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domingo, diciembre 5, 2021

Honduras: Precariedad del sistema de salud obliga a colectas y «noches benéficas»

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HONDURAS. José Luis Rivera Cruz es un hondureño de 31 años de edad, padre de familia, trabajador y responsable. Labora en el rubro del transporte público para subsistir y llevar sustento a su hogar. Vive con su hijo y esposa, quienes forman una pequeña familia catracha.

Él, como muchos hondureños, trabaja arduamente para brindarle lo necesario a su familia. José Luis, sin saberlo crecería con más de un integrante en su parentela. Su compañera de hogar le daría la noticia de que estaba esperando, no a uno, sino a dos bendiciones en su vientre.

Con el pasar de los meses el proceso de embarazo iba normal y la felicidad de los futuros padres era indescriptible. Sin embargo, en una cita de control, los padres recibieron la dolorosa noticia de que sus bebés presentaban una complicación en su desarrollo dentro del vientre de su progenitora.

Un embarazo que duraría nueve meses, según lo previsto, se redujo a seis; una alegría se convirtió en angustia y un sueño en insomnio. El panorama, en cuestión de segundos, cambió por completo la felicidad de una familia hondureña; con el paso de los días, ese sentimiento se convirtió en tortura, desgracia y desilusión.

Una pareja con la ilusión de ser padres por segunda vez, con la idea de tener a dos recién nacidos en su hogar y que su pequeña familia de tres creciera a cinco, quedó en el dolor y en un triste recuerdo de una lucha en vano y frustrada.

La razón de su tristeza: no contar con los recursos necesarios y no recibir una atención médica de calidad y efectiva para rescatar o alargarles la vida a dos inocentes. El sistema de salud público les dio un golpe bajo.

La solidaridad, la alternativa de muchos

Esta pareja, como muchas otras, recurrió a la solidaridad de la sociedad para tener ingresos monetarios y cubrir el tratamiento médico que sus niños necesitaban y que el hospital donde nacieron no les pudo brindar. No tuvieron otra opción que acudir a la beneficencia para costear los medicamentos que necesitaban los recién nacidos.

Solo las ahora famosas “Noches Benéficas” les abrieron una oportunidad para recolectar dinero. Como estos padres optaron por ese medio, todas las semanas, hay decenas de familias que buscan alternativas de caridad como medida de emergencia.

Todo esto pasa en un país en el que las cifran oficiales indican que el Presupuesto General de la Republica de Honduras para el 2021 ascendió a 288 mil 871 millones de lempiras, de los cuales 18 mil 218 millones de lempiras se destinaron para el área de la Salud.

El sector salud en Honduras está constituido por dos subsectores: un subsector público compuesto por la Secretaría de Salud (SESAL) a la cual le corresponde el rol rector, regulador y prestación de servicios de salud a toda la población hondureña.

Del otro lado está el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), encargado de recaudar, administrar recursos fiscales y los provenientes de las cotizaciones obligatorias de trabajadores y empleadores.

También está el subsector privado, conformado por instituciones con o sin fines de lucro.

Tres niveles de servicios, baja cobertura

De igual forma, la estructura sanitaria del país se divide en tres niveles: el primero, que incluye centros de salud rurales (CESAR), centros de salud con médico y odontólogo (CESAMO), clínicas materno infantiles (CMI) y clínicas periféricas de emergencia (CLIPER).

El segundo nivel incluye hospitales departamentales y hospitales regionales de referencia, y el tercero, formado por los hospitales nacionales.

Además, Salud presta servicios al 60 % de la población, el IHSS asegura al 12 % y el sector privado atiende al 10 %.

En Honduras, 9 de cada 10 personas no están cubiertas por ningún tipo de seguro de salud. Se estima que el 18 % de la población (más de 1.5 millones de hondureños) no tiene acceso a los servicios de salud.

Para el 2019, el país contaba con un total de 6,590 camas disponibles en el sistema hospitalario: 5,059 para la SESAL, 916 al IHSS, 40 al Hospital Militar y 575 al sector privado. Estos datos representan un número de 9.5 camas hospitalarias por cada 10,000 habitantes.

Detrimento permanente

Estudios disponibles sobre el tema señalan que la infraestructura hospitalaria y de los centros de salud es deficiente; también sustentan que los servicios no son de la calidad y cobertura requeridas.

Algunos centros públicos datan de principios del siglo pasado y requieren fuertes inversiones en instalación y equipo para proporcionar los servicios en condiciones óptimas y exentas de riesgo.

El mantenimiento, dicen los estudios, ha sido escaso; igualmente, ha motivado el constante deterioro, tanto de la infraestructura como del equipo.

Desconfianza en un sistema desprovisto

El doctor Carlos Umaña, presidente de la Asociación de Médicos del Instituto Hondureño de Seguridad Social en San Pedro Sula, señaló que existe una desconfianza en el sistema de salud público del país porque tradicionalmente los hospitales han estado desprovistos de infraestructura técnica, logística, medicamentos y otros factores, que han generado que la población hondureña no confíe en su sistema de salud nacional.

Es por tal razón, opina el doctor Umaña, que muchas personas buscan los sistemas de beneficencia para ser atendidos en la medicina privada, debido a la precariedad que existe en pleno siglo 21 en el sistema sanitario de Honduras.

Los pocos hospitales públicos, la falta de medicamentos y el personal no calificado han generado que la mayor parte de las personas que utilizan el colapsado sistema de salud público en Honduras busque otras formas de recibir atención médica para salvaguardar sus vidas, añade el galeno.

En medio de estas circunstancias, muchas personas recurren a la beneficencia o caridad, para conservar el derecho a la salud y no morirse en un país donde la vida no vale nada.

Rosell Gustavo, dentista que también recurrió a la solidaridad

Ese es el caso de Rosell Gustavo Mejía Vigil, quien tuvo que recurrir a la medicina privada para salvar su vida. Rosell Gustavo es un hondureño de 29 años de edad, doctor en cirugía dental y residente en el municipio de Valle de Ángeles, departamento de Francisco Morazán.

Mejía Vigil es un joven responsable, honesto y trabajador que sueña con ser un reconocido odontólogo del país. Su madre y familia han sido un pilar fundamental para su vida y quienes lograron que su salud mejorara.

Rosell Gustavo, previo a titularse como dentista, sufrió un incidente que lo dejaría marcado de por vida. Un día, como cualquier otro, se dirigía al lugar donde realizaba su servicio social; se subió a una unidad del transporte público sin saber lo que minutos después le sucedería.

Despertar a una nueva vida

En el recorrido, Rosell Gustavo, recuerda que pagó su pasaje y luego de eso perdió el conocimiento; al volver en sí apareció, sin ninguna explicación, en una acera donde una vecina lo auxilió llevándolo hasta su casa de habitación. La vecina le comentó que él había convulsionado en la unidad del transporte, por lo cual se desmayó y no recordaba nada de lo ocurrido.

Después de ese incidente su madre decidió llevarlo a un centro asistencial para saber qué tenía su hijo, pero su diagnóstico no fue nada favorable. Al joven le detectaron malformación arteriovenosa cerebral; se decidió inducirlo a un estado de coma para controlar las convulsiones ocasionadas por dicha enfermedad.

La madre del futuro odontólogo ingresó a su hijo a un hospital privado, ya que el sistema de salud público no le brindaba lo que se necesitaba; tenía desconfianza en el decadente sistema sanitario del país. No quería dejar morir a su vástago.

Pero, llegó un momento donde el presupuesto no les alcanzaba para cubrir los gastos médicos que necesitaba Rosell Gustavo para ser intervenido quirúrgicamente.

Ante eso, su madre – en conjunto con sus ex compañeros de trabajo – tuvieron la idea de realizar una “Noche Benéfica” para recaudar fondos y así generar el dinero que se requería para la operación del futuro cirujano dental.

“Cuando el Estado no puede cubrir la salud del contribuyente, cuando no se tiene seguro para cubrirla uno mismo, es una buena opción”, expresó el actual odontólogo al consultarle si fue factible recurrir a la beneficencia o caridad para cubrir una obligación que es propiamente del Estado, brindar salud pública a su población.

Así, mediante la beneficencia se logró salvar la vida de un hondureño, de un joven con un futuro por delante y muchos sueños por cumplir.

Sociólogo: Salud, responsabilidad estatal

Según el sociólogo José Luis Herrera, la población no debería de buscar medios alternativos para solventar un problema que es de salud pública. El Estado debería de garantizar a la población el acceso a los servicios y tratamiento médicos que necesitan, asevera.

Herrera añadió que es responsabilidad solo del gobierno, ya que por eso la ciudadanía tributa; expuso que, por ello, el Estado está en la obligación de retribuir esos impuestos a la población a través de servicios básicos, como la salud.

Asimismo, Herrera mencionó que la ciudadanía percibe como un robo el hecho de que los hospitales públicos del país no cuenten con los recursos e insumos necesarios para brindar una atención asistencial de calidad.

Además, resaltó que los hondureños son solidarios; opinó que son ellos quienes resuelven, en ciertos casos, los problemas que le competen meramente al gobierno.

De igual forma, la defensora de Derechos Humanos, Itsmania Platero, recalcó que es obligación del gobierno brindarle salud pública al pueblo hondureño y darles dignidad a través del trato humanitario en los hospitales públicos.

Además, opina que hay centros hospitalarios que siguen estando en una situación precaria, donde la gente en vez de recibir atención médica segura se puede enfermar o contaminar.

A veces no ajusta la ayuda

Por otra parte, el presidente el doctor Carlos Umaña, indicó que la mayoría de los hondureños, en temas de caridad y beneficencia, no son empáticos.

Pero, resaltó que sí existen personas de buena fe que ayudan a sus compatriotas; comentó que no todas las personas pueden ayudar debido a las condiciones económicas que atraviesa el país y que es el Estado, la empresa privada y toda la población en general quienes deben construir un sistema de salud sólido.

Y aunque José Luis Rivera Cruz y su esposa pudieron ser testigos de la solidaridad de los hondureños, persistiendo en su afán de salvarles la vida, pese a la ausencia de equipo esencial y no contar con seguro social, sus angelitos finalmente se fueron al cielo.

A los días de nacido falleció uno y al siguiente el otro, dejando a sus progenitores un dolor y una pérdida indescriptible. Ellos hicieron hasta lo imposible para que sus bebés vivieran.


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