Centros de masajes en San Pedro Sula: relatos de un ex cliente 3/4

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Los periodistas hicieron famosos los centros de masajes y también provocaron su final.

San Pedro Sula, Honduras. Además de mi adicción a visitar los centros de masajes en San Pedro Sula, me volví alcohólico y periodista, no recuerdo exactamente en qué orden. Fue en el año 2011 en una etapa especialmente salvaje de mi primera juventud. Tenía ya 23 años y empecé a trabajar para un diario al que llamaré “Luciérnaga Democrática”.

Lo divertido del asunto fue que dos años antes, en las marchas de La Resistencia después del Golpe de Estado de 2009, fui parte de una turba que tenía deseos de quemar dicho periódico. Sin embargo, dos años después allí estaba trabajando para ellos, pero de este tema les hablaré en otra serie de entregas.

Los periodistas les dieron auge y fin a los centros de masajes

San Pedro Sula entonces se convirtió en la ciudad de los centros de masajes. Pasaron de ubicarse en los hoteles y se fueron expandiendo a casas particulares, algunas bastante lujosas en distintas zonas de la ciudad. Todos hablaban del tema y los diarios comenzaron a publicar anuncios con chicas que no necesariamente respondían a la realidad. Llenaban páginas de clasificados todos los días.

Sin embargo, el momento clave fue cuando en “Luciérnaga Democrática” decidieron “investigar el tema”. El jefe de redacción tuvo relaciones sexuales con una masajista y grabó todo el proceso.

Al día siguiente publicaron una nota en contra de los centros de masajes mientras en los clasificados los seguían promocionando. Además, por supuesto, de que el jefe de redacción no tuvo reparos en cogerse a la chica.

Hago énfasis en esto porque es lo que siguieron haciendo durante años con el tema. Cada vez que no había noticias “de investigación”, volvían a sacar testimonios de prepagos. Todo el mundo sabe que la prostitución siempre ha sido parte de las ciudades, pero en “Luciérnaga Democrática” definitivamente se convirtieron en los padrotes, en los chulos de las masajistas. A su manera las prostituyeron más que cualquier otro cliente. Es bien sabido que los chulos reciben dinero de sus prostitutas, pues ellos recibían dinero por sus anuncios y en cambio, las trataban mal, como cuando el chulo las golpea impunemente. Todo ello por el precio de la morbosidad, la razón por la cual quizá usted me esté leyendo. La diferencia entre ellos y yo, es que yo despojo el tema del manto de la moralidad y/o hipocresía.

Por lo tanto, con estos reportajes les dieron auge, pero de esta manera fue como las autoridades, quienes ya sabían de su existencia, empezaron a colocarlos en la mira.

El cazador de erotismo

Nicol, Michell, Esther, Estefany, Andrea, Alejandra, Rachel, Paola, Cristel, Válery, Vicky, Pamela, Jenny, Roxy, Esmeralda, Patty, Jéssica, Cinthia, Sindy y Alma.

Como les decía, el erotismo es difícil de encontrar en la vida real, yo lo encontré con Estefany pero no volvería a encontrarlo en mucho tiempo. Estefany desapareció, se la tragó la tierra y destino similar ocurrió con Nicol. Poco a poco le pasó lo mismo a todas las chicas que enumero aquí arriba.

Las mejores chicas no duraban mucho, eran asediadas por un montón de hombres. Esto yo lo aprendí a la mala. En un centro de masajes del barrio Paz Barahona conocí a Andrea y me dejó fascinado. La siguiente vez que la busqué noté que sangraba mientras teníamos relaciones y esto fue porque había estado atendiendo clientes todo el día, era día de pago de quincena.

Después de eso no volví a buscar prostitutas durante un buen tiempo. Me dediqué a beber y a escribir para Luciérnaga Democrática.

El teléfono de la esperanza

La siguiente mala experiencia (hubo varias) me ocurrió en un día de resaca. Habíamos estado bebiendo con un amigo y acabamos en Lipa Bar. Salimos de allí a las nueve de la mañana. El amigo dijo conocer un centro de masajes en la colonia Modelo y fuimos hasta allí.

Cuando llegamos al lugar nos dimos cuenta que estaba ubicado justo enfrente de las oficinas de la ONG “El teléfono de la esperanza”. Me acordé de mis depresiones y deseo suicidas, los mismos se habían esfumado, las putas me habían salvado la vida.

Me dije entonces que era muy probable, que tanto la línea de atención a suicidas y los centros de masajes trabajaran para el mismo equipo. En el centro frente al teléfono de la esperanza a esa hora solo había una chica. No era muy agraciada, nos fuimos borrachos y activados a otro centro ubicado en la colonia Prado Alto. Allí fue donde conocí a Rachel. Allí fue donde se me rompió el preservativo.