Ultimátum indignado

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En el interregno de sustanciación para el “diálogo” nacional ahora a la espera del regreso del “facilitador” de la OEA a Honduras, supuestamente con alguna propuesta para viabilizar algún modo eficaz de interlocución, la Oposición Indignada empieza a dar señales de incomodidad por la indefinición del proceso.

Esa incomodidad tiene, a simple vista, visos de impaciencia ante la posibilidad de que las exigencias principales para sentarse en la mesa de un diálogo facilitado la instalación en Honduras de una Comisión Internacional Contra la Corrupción (CICIH), la anulación de la patraña de reelección presidencial y la reforma electoral profunda e inclusiva queden envueltas en una metodología bizantina, y, de esa manera, “darle pialera al toro bravo hasta cansarlo”, como recomiendan los vaqueros.

Así se entiende la advertencia de algún portavoz casual de la Oposición Indignada de fijar un plazo de tres semanas para que se decida a la solicitud, por parte del Ejecutivo, de la CICIH a la ONU, que se imponga la prohibición constitucional a la reelección presidencial y se resuelva el conflicto electoral de cara a las futuras elecciones primarias y generales.

De no satisfacerse esas demandas, la Oposición Indignada promete arreciar las medidas de presión (hasta ahora focalizadas en las “marchas de las antorchas” y las concluidas huelgas de hambre), preferiblemente de “forma pacífica”. Bajo estas circunstancias, cualquier retraso –impremeditado o intencional sería, en el fondo, un acto violento en menoscabo del propósito de la democracia y la paz.

Podemos entender, asimismo, que ese ultimátum, aunque moderado de pacifismo, es algo así como lo que los jugadores de póker llaman “pagar por ver” el juego del adversario. En este caso el juego del gobierno, que, hasta el momento, no se ha desplazado ni un milímetro de su posición original, obedeciendo a su naturaleza autoritaria, pero también al miedo de la justicia internacionalizada.

Se supone que el “facilitador” de la OEA, el embajador Biehl del Río, con su vasta experiencia diplomática y en conciliación política tiene ya, a estas alturas, la llave para dar acceso a la preparación del “diálogo” nacional, contando, sin duda, con la indispensable buena voluntad y buena fe del presidente Juan Orlando Hernández para instalar la CICIH en Honduras, abatir el “frankenstein” de su reelección, y cimentar el futuro republicano-democrático con el perfeccionamiento del subsistema electoral

Por su parte, la Oposición Indignada, que parece debatirse en puerilidades de liderazgo en un movimiento de “multitud” que no admite centralizaciones de conducción por la multiplicidad de sus componentes políticos, sociales e ideológicos, y porque precisamente en ello reside su fuerza, debería estar en perspectiva de largo plazo, de tendencia a la transformación política y social profunda, que es, en realidad, su razón de ser.