“Yuli”, acusada de matar a su esposo, habla tras recuperar su libertad

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caso de Yuli
La dama tuvo miedo, pero todo se fue cunado recibió el abrazo de sus hijos.

NACAOME, VALLE. No lo podía creer de la emoción. Cuando los policías le informaron, de inmediato se hincó y clamó: «Gracias mi señor, tu estuviste todo el tiempo conmigo. Tú me guiaste hasta donde estoy».

El retrato de ese momento perdurará por siempre en la mente de Dunia Yulibeth Reyes Cruz. Así narró ella, una mujer de 28 años y madre de dos hijos, cómo fue el momento en el que le dijeron que sería libre.

Se trata de una libertad que perdió desde el día que se le acusó de parricidio. De manera específica, se le atribuyó la autoría de un asesinato en contra de su esposo, Cristian Valentín Bustillo.

Ella está fuera de prisión desde este viernes, dado que, como adelantó Diario TIEMPO Digital, a ella se le dictó un sobreseimiento provisional. Su abogada, Roxana Martínez, explicó que a la imputada no se le encontró prueba alguna en su contra.

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Siempre pensó en ellos

Yuli, como le dicen con cariño, dejó la frialdad de una celda, y se sumió en un fortísimo abrazos con sus dos hijos. En algún momento pensó que no los iba a volver a tener entre sus brazos, pero nunca perdió la fe en Dios.

«Mis hijos me dieron la fuerza para seguir adelante», acotó. Además, agradeció a cada una de sus amistades, familiares y demás personas  que estuvieron allí dándole un sustento incondicional.

«Nunca imaginé que tenía tanta gente conmigo, les agradezco por haberme apoyado cuando más lo necesitaba», expresó.

Un claro mensaje a otras afectadas

Otra certeza que Yuli tiene, es que tiene una libertad por partida doble. Lejos de lo que se especuló de que ella mató a su cónyuge con una tijera por un cuadro de celos, ella más bien era una víctima.

Según el relato que concedió a TIEMPO, ella sufrió por un tiempo incuantificable de violencia doméstica. Soportó las dolencias físicas y emocionales, pero, ahora que no volverá a aguantar eso, envía un mensaje desde la voz de la experiencia.

«Esas mujeres que son maltratadas, les digo que se rebelen a tiempo para que no sucedan estas cosas; a veces tenemos miedo, pero tenemos que aprender a decir un no, decir aquí ya no más maltrato familiar», aconsejó.

«Sé que para muchas es así en todo el mundo. A veces uno es que dice que no; pensé que sólo era yo, pero es en todas partes que sufrimos los daños», agregó.

Su bastión de sustento

En esa plática exclusiva que sostuvo Yuli con TIEMPO, también confesó que se siente mal y adolorida. Incluso, apuntó que se siente aferrada al temor, porque, de algún modo, quedó traumada por lo que vivió.

Empero, declaró que es que Dios es quien le da la ánimos y fortaleza para seguir adelante. Aseguró que él le dio una segunda oportunidad para volver a estar con sus vástagos.

El nuevo comienzo

¿Quién es Yuli ahora que venció, al menos parcialmente, en juicio? Aseveró que ella es una mujer fuerte, con la motivación de salir adelante con sus hijos y estar ahí para ellos. Quiere dejarles una enseñanza especial, en favor de las mujeres.

«Quiero que rompamos la cadena que ellos vivieron, cortar esa hebra; que ellos no sigan con lo que miraron con su padre. Buscaré que sean mejores papás para sus hijos cuando tengan su pareja y ellas  no pasen lo que yo pasé con él (su esposo)», manifestó.

En ese sentido, añadió que pretende que ese mal trago que le tocó afrontar quede nada más como un recuerdo; algo en el pasado que no debe mencionarse nunca más, pues le desgarra su corazón.

«Quiero que todo eso se quede atrás; tener una nueva vida con ellos (sus niños), qué sean felices y unos hombres de bien», enfatizó.

¡No dejemos sola a Yuli!

Para lograr su cometido, pide ayuda del Gobierno y de otras asociaciones dedicadas a la protección de la mujer y la niñez. Sabe que no pasó por un proceso fácil y está a la expectativa de una mano solidaria que le aporte para avanzar.

Ángel terrenal que la resguardó

En su momento, Yuli pensó lo peor: que la justicia hondureña podía actuar en su contra. Se preguntaba a sí misma por qué no la dejaban estar en la vela de su marido, si ya había atestiguado todo lo que ocurrió.