REDACCIÓN. – Albert Einstein, una de las mentes incomparables del siglo XX, y la novela Los hermanos Karamazov, del ruso Fédor Dostoievski: ¿Cómo influyó la lectura del ruso en la obra científica del físico?

BBC:

«Respóndeme con franqueza. Si los destinos de la humanidad estuviesen en tus manos y para hacer definitivamente feliz al hombre, para procurarle al fin la paz y la tranquilidad, fuese necesario torturar a un ser, a uno solo, a esa niña que se golpeaba el pecho con el puñito, a fin de fundar sobre sus lágrimas la felicidad futura, ¿te prestarías a ello?».

Con tales dilemas enfrenta a sus personajes —y al lector— Fedor Dostoievski, autor del que la escritora Virginia Woolf dijo:

Aparte de Shakespeare, no hay lectura más emocionante que Dostoievski”.

La novela en la que hace esa terrible pregunta fue la última que escribió, Los hermanos Karamazov. «La más magnífica novela jamás escrita», según el padre del psicoanálisis Sigmund Freud.

Tanto Freud —cuyo primer ensayo fue «Dostoievski y el parricidio»— como los otros tantos que aclamaron la obra como uno de los logros supremos de la literatura universal, dejaron clara la razón de su admiración.

Albert Einstein dejó una incógnita

“Aprendí más de Dostoievski que de cualquier otro pensador científico”.

Sobre qué fue lo que aprendió Einstein leyendo a Dostoievski no se sabe. Pero despertó una irresistible curiosidad que ha sido fuente de inspiración de muchos escritos sobre la conexión entre dos genios.

Einstein
Albert Einstein (1879-1955).

Inconcebible

Una de las pistas está en la segunda parte de esa tan mencionada cita:

«Aprendí más de Dostoievski que de cualquier otro pensador científico, incluso más que de Gauss«.

Eso fue lo que dijo Einstein, según su amigo Alexander Moszkowski, el primero en escribir un libro sobre el científico.

Karl Gauss fue uno de los pioneros en el campo de la geometría no euclidiana. Además, proveyó la base para la teoría de la relatividad de Einstein.

Según el autor mexicano José Gordon en su libro El inconcebible universo. Sueños de unidad, uno de los personajes de Dostoievski:

«Trataba de percibir geometrías invisibles, la geometría detrás de la geometría que se escapa de las dimensiones que podemos apreciar».

Ese personaje es Iván Karamazov, ferviente racionalista y ateo. Iván atribuye su incapacidad para aceptar el Universo y la armonía de Dios a ciertas limitaciones de su mente:

La suya —dice— es una mente euclidiana terrestre, tridimensional, y la armonía divina parece operar en una cuarta dimensión.

Gordon, quien participa en el Festival Hay de Querétaro 2017, imagina que:

Einstein dialogaba en las noches con un hombre hecho de letras que vivía dentro de una novela”.

Ese «personaje hecho de letras» postulaba que si Dios existía y había creado el mundo, seguramente lo había hecho de acuerdo a la geometría de Euclides. Sin embargo, señalaba, había especialistas en geometría y filósofos que lo dudaban.

«…incluso se atreven a soñar que dos líneas paralelas —que de acuerdo con Euclides nunca se pueden encontrar en la Tierra— podrían encontrarse en alguna parte en el infinito«.

«He llegado a la conclusión de que si ni siquiera puedo entender eso, no puedo entender a Dios».

Refiriéndose a este pasaje, el matemático David Fowler, en su ensayo «Matemáticas como ciencia ficción», expresó en pocas palabras lo obvio:

«Las reflexiones de Dostoievski sobre el tiempo y el espacio ciertamente se pueden considerar como compatibles, en sentido cualitativo, con el marco teórico de la relatividad especial».

O, tomando prestadas palabras del escritor mexicano José Gordon, los personajes podían mantener «un diálogo fantasmal» con Einstein.

Fiódor Dostoievski
Fiódor Dostoievski (1821-1881).

Terminar por el principio

Otro interlocutor en ese «diálogo fantasmal», además de Iván Karamazov, probablemente fue el diablo. Por aquello de la relatividad del tiempo, andaba sin reloj, con ropa pasada de moda y llegaba tarde a citas.

«Estaba muy lejos y, para llegar a la tierra, tenía que cruzar el espacio. Desde luego, esto es para mí cuestión de un instante, aunque la luz del Sol tarda ocho minutos». Así se excusa el diablo por su tardanza.

Ese diablo maneja además conceptos temporales difíciles de concebir. Como el de la eternidad, genialmente ilustrado cuando relata una leyenda que termina en el principio de la historia.

Cuenta de un filósofo que cuando se muere se encuentra con que, en vez de la oscuridad y la nada que esperaba, tiene una vida por delante en el paraíso. Como eso está contra sus principios, se indigna y por enojarse lo sentencian a caminar un cuatrillón de kilómetros. Se rehúsa durante mil años, y luego empieza a caminar.