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viernes, mayo 24, 2024

Mesa redonda

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A quienes consideren –o tengan esperanza— de que la Oposición Indignada se disipará por cansancio y pérdida de participación ciudadana, puede asegurárseles que están equivocados, y que, al contrario, ésta se reforzará y ampliará con la persistencia en desconocer la generalidad de la protesta y la alienación en imponer, a como haya lugar, el continuismo del régimen.

Aun cuando las “marchas de las antorchas”, como expresión multitudinaria y simbólica de la Indignación, dejaran de llenar las calles y las plazas públicas (algo que, por cierto, no está sucediendo), la Oposición Indignada continuaría su fortalecimiento y expansión porque ya está definitivamente instalada en la mente y la conciencia colectiva, constituida en sujeto político-social.

Nos ocupamos del análisis de este fenómeno, pues se trata del cambio de ciclo político más importante –trascendental—en la Historia de nuestro país en cien años. Es así por cuanto corresponde a la nueva Era, consecuencia en gran medida, de los antagonismos generados por la globalización, así como por la revolución informativa y comunicacional que  posibilitan formas diferentes movilidad social.

La Indignación en Honduras, aunque asumida como rechazo a la corrupción pública y privada y a la impunidad, tiene muchas causas –algunas de ellas más profundas—, lo cual significa la universalización del máximo descontento, de la ira nacional, que no se expresa en palabras sino en actitud de rebeldía y en anhelo de transformación política, económica, social y cultural, todo esto concernido en un desarrollo libertario y democrático.

Eso quiere decir que no hay espacio, voluntad ni paciencia en el cuerpo social hondureño para aceptar –ni siquiera tolerar—la continuidad del régimen a través de los procedimientos y prácticas viciadas de la élite política y económica que controla el poder en el Estado y la Sociedad. La existencia y la naturaleza de la Oposición Indignada es eso, y sería catastrófico para el futuro de Honduras ignorar o tratar de detener esa tendencia avasalladora.

Tendencia avasalladora, que se comprueba en la velocidad y multiplicación de su propagación geográfica, cuando ha colmado la población de todo el territorio nacional, pero también cuando se nutre –para situarnos en el entorno regional—de la experiencia guatemalteca y su intensidad de contagio. Para el caso, la elección de la nueva Corte Suprema de Justicia en Honduras, y el apego a las maniobras perversas, habituales, del régimen, podría conducir a extremos de indignación hasta ahora inéditos en nuestro medio.

En la situación de crisis institucional y crisis de representatividad, en la que el “diálogo” convencional, convocado por el ciudadano presidente Juan Orlando Hernández, no tiene racionalidad ni cabida, el Movimiento de Indignación se encuentra, a estas alturas, en el momento de entrar –necesariamente—a la formulación de su proyecto político, base de su materialización estructural.

Por la naturaleza –y las condiciones—del movimiento, esencialmente multitudinario y multipolar, ese proyecto político habría de ser pensado, definido y elaborado en una Mesa Redonda –mesa igualitaria, sin preferencias de ideología política, sin dominancias partidarias, sin pretensiones de liderazgo personal—con la participación de todos los sectores de la Oposición Indignada, vale decir la sociedad civil, los partidos, los grupos de presión y de interés, la intelectualidad,  para establecer el rumbo y la agenda de la refundación y la democracia en Honduras.

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