que OEA participó. Hace un año. Y le bastó el millón. Poco, parecería, si valieran algo las libertades de los haitianos. La OEA en efecto termina haciendo lo que los EUA, que pagan, le determinan. A menos que hayan cambiado los tiempos.

El gobierno dictatorial de JOH es socio de los estadounidenses en todo y confía completamente en el apoyo que van a seguir recibiendo de Nealon y Kelly, independientemente de Almagro. Ningún poder pareciera tener la OEA para exigir el correctivo del fraude. ¿Los hondureños van a apaciguarse igual que antes o que los haitianos? Yo solo pregunto, como decía aquel insulso.

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