Aracely Sabillón: “Quería ser maestra pero mi destino fue vender baleadas”

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A doña Aracely le ha tocado trabajar desde muy pequeña. Al lado de su progenitora también vendía baleadas para ayudar en su familia.

Doña Aracely Sabillón es una hondureña emprendedora de 45 años que a diario sale adelante con el sustento de su familia vendiendo baleadas en distintos puntos de Tegucigalpa, la capital de Honduras.

A pesar de que su sueño de ser maestra no se cumplió, ella siempre alcanza los objetivos que se traza. Doña Aracely vende en promedio entre 50 y 100 baleadas al día. Su negocio le permite recaudar el dinero que necesita para ayudar a sus hijos.

Con una ganancia de seis lempiras por cada baleada, la humilde mujer sufraga los costos de estudios de tres hijas. Asimismo, financia el alto costo del tratamiento médico de su cuarta hija menor que sufre de soplo en el corazón.

Con una ganancia de seis lempiras por cada baleada, la humilde mujer sufraga los costos de estudios de tres hijas.
Con una ganancia de seis lempiras por cada baleada, la humilde mujer sufraga los costos de estudios de tres hijas.

A doña Aracely le ha tocado trabajar desde muy pequeña. Al lado de su progenitora también vendía baleadas para ayudar en su familia. Su vida no ha sido fácil, pero con el esfuerzo, y su fe puesta en Dios ha salido adelante. Es hija de madre soltera, y la mayor de sus tres hermanos. Su padre los abandonó cuando ella era muy pequeña.

En aquellos momentos, la situación económica de su madre no era muy buena. Sin embargo, ella la apoyó para que se graduara de la secundaria. Por la situación precaria que pasaban, tuvo que tomar decisiones importantes.

Las decisiones cambiaron el rumbo de sus sueños y de su vida. Ella trabajó en conjunto para criar a sus tres hermanos que ahora en día le agradecen por su ayuda.

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Negocio de herencia

Allá por el 2003 logró poner su negocio de baleadas. Con la venta de ese tradicional alimento ha superado las difíciles situaciones que le han tocado en su vida.

Su emprendimiento es una herencia y su primera opción cuando decidió generar dinero para su familia. Ella es de El Paraíso. Ahí nació pero por problemas de salud se vio obligada a mudarse a la capital.

Visita seguidamente el hospital San Felipe y actualmente vive en la colonia San Juan del Norte, Tegucigalpa. Cabe remarcar que ella tiene 4 hijas que con su negocio de venta de baleadas las ha sacado adelante.

Esta es parte de su historia

Cuando yo quedé embarazada de mi cuarta niña fue allá por el 2014. Tenía 40 años y ya mis otras tres hijas estaban en grandes.

Yo no sabía que estaba embarazada  porque no tenía síntomas como los demás embarazos. Lo único que sentía era un decaimiento que me tenía en cama. Mi hija la mayor me dijo que fuera al hospital porque a veces ni pararme de la cama podía.

Cuando fui al hospital la enfermera me examinó y me dijo que me hiciera la prueba de embarazo. Cuando me fui hacer el examen no lo podía creer, salió positivo.

Yo entré en shock porque mi primer pensamiento fue: “Señor, Dios mío, qué haré ahora. Mis hijas ya son mayores, sentirán vergüenza porque tengo que iniciar de cero con una bebé”.

Todos esos pensamientos invadieron mi mente. Pero yo dije: “Señor que la respuesta de mis hijas sean positivas porque si tengo a este bebé es porque el hará grandes cosas y te servirá señor”. Pues me mandaron donde la psicóloga porque al momento esa noticia no fue bien recibida.

Cuando llegué a mi casa no pude decirles a mis hijas el resultado. Lo único que hice es que guardé el examen y me fui al puesto

A las horas me llama mi hija y me dice: Mamá, ¿cómo le fue? ¿Esos exámenes que están en la gaveta son suyos? Yo le dije que sí. Sin Embargo no quería comentarles sobre mi embarazo.

A mi hija le pago sus medicamentos del dinero de las baleadas

Con el pasar del tiempo decidí constarles y más bien su reacción fue de alegría al saber que tendrían un nueva hermanita. Cuando estaba a punto de dar a luz me internaron en el hospital porque se me subió la presión.

No podía ni pujar. Y estuve con dolor casi 8 horas sin respuesta a nada. Las enfermeras solo pasaban  y no me ayudaban. Cuando ya no podía más, le dije a mi hija que buscara un doctor que sentía que me iba a morir. Ya no podía soportarlo. Al momento llegó el doctor y de un  solo me mandó al quirófano para hacerme cesárea.

Mi hija recién nacida se estaba ahogando. Gracias al señor salí de la cesárea aunque mi hija nació prematura. Estuve unos días internada en el hospital. Posteriormente, me dieron de alta.

Luego de pasar el tiempo mi niña comenzó a presentar problema de salud. Todo le comenzó como una presunta asma, pero después resultó ser que padecería de taquicardia. Es por eso que tuve que retomar mi antiguo negocio y echar mano para ayudar a mi hija.

Ahora ya tiene cuatro años pero el doctor me dijo que desarrolló soplo en el corazón. Aunque aparentemente es algo inofensivo debe mantenerla en vigilancia para evitar grave mayores en el futuro.

Doña Aracely se levanta todos los días a las tres de mañana para alistar su puesto de baleadas. A las 4:30 a.m. sale a vender sus ricas baleadas a la parada de buses de la Cerro Grande. Y, por la tarde-noche, cuando hay clases en la Universidad Autónoma se traslada allá a vender; sino se ubica por las zonas públicas de Emisoras Unidas para ofrecer su producto.