SAN PEDRO SULA, HONDURAS. No existe una receta válida para afrontar este mal rato que a veces les hace pasar la vida, donde la familia tiene un papel primordial porque se trata de una danza que hay que bailar en compañía.

Antes los pacientes de cáncer vivían su enfermedad en silencio, pero hoy cada vez más deciden compartir su caso, hablar de cáncer hoy es hablar de transformación. Si bien todavía queda un largo camino para entender el mal en todas sus dimensiones, gracias a los avances médicos ya no es necesariamente un sinónimo de muerte.

Cuando un famoso habla de cáncer permite que la gente de a pie no se sienta tan extraña y se cuestione: ‘Si le dio al presidente o a Sofía Vergara, a mí también me puede pasar, eso abre unos espacios para que cualquier paciente se sienta con el derecho a expresarse, despierta solidaridad y sobre todo desmitifica el mal.

En esta ocasión, les contaremos la historia de Osman Alexander Ramírez, de 22 años de edad, originario y residente en San Pedro Sula, exactamente en el sector Rivera Hernández.

Su papá el don Francisco Ramírez, de 63 años de edad, quien actualmente radica en los Estados Unidos y su mamá, una ama de casa, es doña Elsa Medina, de 58 años de edad.

Osman tuvo una infancia tranquila, al lado de su mamá y sus hermanos Óscar e Isacc, ya que su progenitor emigró hacia el país del norte cuando él apenas tenía 10 años de edad.

DATO

El cáncer de Osman Alexander Ramírez está en fase uno, lo que facilita su tratamiento y su recuperación.

Su secundaria la realizó en el Instituto Generación Victoria y posteriormente sacó un Bachillerato en Ciencias y Letras en el Instituto Feliz Zelaya, siempre en el sector de su residencia.

De la tranquilidad a la lucha, así fue esa transición de adolescencia del pequeño Osman, quien definió la salida de su padre como algo que lo marcó, «no estuve con él, fue un momento difícil, crecí con mi mamá, quien ha sido una guerrera», remarcó el sampedrano.

Tras varios años de estudio, a Osman le tocaba aventurarse por la vida universitaria, fue así como en el año 2015 ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (UNAH-VS), para cursar la carrera de Periodismo, pero algo cruel e injusto ocurriría dos años después.

«Mi tiempo en la universidad fue increíble y conocer nuevas personas, el ambiente era Sbonito y la manera de obtener conocimientos. Siempre he sentido una pasión por las comunicaciones, sobretodo el periodismo de investigación», mencionó Ramírez.

El cáncer ha venido a ser esa montaña rusa, llena de giros inesperados que lo llevan, sin previo aviso y de una sacudida, a una realidad desconocida hasta el momento.

Osman Raímírez recordando su paso por el colegio, años de gloria.

EL CÁNCER TOCÓ SU PUERTA

Todo pasó a principios de diciembre del 2017, lo síntomas fiebre constante, agotamiento, cansancio y debilidad, era nada más y nada menos que el cáncer de ganglios linfáticos llegando a su cuerpo y con la posibilidad de desarrollarse.

«La noticia la recibí en la Liga Contra el Cáncer, estaba solo en el consultorio y aunque me acompañó mi mamá, decidí que no entrara, en ese momento tenía miedo de escuchar algo que afectara a mi mamá, no quería escuchar la palabra cáncer terminal, porque siempre le tuve miedo, así como a las palabras quimioterapia y radioterapia», relata Osman.

Osman y su madre, un importante apoyo en este episodio de vida.

«Cuando el médico me lo dijo reaccioné tranquilo y después a mi madre  le dije que estaba bien, que nos nos preocupáramos, que era algo que se trataba y le di mucho ánimo», agrega.

Osman sabía de la tormenta que se venía y asegura que en todo este proceso nunca se ha quebrado delante de su mamá, pero sí en ocasiones, cuando la oscuridad y la nostalgia lo acompañan, «trato de distraerme, de no pensar en cosas negativas, prefiero mirar películas o leer un libro», agregó el muchacho.

Actualmente Osman asiste al Hospital Mario Catarino Rivas en San Pedro Sula, ya se ha realizado ocho quimioterapias, de cuatro fármacos y posterior a ello la radioterapia.