Tuvo sexo con su marido 365 días del año y así cambió su vida

1019

La bloguera y escritora Brittany Gibbons se sentía acomplejada después de dar a luz a su tercer hijo, ocultaba su cuerpo y evitaba ser vista desnuda por su marido. Pero un día decidió cambiarlo todo, y esto fue lo que sucedió.

Brittany se sentía incómoda e insegura con la figura que le había dejado su tercer embarazo, y “no se permitía estar desnuda” por vergüenza. Hacía todo lo posible porque su marido, Andy, no le viera sin ropa: “Mantenía las luces apagadas mientras practicábamos sexo, ocultaba mi tripa y mis pechos bajo una camisola, y esperaba a que mi marido saliese de la habitación para ir de la ducha al armario para vestirme”, comenta

“Con el paso de los años, la ausencia de mi cuerpo desnudo empezó a preocuparme. ¿Sabrá mi marido qué aspecto tengo?”. Con esta franqueza habla en su artículo Brittany. Entonces vino a ella la idea de tener sexo con su marido cada día del año, los 365 días sin excepción, después de hablar con una amiga suya, que ya lo hacía con su pareja: “Como una rutina diaria, ella y su marido tenían sexo a diario desde que se casaron, y son una de las parejas más cariñosas, divertidas y fuertes que jamás haya conocido”.

Así que se lo propuso a su marido Andy, que aceptó el reto sin protestar, y comenzaron esta aventura sexual de reencuentro que acabó siendo una gran terapia de pareja, pero especialmente para Brittany. Al principio la misma idea de tener cada noche que hacer el amor era agotadora para esta madre de tres hijos, y a veces lo hacía por mantenerse fiel a su promesa.

Pero con el pasar de los meses, “el sexo llamaba a tener más sexo, y esa conexión, el deseo comenzó a salir del dormitorio – en nuestro caso, hacíamos el amor en el cuarto de lavar, el vestidor o el garaje – y entró en nuestro día a día. Éramos más románticos, nos acariciábamos el brazo al pasar, nos besábamos despacio después del trabajo, y no el típico pico frío. Nuestra relación era más fuerte y mejor a medida que crecía nuestra intimidad”.

“Sí, -lo hacíamos- incluso cuando tenía el período. No tenía ni idea de qué estaban haciendo mis hijos mientras hacíamos el amor. Imagino que no mirarnos… Y la conclusión es que no, no lo hice por salvar mi matrimonio. Lo hice por mí, y el efecto que tuvo en mi matrimonio fue colateral.”

En el plano personal, el amor por sí misma fue creciendo en la misma medida y transformándose, de tal manera que ya no le preocupaba el tamaño de sus pechos o si estaban caídos. Ya no le importaba el sonido que hacía “su voluptuoso cuerpo”.

Brittany ha aprendido a amarse a sí misma, y no, ya no tiene sexo a diario con su esposo, pero ha encontrado el equilibrio perfecto en su relación entre el estrés diario, los niños, y el tiempo para ella misma y su pareja. Lo importante es mantener la llama encendida, y evitar que quede ahogada en la vorágine del día a día. “Estoy más centrada cuando la preocupación por mi vida sexual está fuera de la ecuación”.

“Tener sexo de forma regular con mi marido no hace que mi matrimonio sea a prueba de divorcios o inmune a las infidelidades, pero me ayuda a tener la confianza en mí misma necesaria como para sobrevivir en caso de que ocurra”, asegura.

“Nunca se trató de tener a alguien deseándome, era una cuestión de quererme a mí misma. Y solo me llevó un año entero darme cuenta de ello”, concluye. Sin duda, una buena experiencia y una gran conclusión.