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sábado, febrero 24, 2024

La insólita historia del Fiat de 135 CV que vale más de €2 millones

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En 1952, hace más de 70 años, el mundo del automóvil asistió a una sorpresa inesperada, y por tanto mayúscula: Fiat, la marca de los coches modestos, la que fabricaba vehículos económicos para un mercado de masas, se había lanzado al mercado de los superdeportivos para millonarios.

Y es que, aunque sabían que se adentraban en el desconocido terreno de los automóviles más exclusivos, ni de lejos imaginarían que siete décadas después uno de aquellos modelos podría superar de largo los dos millones de euros.

El coche que habían presentado (que no se parece al de las fotos) era en realidad más bien feo, con un techo elevado, unas aletas prominentes y un frontal nada atractivo. Pero lo que contaba era el interior. Más en concreto, el interior de su vano motor: lo que había allí era un V8 de 2,0 litros con el bloque en aleación ligera y válvulas en la culata. En su primera versión, aquella joya de la mecánica entregaba 105 CV que ya le permitían alcanzar los 190 km/h; una velocidad descomunal para las carreteras de mediados del siglo pasado.

La insólita historia del Fiat de 135 CV que vale más de €2 millones
El V8 Supersonic estaba carrozado por Ghia.

Un sueño que no podía durar

El coche fue un sueño que no se podía prolongar, una especie de prueba que duró lo que tardaron los directivos de Fiat en darse cuenta de que mejor les iba a ir si se preocupaban solo por hacer coches para un gran público. Así que pararon de construir chasis y motores cuando llevaban 114 unidades.

De ellas, 34 fueron carrozadas por la propia Fiat con el diseño que había sido mostrado en 1954, y el resto fueron entregadas a distintos carroceros para que hicieran con aquel chasis y aquel motor ‘lo que quisieran’. Zagato y Vignale realizaron algunas de ellas, por dar el nombre de algunos afamados carroceros. Pero el que realmente elevó la historia del Fiat V8 hasta los altares de la belleza automovilística fue el carrocero Ghia, que diseñó las líneas que ves en estas imágenes.

La influencia ‘supersónica’

Lo que se llevaba en aquellos años, más que nada en Estados Unidos, era todo aquello que recordara a los jet, a los cohetes, a la búsqueda de velocidades supersónicas (fue una influencia que se vio sobre todo en Cadillac, Chevrolet…). Sin embargo, el diseño que ves, basado en estas premisas, no se estrenó en un Fiat. De hecho, el diseñador Giovanni Savonuzzi lo perfiló para un Alfa Romeo que participó en la Mille Miglia de 1953.

Tenía un capó muy largo y unos faros posteriores que recordaban en gran medida a la parte trasera de los reactores. Y gustó tanto, que Ghia volvió a utilizarlo con los 14 chasis de Fiat que había comprado, algo que hoy resultaría impensable. El resultado final no fue idéntico al del Alfa Romeo porque el Fiat era algo más pequeño (sobre todo en longitud del capó), pero a simple vista resultaban idénticos.

Unidad 000053

Uno de aquellos 14 coches es este, que salió de la fábrica de Turín a finales de julio de 1953 y se trata del penúltimo de los chasis que fueron enviados a Ghia. Ya en el carrocero, el chasis 000053 fue pintado en Azul Medio Metallizato con un interior en cuero terracota y se entregó a un residente en San Marino llamado Alessandro Sarti, que presumió de coche en algún ‘concurso de elegancia’ y lo mantuvo toda la década.

En 1960 se lo vendió a Piero Fagioli, de Rimini (Italia), que en realidad solo lo quería para piezas porque ya tenía un V8 para competir. Por suerte nunca necesitó ninguna pieza principal y el coche se quedó almacenado hasta que diez años más tarde lo compró el gerente de un concesionario en Milán, llamado Edoardo Tenconi. Pero sucedió que Tenconi ya tenía dos ejemplares del V8, así que metió este Supersonic en un garaje subterráneo y casi se olvidó de él durante más de 30 años.

La insólita historia del Fiat de 135 CV que vale más de €2 millones
Motor e interiores del V8.

Búsqueda incesante

Ya en 2001 cambió la suerte para este coche; un coleccionista belga se puso en plan detective y no paró hasta descubrir su paradero. Lo encontró en un estado muy original, lo compró sin regatear un céntimo y comenzó a barajar a quién podía encargarle su restauración, porque sabía que el coche era una joya de valor desproporcionado y solo le valía lo mejor. Tardó nada menos que diez años en decidirse: la carrocería y el interior la confió a Quality Cars de Vigonza, en Italia, que reprodujo el color exacto y el interior porque había encontrado restos intactos de pintura y tapicería.

Por su parte, recurrió a Checchi’s Motor Holding para recomponer de manera absoluta el motor, la caja de cambios, el chasis y el tren de rodaje. Aunque no todo fue revertido a su condición original, porque se permitió la licencia de aceptar que le pusieran bielas y pistones mejorados, además de un cigüeñal perfeccionado que reduce más si cabe la vibración del V8. La sorpresa es que con estos cambios el coche entregaba en banco 135 CV, 30 más que cuando el motor montado en el chasis abandonó la fábrica de Fiat en Turín.

Sin usar

Los trabajos de restauración duraron tres años y desde que el coche fue finalizado y entregado a su dueño se ha guardado en una especie de cápsula del tiempo. De hecho, no solo es que no ha sido conducido, sino que su propietario ni siquiera ha querido que se viera o que otros coleccionistas tuvieran constancia de su existencia.

Pero todo tiene un final, y ha llegado el momento en que el dueño se ha preguntado si no será mejor tener una ‘indecente’ cantidad de dinero extra en lugar de un coche que no disfruta cubierto por un plástico. Así que el pasado 8 de diciembre se ha subastado en Nueva York por parte de RM Sotheby’s. Y, más o menos como se esperaba, han pagado 2,25 millones de euros por él. Es decir, la misma cotización que ha alcanzado el veneradísimo Ferrari F40. ¡Casi nada!

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