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lunes, abril 15, 2024

Chavelo

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Pedro Serrano García

La noticia corrió como un rayo. ¡Chavelo ha sido liberado! Después de unos 6 años encarcelado en el penal de La Ceiba, ya puede Chavelo vivir con su familia y relacionarse con sus amigos. Podrá hacer su vida normal como cualquier pacífico hondureño. Todo eran fiestas, en la comunidad, en las organizaciones campesinas que lo han apoyado, entre los cristianos y cristianas solidarios. Hubo hasta una gran celebración eucarística concelebrada por varios sacerdotes para dar gracias a Dios por ese saludable acontecimiento: Chavelo ya está libre.

Visité a Chavelo varias veces en el penal. Me impresionaba la nobleza de su comportamiento, la acogida y el cariño con la que trataba a los interlocutores, el agradecimiento de cualquier pequeño favor que se le hiciera. Chavelo es un buen representante del maravilloso pueblo de Honduras, alegre, acogedor, dialogante, pacífico, humilde, familiar, trabajador y creyente.

Chavelo es un humilde campesino que reside con su mujer y sus hijos en la comunidad de Guadalupe Carney, en la zona del Aguán. Mantenía a su familia con su trabajo, además de atender voluntariamente los servicios sociales de que era capaz, tanto en la vecindad como en la parroquia católica. Chavelo, como muchos campesinos, es buen ciudadano y sencillo creyente. Le gustaba ayudar a los demás, lo mismo en la sociedad como en el penal.

En la zona del Aguán donde reside Chavelo, la lucha de clases entre campesinos empobrecidos y terratenientes que se enriquecen sustrayendo tierras que deberían estar en manos de los pequeños y pacientes agricultores, ha hecho que el conflicto social se haya agudizado cada vez más. Ya va más de un centenar de pacíficos líderes campesinos asesinados, supuestamente por la guardia privada de destacados terratenientes del lugar. Mientras el gobierno, corrupta y vilmente trasgrede el bien común, actúa injustamente de parte de los usurpadores terratenientes, enviando policías y militares para controlar y anular las reivindicaciones pacíficas de los sufridos campesinos y asustar a las poblaciones.

En una de las protestas de los habitantes del lugar, detuvieron al inocente Chavelo y le culparon infundadamente del accidente que sufrió un agente. No ha servido de nada las sinceras y argumentadas defensas de abogados y testimonio de lugareños, incluso las mediaciones de comunidades cristianas, del ERIC-Jesuitas y de las marchas populares a favor de la inocencia de Chavelo. Las autoridades gubernamentales, judiciales y policiales, todas escandalosamente parciales apoyaron a los terratenientes. Y Chavelo, como Jesucristo, fue el chivo expiatorio, la víctima inocente que pagó por un supuesto delito que él no cometió.

La injusta prisión sufrida por Chavelo durante más de media docena de años, representa al grito de angustia del pueblo que exige a las autoridades: ¡Basta ya! Basta ya de corrupción e impunidad, de saqueos de instituciones como el IHSS de asesinatos políticos y delincuenciales, de empobrecimiento de los campesinos, de incumplimiento de leyes laborales, de expulsión de sencillos hondureños a los riesgos de una emigración sin papeles…

El pueblo hondureño con sus constantes marchas por la dignidad y sus huelgas de hambre exige reformas, la agraria en el campo y la empresarial en la ciudad para que puedan vivir con calidad las mayorías trabajadoras. Hace falta reformas en la educación, en las instituciones de salud, en la seguridad ciudadana, en el sistema electoral, en el progreso de la democracia y otras más.

Chavelo, amigo. Quiera Dios que las instituciones de justicia declaren tu inocencia. Quiera Dios que liberen a todos los presos inocentes y sin sentencia. Quiera Dios que con tu excarcelación, comiencen las mayorías trabajadoras hondureñas a ser emancipadas de la explotación y opresión que padecen a manos de las enriquecidas oligarquías apoyadas por corruptos gobernantes y jueces, en el marco de la dominación imperial.

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