HISTORIA HUMANA/ Don Lucio: “Soy una persona positiva, mi condición no me limita trabajar”

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Don Lucio vive en una de las colonias ubicada donde inicia el puente a desnivel en la colonia El Prado. Él ahora se dedica a la reparación de zapatos.

TEGUCIGALPA-HONDURAS. Sin duda a veces la vida es dura con algunas personas, y el dicho de que cuando una tragedia se presenta no viene sola es algo que en la realidad se cumple. Este es el caso de don Lucio Hernández, quien a pesar de haber quedado en silla de ruedas producto de un infortunado accidente, a diario sale a ganarse la vida como zapatero en la ciudad capital.

Don Lucio es originario de la comunidad de Reitoca, Francisco Morazán. Hace dos años un hombre irresponsable lo atropelló en las cercanías del Estadio Nacional. Debido al fuerte golpe perdió sus dos piernas quedando prácticamente imposibilitado para trabajar.

Don Lucio

Sin embargo, esa situación no le impide ganarse el pan de cada día honradamente. Todos los días se pone con un letrero que dice “se repara calzado”. Su puesto de trabajo se ubica justamente en el paso de la rotonda del bulevar Juan Pablo. En ese sector, don Lucio espera que más clientes lleguen y soliciten sus servicios.

Ahí don Lucio se mantiene desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Para protegerse del fuerte sol que hace, él utiliza una sombría o paraguas.

Don Lucio vive en una de las colonias ubicada donde inicia el puente a desnivel en la colonia El Prado. Él, ahora se dedica a la reparación de zapatos.

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Accidente

Antes se dedicaba al oficio de la albañilería, era maestro de construcción. No obstante, debido al accidente que sufrió en mayo del 2016 ahora se dedica a la zapatería.

El accidente que sufrió fue cerca del Estadio Nacional, cuando un hombre que iba en su carro bajo los efectos del alcohol condujo en contra vía y lo remachó contra un muro. El irresponsable hombre no se hizo cargo de los gastos, sino su esposa fue quien ayudó un poco con la compra de medicinas.

Sobre el accidente, don Lucio contó que al momento de sucederle, él se dirigía a continuar con un trabajo de construcción que le hacía al doctor Guillermo Ramos, ortopeda del HEU en el Prado.

“El doctor me ayudó bastante. Él lucho para recuperarme la pierna derecha. Estuve en coma. Los doctores producto del fuerte impacto no daban posibilidad de vida. Me abrieron el pecho para sacarme la sangre. Eso debido a que caí bocarriba por el fuerte golpe que recibí en la espalda”, estableció.

Prosiguió: “Yo no sentí el golpe, cuando acordé desperté adentro del hospital. Me colocaron 38 pintas de sangre”.

Don lucio dijo que después del accidente su vida le cambió radicalmente, pero que su problema no lo limita para trabajar.

“Aprendí la zapatería y debido a esto mis niñas reciben ayuda de lo que hago”, enfatizó.

Don Lucio asegura que su situación es bien complicada

En ese sentido, indicó que en el oficio de la zapatería hay días buenos y malos. Pero que siempre le pide a Dios que le ayude a salir adelante. Expresó que cuando va al mercado a comprar material de zapatería alquila una cuatrimoto para poder desplazarse.

A efecto de eso, don Lucio manifestó que su situación es bien complicada. Por lo que, su idea a futuro es poder conseguir dinero para mandar hacer unas prótesis para poder trabajar.

“Yo soy una persona positiva, esto no me limita para quedarme en la casa. Yo salgo a trabajar todos los días. Los sábados me dan chance de estar en la carpa del Bazar del Sábado, y allí trabajo”, mencionó.

En relación a las prótesis, comentó que en la casa del inválido le hacen la “cuencas” de dichos aparatos para que pueda utilizarlas. Sin embargo, cada una tiene un precio elevado de 30 mil lempiras.

Don Lucio

Mencionó que él consiguió unas prótesis y que anteriormente visitó a una persona para que le hiciera el trabajo barato. Pero esa persona lo estafó, porque le dejó mal las cuencas para utilizarlas.

“Al ponerme las prótesis yo trabajaría por mis hijas, me duele tenerlas largo de mi, quiero que ellas se preparen y sea mujeres de bien”, refirió don Lucio.

Pero la desgracia de don Lucio no termina ahí. Un año después de haberle ocurrido el accidente, mataron a su hijo mayor por asaltarlo. El joven solamente tenía 22 años y por despojarlo lo degollaron en un sector de la capital. Él era quién le ayudaba a trabajar.