Honduras es ahora un poco más seguro, según New York Times

Niños juegan en una estructura abandonada cerca de un campo de fútbol en el barrio Rivera Hernández en San Pedro Sula, Honduras. Las pandillas solían frecuentar este edificio y el campo de fútbol era un tiradero de cadáveres.Niños juegan en una estructura abandonada cerca de un campo de fútbol en el barrio Rivera Hernández en San Pedro Sula, Honduras. Las pandillas solían frecuentar este edificio y el campo de fútbol era un tiradero de cadáveres.

1559

Los policías también participan en asesinatos extrajudiciales. El pasado 9 de octubre, después del asesinato de un policía en Rivera Hernández, los oficiales arrestaron a un chico de 15 años, quien fue hallado muerto el día siguiente, con signos de tortura en el cuerpo.

“Tocas una parte del cuerpo y está llena de pus. Tocas otra, y también está llena de pus. Todo el cuerpo está podrido”, dijo sobre la policía Luis Ortiz, quien dirige el sector de San Pedro Sula de la ASJ.

Sin embargo, recortar financiamiento para la policía es igual a recortar apoyo para la los programas de prevención de la violencia que organizaron, incluyendo todos los proyectos, desde murales de paz sobre las paredes con niños de la localidad, hasta brigadas médicas y programas contra las pandillas en las escuelas. Los líderes de la comunidad dicen que Estados Unidos debe encontrar una mejor manera de castigar a los policías corruptos, sin eliminar programas que ayudan a los niños.

Finalmente, cerca de la mitad de los presupuestos de financiamiento del Congreso para Honduras van a dar a la burocracia del Departamento de Estado y a empresas a las que les pagan para administrar los programas —las llamadas beltway bandits—, en vez de que lleguen directamente a los hondureños o a las organizaciones locales sin fines de lucro. Incluso el apoyo que recibe Pacheco se queda corto frente a sus necesidades; vende agua de horchata en la calle para compensar la diferencia. Recientemente tuvo que irse de la Casa de la Esperanza, porque los dueños la vendieron. USAID no puede hacer nada para ayudar.

Las iniciativas de activistas locales y programas financiados por Estados Unidos han hecho que Rivera Hernández sea más seguro para los niños. Además, han logrado disminuir la migración hacia el norte.

La prueba ahora es saber si Estados Unidos puede ir más allá de unos cuantos programas piloto para generar una diferencia verdadera en todo el país; además, se tendrá que ver cuál es el costo. “Un programa como ese debe ser masivo, con mucho dinero, no programas aislados por aquí y por allá”, dijo Kurt Ver Beek, cofundador de la ASJ.

Estados Unidos también necesitará presionar a Honduras para subir su aporte de dinero con el fin de prevenir la violencia; tan solo gasta en ese tipo de programas el seis por ciento de impuestos destinados a reducir la violencia. Además, necesita condicionar la ayuda a Honduras para lograr avances y limpiar niveles épicos de corrupción.

Por lo menos ahora hay esperanza. Carlos Manuel Escobar Gómez, de 14 años, me dijo que las cosas iban tan mal hace dos años que ya estaba listo para subirse a trenes de carga que lo llevaran a Estados Unidos a través de México. Sus padres y su hermano estaban muertos, y él estaba seguro de que no llegaría a su cumpleaños número 11. Vio cómo asesinaban a dos personas mientras iban a la tienda a comprar leche. Lo asaltaron con un arma. Rara vez salía de casa. Ahora, dijo, ya no quiere migrar al norte.

“Puedes estar afuera, sentado, hablando”, dijo, como si fuera un lujo quedarse en la calle polvorienta. Pasa las tardes vendiendo mangos y plátanos de puerta en puerta, y va al centro de Linares para que lo ayuden con las tareas o a jugar fútbol. Además, exclamó con sorpresa: “No he visto un cadáver en todo un año”.

Fuente: New York Time