LA ENTREVISTA | Erika Williams: la musa del periodismo que es «adicta al trabajo»

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Williams
Modelo, presentadora, comentarista, periodista radial y más. Erika Williams es una mujer multifacética de Honduras y que demuestra el empoderamiento de las damas.

HONDURAS. Pactó una entrevista exclusiva con TIEMPO Digital a las dos de la tarde, hora en la que saldría de trabajar; no obstante, ese día, terminó antes sus quehaceres laborales.

Quizá esa salida antes de lo previsto podría haber frustrado los planes de platicar con ella y conocer más de su vida. Sin embargo, Erika Williams, por voluntad propia, acudió a las oficinas del diario en búsqueda del equipo que se encargaría de la entrevista.

Podrá parecer un acto insignificante, pero muestra el valor de su palabra y su responsabilidad. Además, demostró que es una persona dispuesta.

Aunque no sería difícil, nuestro objetivo no es elogiar a la entrevistada. Queremos que usted la conozca más, y se forje su propio criterio. De antemano, sólo diremos que la señorita, de ascendencia foránea, es mucho más que otro rostro agraciado de la televisión.

Y, vale aclarar, no sólo de la TV. Sí, es un elemento estelar de Todo Deportes Televisión, pero ya incursionó también en radio, la redacción y hasta como comentarista de Liga Nacional. Además, es modelo.

¿Qué significa el periodismo para ella? ¿Fama? ¿Está soltera? ¿Qué ama de la vida? La chica que alguna vez soñó con ser paleontóloga, que detesta el reguetón y habla mucho, se sentó, con una gran sonrisa en su semblante, a platicar con TIEMPO.

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«Cualquier niño quiere estar con su papá…» 

Nació en San Pedro Sula hace 23 años. Cuando ella estaba muy pequeñita, sus padres se separaron.

Producto de esa ruptura, vivió con su mamá, Dinora Díaz; considera que la mujer en la que se convirtió, es gracias a su progenitora. Le dolió no pasar sus primeros años con su padre biológico, pero encontró una figura que suplió ese vacío.

Tiempo después, su madre se casó con Neptalí Sagastume, un maestro originario de Santa Bárbara. Profesor por elección, gran padre por vocación.

«Hubo un hombre que se atrevió a estar con mi mamá, a pesar de que ella ya tenía hijas. Es un gran ejemplo en mi vida», opinó Williams sobre su padrastro.

Erika recuerda con gozo sus años más despreocupados, más inocentes.

«Mi infancia fue linda, no me faltó nada, pese a que cualquier niño quiere estar con su papá original, por así decirlo», inició confesando.

Y añadió: «Me gustó lo que viví y cómo lo viví. Uno de pequeño disfruta andar descalzo, rasparse, cosas así. Tuve la típica niñez que te gusta».

¿Sufrió bullying?

¡Qué va! Aunque asegura que en su tiempo no era algo común, si algo se presentaba, ella era… ¡quien ponía orden!

«En mi entonces los niños se defendían. Era una niñez bonita donde te dabas tu lugar. Yo, como niña era bien machona (ríe); ayudaba a otros, porque también soy bien regañona», contó.

De niña se empolvaba…pero quería crecer, y desempolvar ¡dinosaurios!

Luego de relatar un poco de aquellos tiempos, hicimos que remembrara un poquito más. «A uno de chiquito siempre le preguntan que qué quiere ser de grande. ¿Usted que respondía?», le consultamos.

De inmediato, nos lanzó una pregunta: «¿Vieron la primera película de Jurassic Park (Parque Jurásico)?» Y prosiguió: «Cuando vi esa película afirmé que quería ser paleontóloga, me gustaba ver cómo descubrían un dinosaurio nuevo, pese a que yo decía que sólo estaban escarbando en la arena».

De igual manera, tenía el gusto por instruir; quería ser maestra, y pasó así. Por ahí, también encontró su inicio en los medios de comunicación.

Tres años en Santa Bárbara: un cambio de vida – inicio en la TV

«Me fui a Santa Bárbara. Mi padrastro es maestro, entonces mi mamá quería que nosotras (las hijas) fueran maestras. Viví tres años allá, me hice maestra en educación primaria e inicié en los medios de comunicación», inició relatando Williams sobre esa otra etapa.

Cabe aclarar que, en base con la narración de la joven, cuando llegó al noroccidente del país, le costó acoplarse. Pero, cuando ya era su último año de colegio y le tocaba marcharse, ya se había encariñado. Quería dejar un rastro y participó en toda actividad que se le presentara.

«El último año en la Normal Mixta de Santa Bárbara fue muy emotivo, porque me costó adaptarme pero, cuando me tenía que ir, no quería hacerlo. Me metí a todo: concursos de oratoria, política y estuve en un concurso de belleza..¡lo gané!», detalló.