Capitalina de 80 años cumple sueño al graduarse de abogada

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Su edad no le impidió lograr su sueño.

Tegucigalpa. Difícil pero no imposible, la señora Martha Julia López a sus 80 años se graduó de abogada.

Su edad no limitó sus sueños, de convertirse en una defensora de los derechos de todos los hondureños.

Doña Martha, después de tantas décadas, sacó adelante a su familia y vio primero triunfar sus hijos, luego llegó su turno.

Después de tantos años, logro su objetivo ser una abogada.

De tal manera, la Universidad tecnológica de Honduras (UTH), que la vio crecer en espíritu, virtudes y valores, ahora le otorga su título.

Vestida con su birrete y toga, doña Matha, levantó con orgullo lo que tanto le costó y celebra ver su sueño hecho realidad.

Como dicen, no hay nada imposible para el que se atreve, y Martha Julia López, lo ha demostrado.

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Hondureños tras sus sueños

El camino hacia los Estados Unidos es un lugar lleno de hombres, mujeres y niños con esperanza, optimismo, y anhelo de una vida mejor “al otro lado”.

Los emigrantes decididos, dejan todo en sus países por el sueño americano que a muchos les cuesta la vida.

Para el caso, hoy le contamos la historia de un hondureño deportado a quien llamaremos “Ricardo” por seguridad.

Ricardo es hondureño, luchador que decidió en 1999 por primera vez irse indocumentado y como muchos otros fue deportado, no solo una vez sino cuatro veces.

En este sentido nos relata su experiencia en la travesía por los áridos caminos para el “norte”.

“El camino es duro” dijo Ricardo, sentado en la acera de su casa con la mirada perdida en el horizonte.

Asimismo recordó aquellos momentos que marcaron su vida para siempre.

El hondureño relató que pasó por una selva y se encontró con dos fallecidos de quienes las esperanzas habían terminado allí, sentados en el suelo, con las mochilas puestas.

Con la voz pausada y con mucho pesar aseguró que posiblemente murieron hambrientos y deshidratados. Tras ver la lamentable escena.

Ricardo indicó que los miró por última vez y continuó su camino.

Asimismo, contó que observó muchas veces como los decididos soñadores caían de los trenes que cercenaban sus piernas, sus brazos.

Mencionó que algunos quedaban vivos, otros partían de este mundo instantáneamente. Comentó con una tristeza que invadió su rostro de inmediato.