Matrimonios con hijas son más propensos a divorciarse, según estudio

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Padres divorciados
Según estudio, la pandemia por coronavirus, además de las consecuencias humanitarias y económicas, podría llevar a una alta tasa de divorcios.

REDACCIÓN. Varios estudios realizados en Estados Unidos desde la década de 1980 proporcionan una fuerte evidencia de que si el primogénito de una pareja es una niña aumenta la probabilidad de que posteriormente se separen.

En ese momento, los investigadores involucrados especularon que se trataba de una expresión de “preferencia por el hijo”, un fenómeno que, en su forma más extrema, se manifiesta como el aborto selectivo o infanticidio de la descendencia femenina.

Sin embargo, un trabajo publicado en el Economic Journal desacredita esa idea en particular. En Daughters and Divorce (Hijas y Divorcio), Jan Kabatek de la Universidad de Melbourne y David Ribar de la Universidad Estatal de Georgia, en Atlanta, confirman que tener una primogénita, aumenta el riesgo de que sus padres se divorcien.

Nos obstante, a diferencia de estudios anteriores, este, también analizó el efecto de la edad de la niña, pero, tomado a lo largo de los años, el «efecto hija2, aunque real, es pequeño.

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¿Influye la edad?

Según los datos develados por el estudio, el riesgo de “divorcio de la hija” surge solo en la adolescencia de una niña primogénita. Antes de cumplir los 12 años, las hijas no están más vinculadas a las parejas que se separan, que los hijos.

Por ejemplo, para cuando su primogénito tenga 18 años, el 20.12% de las parejas se habrán divorciado si ese hijo es un hijo; en comparación con el 20.48% si es una hija, un aumento de probabilidad del 1.8%.

Pero en los cinco años en que el primogénito tiene entre 13 y 18 años, ese aumento llega al 5%. Y alcanza su punto máximo, al 9%, cuando el niño tiene 15 años. En Estados Unidos, para los cuales los datos recopilados por los investigadores fueron más escasos que los de los Países Bajos, las cifras son aproximadamente el doble.

Factores determinantes

Cualquiera que haya sido un adolescente sabe lo turbulentos que pueden ser esos años. Las encuestas confirman que las hijas adolescentes y los padres, en particular, se ponen nerviosos unos a otros. 

También muestran que los padres de hijas adolescentes discuten más sobre la crianza de los hijos que los padres de hijos varones, y que las madres de hijas adolescentes reportan significativamente más desacuerdos con sus parejas sobre el dinero y se vuelven más abiertas a la idea del divorcio.

Investigaciones anteriores también han demostrado que una de las cosas más comunes por las que los padres se pelean es sobre cuánto deben controlar las elecciones personales de sus adolescentes, como cómo se visten, con quién salen y dónde trabajan.


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