En un partido que desde hace una semana se juega con abogados en vez de con futbolistas, Boca no quiere salir a la cancha y River no quiere hacerlo en Europa.

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El Santiago Bernabéu albergaría la final de la Copa Libertadores.

Sin embargo, los dos equipos viajarán a Madrid entre el martes y miércoles próximos para definir la Copa Libertadores el domingo 9 de diciembre en el Bernabéu.

“La Conmebol cree que la única manera de seguir adelante es jugar en España”, explicó este sábado el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que estaba por segundo fin de semana seguido en Buenos Aires.

Si River y Boca suelen jugar a la vista de multitudes, a estas horas el enfrentamiento es subterráneo. Los dirigentes más optimistas hablan de una ruptura en los vínculos entre los dos clubes durante, al menos, 10 años y a los más crispados les gustaría romper para siempre.

En contraste al silencio público que los presidentes, resto de dirigentes, futbolistas y entrenadores de los dos equipos más populares y ganadores de Argentina llevan en las últimas 72 horas, el superclásico ha pasado a jugarse en los comunicados de prensa sobre las reclamaciones legales.

River expresa su “total rechazo” 

mientras el hasthag #LaFinalEsEnElMonumental se convertía en la mayor tendencia de Twitter en Argentina, y un grupo de hinchas se juntaba en el Monumental para oponerse a la cambio de sede.

“El club entiende que la decisión desnaturaliza la competencia, perjudica a quienes adquirieron su tique y afecta la igualdad de condiciones a partir de la pérdida de la condición de local”, dijo la institución. A su vez, Boca insistió dos veces entre jueves y viernes en “agotar todas las vías y recursos tendentes a lograr que se haga justicia”.

Lo que pide el equipo Xeneize

El club xeneize pretende que la Conmebol le dé como ganador al eliminar a River por los incidentes violentos que obligaron a la suspensión del encuentro del 24 de noviembre.

Que el presidente de la federación argentina (AFA), Claudio Tapia, no haya levantado la voz tras la inédita decisión de la Conmebol de trasladar el partido a España resultaría curioso si no fuera porque también es vicepresidente de la Conmebol.

Además Boca tampoco se opuso públicamente a jugar en el exterior porque su único frente es pelear a fondo para que se repita el fallo de un incidente que el club interpreta similar; el de los octavos de final de la Libertadores de 2015, cuando un ataque con gas pimienta de sus hinchas a jugadores de River terminó con la descalificación de la entidad.