Tabaré Alonso se despide de Honduras y envía mensaje: «necesitan sentir el amor»

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Tabaré Alonso
Tabare Alonso ahora se encuentra en El Salvador.

HONDURAS. Finalmente, el aventurero ciclista Tabare Alonso salió de tierras catrachas y ahora está en El Salvador rumbo a Alaska.

Como Alonso acostumbra hacerlo, al terminar una travesía escribe sobre la experiencia vivida en cada uno de los lugares que visita. En esta ocasión, en su dedicatoria a Honduras le dijo «Hagamos el amor«.

En su relato comienza hablando del momento en el que llegó a Honduras y quedó impactado por su belleza. Luego, cuenta sobre el momento en el que perdió su más grande tesoro, su bicicleta «América».

«Llego a Honduras y me adentro a recorrer cada aldea para descubrir los tesoros increíbles que guarda esta tierra bendita. De nuevo lo hago en soledad, yo, mi sueño y mi bici; hasta que una mañana nos quedamos por cincuenta y ocho horas solos el sueño y yo porque nos quitaron la bici».

Tras el primero párrafo, relata que cuando recuperó su «América» el viaje por Honduras continuó, pero esta vez no iba solo… lo acompañaban unos sujetos con los que al principio se sintió incómodo. Tabare no quería que lo cuidaran:

«Luego regresó mi bicicleta. El recorrido y el sueño por conocer Honduras continuaba pero esta vez eramos más. Seguía estando yo, el mismo sueño y la misma bici, pero ahora también estarían ellos… ‘Los que enviaron para cuidarme'».

«Los primeros días dije: hasta acá llegó la magia en Honduras. ¿Cómo voy a hacer para acercarme a la gente, para compartir, para meditar con la naturaleza? ¡Ahora están ellos aquí siguiéndome a todas partes! ¡Cuidándome! Pero ¿De qué me cuidan? ¡Ya he recorrido más de la mitad del país y he pasado por muchas de las zonas más peligrosas sin ningún problema y sin ninguna protección! ¿Qué hacen estos aquí? ‘No los necesito y no los quiero conmigo porque lo están cambiando todo’. Me enojaba unos pocos minutos y seguía pedaleando, tratando de adaptarme.»

Las palabras del charrúa eran claras, era evidente que la presencia de los militares que lo acompañaban para cuidarlo lo incomodaban. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, los uniformados y Tabare crearon «lazos de hermandad», y él lo cuenta de la siguiente manera:

«Pero luego ellos preguntaban ‘¿Quiere comer con nosotros?’, ‘Si quiere descansar le ayudamos a pedalear’, ¿Me puede prestar a la América?’, ‘¿Me regala una foto para mi mamá y mi novia?’, ‘Tabare, cuénteme sobre Uruguay’, ‘¿Qué es eso de irse para Alaska?’. Y así han pasado los días en un compartir increíble, y diferente, con estos extraños que solo están cumpliendo órdenes y que invadieron mi viaje para bien».

«Nos reímos juntos, compartimos y aprendo muchas cosas de ellos. Quizá es que me estoy volviendo viejo, no les he preguntado la edad, pero los veo como si fueran mis hermanos menores, llenos de curiosidad, con una energía tremenda, como cualquier otro joven hondureño. son emprendedores, luchadores y enamorados de sus mujeres y de su tierra, humildes al mil por ciento. Siempre dispuestos a ayudar y dar lo mejor de sí para dejar en buena imagen a su tierra. Ellos son así, igual a los cientos de amigos que he hecho en cada aldea o ciudad. ¡Son iguales! hijos de madres hondureñas, nacidos bajo el mismo lienzo de estrellas que tiene Honduras en su cielo».

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Y así fue como la incomodidad que sentía el ciclista terminó. Poco a poco fue identificándose con ellos, los que lo cuidaban, al punto que cuenta cómo él también recibió una «dosis de odio» por estar acompañado de militares:

«Ellos son herederos y víctimas de la misma historia en común que comparten todos o casi todos en Latinoamérica. Estos jóvenes son discriminados, marginados y rechazados por muchas personas, por su propia gente que los acusa y ponen sobre sus hombros todo el peso de una cruda historia que se quedó en el pasado. Incluso, yo que estoy de paso por acá en la ruta hacia mi sueño, muchas veces he recibido una dosis de ese odio infundado sin razón».

Tabare, basándose en la experiencia vivida siendo resguardo militares, afirmó que no es justo «odiarlos» a todos. El uruguayo los consideró sus amigos, casi hermanos, y en nombre de ellos pidió perdón:

«No lo sé, pero puedo contar sobre mi experiencia que estos jóvenes uniformados son mis amigos y casi mis hermanos. No me interesa si son militares, médicos, astronautas, ciclistas o lo que sea; solo veo en ellos su calidad como seres humanos y lo iguales que son a su gente a pesar de ser tan excluidos y mal vistos»