Chapo Guzmán
En el dibujo de la audiencia, 'El Chapo' comparece ante el juez, mientras lo observan en la tribuna los periodistas Gerardo Reyes y Margarita de Rabín de Univision Investiga.

ESTADOS UNIDOS. Dijeron que estaba asustado y confundido, que se le veía derrotado tras la intempestiva extradición desde México. Se le acabaron los túneles, afirmó victorioso uno de los voceros del gobierno de Estados Unidos.

Las fotografías que se filtraron de la operación en efecto mostraban a un hombre en pánico, como sacado de los escombros de un terremoto. «Cuando usted lo mira a los ojos, usted puede ver la sorpresa, usted puede ver el shock.

Y en cierta forma usted puede ver el miedo de darse cuenta de que empezó a confrontar a la justicia americana». Dijo Ángel Meléndez, agente especial de investigaciones de Seguridad Nacional de Nueva York.

Con ese adelanto yo esperaba que Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán ingresara cabizbajo. Además, deprimido a la atestada corte federal de Brooklyn en la tarde del viernes pasado. Lo anterior, para ser notificado de 17 cargos criminales que describen crudamente su historial.

Hasta ahora impune, en el narcotráfico, la violencia y la corrupción desde 1989.

El Chapo Guzmán que vi salir de una puerta enorme de madera desde la primera fila de la sección del jurado.

Donde nos sentaron a los periodistas y a los dibujantes, no tenía nada que ver con el hombre alicaído que esperaba:

Caminó con la cabeza en alto, erguido, con su mirada fija en el rostro del magistrado que presidia la audiencia. Nunca miró al público.

Siempre estuvo alerta a las preguntas y no parecía aturdido ante la situación. Por un oído le hablaba una traductora. Por el otro escuchaba a la abogada de oficio y al frente el juez James Orenstei insistía en si realmente entendía de qué se le acusaba.

Cuando fue extraditado a los Estados Unidos
Cuando fue extraditado a los Estados Unidos

«Sí, señor», respondió a casi todo, excepto una vez que intentó ser más franco. Y le confesó al juez «pos que ignoraba» lo que le estaba inquiriendo. Una llamada de atención de la abogada defensora lo hizo regresar al «sí, señor».

Todo el tiempo estuvo con los brazos cruzados atrás, sin esposas, una mano cogida al dedo índice de la otra y los dedos libres, en constante movimiento.

La única señal visible de nerviosismo que dejaban ver los alguaciles que lo rodearon de pie los 20 minutos que tomó la diligencia.

Llevamos cuatro años siguiendo los pasos a ‘El Chapo’ Guzmán con el equipo de investigación de Univision. Margarita Rabín, Tomas Ocaña, Juan Cooper y Peniley Ramírez, subimos a su sierra en Sinaloa. Además, visitamos sus casas y sus tumbas, hablamos con aliados y enemigos en varios países alrededor del mundo. Y con muchos agentes antinarcóticos que se jubilaron soñando con su arresto.

Extradición de El Chapo Guzmán

Entrevisté a su esposa, Emma Coronel, en Culiacán, cuando se convirtió de la noche a la mañana en luchadora de derechos humanos.

Estudiamos las rutas del capo, sus gustos y disgustos, los trenes cargados con latas de chile y cocaína que introducía a bodegas en San Diego.

Así como California, aviones y submarinos; tenemos los planos de su primer túnel en 1990.

Una copia de su licencia de conducir de Estados Unidos y la cronología más completa de su vida, mes a mes, año tras año, muerto por muerto.

No fue fácil. Guzmán nos hizo sentir que Sinaloa era su reino al poner una camioneta de sus hombres a seguirnos.

Entrevista a Univisión

Lo anterior, mientras grabábamos en la carretera de Badiraguato a Culiacán sus propiedades.

Del estacionamiento donde fue asesinado su hijo nos sacaron corriendo por tomar imágenes de un cenotafio erigido al nombre del joven que murió acribillado.

En septiembre de 2013, cuando lo único que hacía falta era hablar con él, Guzmán se negó a última hora a darnos una entrevista.

Lo anterior, porque no aceptamos que revisara el contenido de la nota que pondríamos al aire. Ahora lo teníamos ahí, a unos cuatro metros de distancia, el famoso narco de 59 años.

No tan chaparro como me lo imaginaba, gastando sus residuos de altivez. Vestido con el uniforme azul de preso federal del que salían unos brazos blanquecinos. Y con la palidez en el rostro que produce la luz de neón de los penales. Guzmán respondió obediente a la justicia que nunca lo entendió en su país. Lo anterior, porque él siempre fue un agricultor que sembraba frijol y maíz y nunca había tenido un arma.