Redacción. Birmania enfrenta una de las peores tragedias de su historia reciente tras el fuerte terremoto que sacudió el país, dejando un saldo de más de 3,000 muertos y casi 5,000 heridos.
Dicho sismo, de gran magnitud, ha devastado comunidades enteras, destruyendo viviendas, edificios gubernamentales e infraestructuras esenciales.
Equipos de emergencia trabajan a contrarreloj en la búsqueda de sobrevivientes atrapados entre los escombros. Sin embargo, las labores de rescate se han visto obstaculizadas por el colapso de carreteras y la falta de maquinaria pesada en algunas zonas afectadas.
Imágenes que circulan muestran a ciudadanos y rescatistas utilizando sus propias manos para remover los escombros en un intento desesperado por salvar vidas.
Las autoridades han declarado el estado de emergencia y han solicitado ayuda internacional para enfrentar la crisis. La Cruz Roja, la ONU y diversas ONG han comenzado a movilizar suministros de emergencia, incluyendo alimentos, agua potable y asistencia médica.
El impacto del terremoto ha sobrepasado la capacidad del sistema de salud birmano. Los hospitales en las zonas más afectadas están colapsados, sin suficiente personal médico ni insumos para atender a la gran cantidad de heridos. Muchos pacientes reciben atención en las calles, bajo carpas improvisadas o incluso en el suelo.
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Además, miles de personas han quedado sin hogar, aumentando el riesgo de enfermedades debido a la falta de agua potable y condiciones sanitarias adecuadas. Organismos internacionales han advertido que, sin una respuesta rápida, la crisis humanitaria podría agravarse en los próximos días.
Reacciones internacionales y ayuda humanitaria
Diversos países han expresado su solidaridad con el pueblo birmano y han ofrecido ayuda humanitaria, equipos de rescate y financiamiento para la reconstrucción. No obstante, la respuesta internacional ha sido limitada debido a la inestabilidad política en Birmania, lo que dificulta la coordinación de la asistencia.
A pesar de los esfuerzos, la situación sigue siendo crítica y las autoridades han advertido que la cifra de víctimas podría seguir aumentando en las próximas horas. Además, se teme la posibilidad de réplicas que podrían agravar aún más la crisis.
Mientras tanto, la población birmana enfrenta un panorama desolador, con comunidades enteras destruidas y miles de familias en duelo. La prioridad ahora es acelerar las labores de rescate, brindar atención médica a los heridos y garantizar refugio y alimentos a los damnificados.