Honduras: Sistema estatal o modelo de país

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Félix Cesario

 

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El Estado cualquiera que sea- si es republicano, tal como lo define Juan Jacobo Roseau, en su afamado e instructivo Contrato  Social, y desde antes, las naciones o estados republicanos lo tenían bien claro que en una república debería estar o funcionar como un sistema jurídico primero y político después. Así lo han demostrado los sistemas democráticos de las naciones que, practicándolo y respetando la independencia de poderes, son y seguirán siendo ejemplo de una casi perfecta democracia, porque, democracia perfecta no ha existido en ninguna nación del mundo.

Y es así, debería ser así, en países empobrecidos como el nuestro, en donde el manoseo  de los poderes que conforman el sistema democrático es manoseado y ensuciado por la politiquería barata de timbucos y calandracas del patio. Esto no entienden que el Estado como tal es un sistema: poderes estatales, gobernados y territorio; los tres componentes del estado conformadores del sistema democrático, no permiten manoseos ni injerencias de un poder sobre el otros porque, entonces deja de ser sistema y lo convierten en modelo republicano. Esto último es lo que esta –como lo fue en Roma, la cuna del derecho con la asesoría  griega, que no pudiendo practicar la democracia, ni defenderla optaron por despreciarla y prostituirla por una  aristocracia proxeneta del sistema democrático. El resto de naciones del mundo en donde se practica la democracia arrastran este lastre jurídico y político desde entonces.

En Honduras, país en donde la democracia está en pañales, desde que el más grande y único Estadista, hablo del revolucionario, pensador y unionista, el único que no militó ni cabe ubicarlo en ningún partido político, por la razón que Francisco Morazán se adelantó miles de años a su tiempo. Desde del gobierno Morazanico no hemos encontrado un gobernante que le haga sombra. Es, en lo sucesivo, los que lo preceden la gobernanza y en un afán de politiquería criolla los que inician un país  modernizado infamemente con un modelo con el afán sospechoso y mañoso de implantar un MODELO ESTATAL, el cual se inicia con Don  Marco Aurelio Soto, impuesto, por el gobernante guatemalteco Justo Rufino Barrios, cuyo gobierno lo inaugura en Amapala en 1876.

Es con Marco Aurelio Soto quien, con el  supuesto y perverso procedimiento de modernizar al estado,  da inicio a un modelo de Estado moderno, consistente en que en vez de achicar  el gobierno lo multiplica en secretarias y sus secretarias y, da lugar a la entrega del suelo y el subsuelo de territorio nacional, ya que, su primer código decretado fuel el código de minería del cual él era su mayor accionista según documento o protocolo firmado en Washington en diciembre de 1880.
Además de esta entrega vergonzosa se acredito todos los decretos morazanicos: la educación, la libertad de culto, el divorcio y otros más que ningún gobernante tubo ni tendrá  el ideario  visionario del gobierno Morazanico que funciono como un sistema de país.

Del gobernante Soto para acá hasta nuestra era moderna el país funciona como un MODELO Estatal; por la sencilla razón que el modelo es la representación o imitación de un Estado con la atenuante que agregan más y más poderes facticos que, si  bien el modelo los permite dando la apariencia de un sistema, el manoseo de poderes y eso de que son independientes pero complementarios no es más que un adefesio jurídico impuesto  cientos de cientos  de años por cayo Cesar Calígula en la Roma antigua.

En síntesis, el Estado hondureño no es más que un modelo neoliberal, infame, brutal e inhumano y, por eso es que los poderes, el Calígula del patio, hace y manosea y empuerca todos los poderes con el agravante infame de concentrarlos en sus manos. Eso en vez de progresar en cuanto a la democracia se refiere, esta se corrompe más y se reafirma lo que decían Montesqueu en su “Espíritu de las Leyes” O lo ratificado por  Rosseau que la democracia no existe como tal en ningún estado del mundo y que “que los hombres  son iguales en los regímenes republicano; son iguales en el gobierno despóticos; en el primero, porque ellos  lo son todos; en el segundo, porque no son nada”. En este modelo los hondureños no somos seres humanos, somos cuando menos números agregados del modelo neoliberal. Aceptémoslo y repudiémoslo y liberémonos. La suerte está echada.

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