El auto anfibio, un proyecto que «naufragó» por agua y tierra

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auto anfibio

REDACCIÓN. El auto anfibio no sólo fue una fantasía que hizo realidad, al menos para la pantalla grande, la saga del agente James Bond en “La espía que me amó”, una película de 1977.

Fue también una ambiciosa iniciativa de un diseñador alemán que consiguió su propósito: poner a navegar un auto convencional. Por supuesto, el éxito de aquel proyecto se fue hundiendo a medida que empezaban a desnudarse las falencias del famoso Amphicar, como se lo denominó.

El Amphicar es una de las grandes extravagancias que guarda la historia del automóvil. Partió de la iniciativa del alemán, Hans Trippel, que buscaba construir un vehículo de doble propósito como los que usaba el ejército, pero para el uso cotidiano.

Por aquella época, década del 50, el ejército alemán disponía de un modelo anfibio desarrollado por Volkswagen que se llamaba Schwimmwagens. Como alternativa civil, entonces, Trippel diseñó su modelo, que no sólo fue un prototipo, sino que hizo su debut estelar en los Estados Unidos y llegó a fabricarse en serie.

Un Amphicar totalmente restaurado, con su trompa al estilo bote. (foto Mecum Auctions)

El revolucionario modelo, de aspecto rústico y espartano, medía 4,34 metros de largo y 1,55 metro de ancho. El motor, un Triumph Herald 1200 de cuatro cilindros, catalogado como súper confiable para la época, estaba ubicado en la parte trasera, y ofrecía una potencia de 43 caballos de fuerza. En ruta llegaba a los 110 km/h y en el agua alcanzaba los 7 nudos (70 mph). La transmisión era manual de cuatro marchas.

Motor

Como el motor estaba atrás, en el frente no tenía parrilla: su trompa había sido diseñada para “romper” el agua al sumergirse. Sí mantenía un pequeño paragolpes para poder cumplir con las normas de circulación en ruta. Atrás, en la parte baja podían verse las dos hélices que lo hacían desplazar por el agua. En general, era un fiel producto del estilo alemán.

Con limitadísima performance en tierra, la diversión llegaba al entrar al agua. Allí el conductor, transformado en capitán, sólo debía poner la caja en punto muerto y accionar una segunda transmisión de dos marchas fabricada por Hermes (proveedora de Porsche) y entonces empezaba a navegar. El sistema permitía que las ruedas y las dos hélices funcionaran a la vez, característica que facilitaba la entrada y salida del agua. Las ruedas delanteras, por su parte, cumplían la función de timones.

El interior del convertible alemán, espartano y «a prueba de agua».

Dos unidades cruzaron en septiembre de 1965 el Canal de La Mancha, una aventura para nada menor por las olas y los vientos que suelen castigar a la zona. El problema, sin embargo, aparecía al volver a tierra firme: con el Amphicar ya seco debían engrasarse 13 puntos del auto. El modelo doble propósito no era totalmente infalible.

El Amphicar sólo se vendió en los Estados Unidos y en Gran Bretaña. Muchos de ellos fueron utilizados en el departamento de Policía de Berlín y en la actualidad algunos permanecen en los lagos de los parques de Disney.

Hoy es un modelo de culto, y los coleccionistas lo siguen usando.

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