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domingo, abril 14, 2024

Hay Una Esperanza

Debes leer

Dra. Emma de Sosa

En días recién pasados, recibimos una solicitud de trabajo en nuestra Imprenta; se trataba de imprimir unas hojas de papel membretado y otras cosas más.  La persona que estaba haciendo el diseño me preguntó, qué hacía, ya que el cliente en su solicitud había escrito “Boulevar”, pero en la muestra había escrito “Boulevard”; le dije a la diseñadora, debes corregirlo, escribirlo correctamente.  Ella me dijo, pero nosotros debemos hacerlo tal y como el cliente lo solicita; le respondí, creo que nuestra misión es educar a los clientes.

Entendí muy bien el conflicto de ella, ya que la responsabilidad de la Imprenta es imprimir exactamente lo que el cliente pide; sin embargo, tengo muy claro que no somos como todos, tenemos una misión para producir un cambio en la mentalidad del pueblo, con el objetivo de llevar a nuestra ciudad y a nuestra nación a un mayor nivel de desarrollo y excelencia.

Cuando ella ya estaba imprimiendo de acuerdo al pedido, me mostró una de las hojas y le dije “hay un error”, está repetido el número de teléfono y de fax, estos aparecen en el encabezado pero también en la parte inferior, debajo de la línea.  Una vez más ella me dijo, pero así lo solicitaron ellos y así lo aprobaron.

Que tremenda situación esa; por un lado queremos acatar las instrucciones del cliente y agradarlo, pero por otro lado sabemos que debemos enseñarles a mejorar, en la medida de nuestra capacidad y conocimiento.

Ese mismo conflicto tengo muchas veces cuando me invitan a compartir un mensaje en alguna congregación.  Regularmente el ministro que me invita quiere que yo siga ciertos esquemas o estructuras, que yo sé muy bien que contristan al Espíritu Santo.  Yo puedo hacerlo para agradar a mi anfitrión, pero estaría desagradando al Señor.

Esto no es nada nuevo, las Escrituras nos dicen que es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres; nos insisten en que si buscamos el favor de los hombres, dejamos de ser siervos de Dios.  En otras palabras, cuando hemos sido salvados y rescatados por nuestro Padre Dios, ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, nuestra prioridad ahora debe ser buscar la manera de producirle complacencia a nuestro buen y amado Padre.

Cada persona tiene un área interior llamada conciencia, a través de la cual nos damos cuenta si algo está correcto o incorrecto, si es bueno o malo, justo o injusto.  En nuestra conciencia están grabados los estándares de las situaciones en las cuales nos desenvolvemos.  Por eso las respuestas en cada situación son muy diferentes entre personas, porque la conciencia trabaja de manera individual y particular.

Es posible mi querido lector que usted se encuentre en un conflicto similar, no sabe a quien agradar o a quien obedecer; sin embargo, le aseguro que para usted Hay Una Esperanza. La esperanza consiste en llenarnos de Dios para que nuestra conciencia sea alumbrada y podamos así tener la certeza de cómo actuar y qué hacer para agradar a Dios haciendo lo correcto.

Muchas de las cosas que parecen correctas no son necesariamente las que agradan a Dios, ni son la forma como deberíamos actuar; para saber la diferencia necesitamos la sabiduría divina.  Esta equivale a tener la mente de Cristo, la cual recibimos de Él porque fuimos engendrados y renacidos de la simiente incorruptible de la Palabra de Dios.

Cuando caminemos en esa sabiduría, no tendremos necesidad de pensar y esforzarnos sobre cuál sería la forma correcta de actuar, se volverá una condición normal en nuestra vida, actuaremos como a nuestro Padre le agrada.

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