«Rude Boy»: el humilde mecánico que huyó en una caravana hacia el éxito

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Rude Boy
De un muchacho que se fugó en una multitudinaria caravana, ahora "Rude Boy" brilla representando a Honduras en lo que siempre le gustó.

HONDURAS. Cayó la noche del lunes 14 de enero de 2019; arranque de semana e igual el inicio de un camino con latente incertidumbre y con la única garantía de un largo camino. Salía, desde San Pedro Sula, una caravana de migrantes más hacia Estados Unidos.

No era un éxodo cualquiera. Desde la Gran Central Metropolitana partía un grupo de unos dos mil hondureños; una multitud tan imponente que, allá en el norte, retumbaba la voz de un magnate y gobernante. Era nada menos que Donald Trump, quien la calificaba como «la mayor de todas».

Además, había otro motivo por el cual no se le podía catalogar como una caravana usual. Se enfiló alguien que le ponía un singular ritmo al trayecto; una «personita» que no dejaría decaer a sus compatriotas, pues tenía la lírica que levantaría los ánimos del más dubitativo.

Su nombre es Omar Melchor Fuentes y, en ese momento, tenía 21 años. Se le conoce popularmente como «Rude Boy», es decir, la traducción al inglés de «Niño Grosero». Ese es su nombre artístico, ya que siempre le gustó cantar, en especial el género «rap». Por esa afinidad, él también se hace llamar el «raperito».

Junto a su esposa, que estaba embarazada en ese momento, aquel joven originario de El Progreso decidió emprender una aventura hacia el «sueño americano». ¿Por qué migrar? Años más tarde contaría que fue precisamente por su inmensurable talento.

Se hacía eco entre los hondureños un tema que escribió precisamente sobre la migración y también con tintes políticos. Su composición se viralizó tanto que llegaron a señalarlo como alguien que quería forjar una revolución contra las autoridades de turno; por ello, decidió que era tiempo de huir.

«Rude Boy» antes de la caravana

Emprendamos una pequeña retrospectiva. Previo a esa kilométrica travesía en la que se aventuró «Rude Boy», sólo podía degustar de su pasatiempo, el canto, en sus ratos libres. Gracias a las enseñanzas de su padre (Óscar Fuentes), él se dedicó, tal como todos sus hermanos, a la mecánica vehicular.

De manera específica, era experto en maniobrar las herramientas para la reparación de motocicletas. Siempre buscó ganarse el pan de cada día, pero, en su interior, nunca dejó de creer que su pasión era la música.

Es así, que relató que él y amigos cercanos buscaron ayuda en compañías radiales, en canales de televisión y no recibió apoyo. También intentó agenciarse un nombre a través de pequeños conciertos, pero al inicio le decían que «no servía».

Durante un tiempo grabó videos aficionados y también apareció en algunos escenarios. Sí, sumó algunos fanáticos, pero eran realmente pocos quienes creían en él y le decían que, con el tiempo llegaría a ser un grande en lo que hacía por placer.

Cero facilidades

Por lo anteriormente expuesto, tuvo que migrar. No obstante, no fue nada fácil el trayecto; y es que las caravanas suelen sufrir muchas adversidades. Fuertes contingentes bloquean las fronteras y los únicos «pasadizos» para continuar el camino representan un inminente peligro para la integridad física.

Desde la primera parte del recorrido la situación se tornó férrea. Cuatro kilómetros antes de la frontera de Agua Caliente, la policía colocó un retén que no permitía el paso a familias con menores de edad. Es así que debieron buscar rutas alternas.

Además, la policía bajó a las personas que iban en bus y les impidió -en varias ocasiones- que volvieran a subir. Aunque querían ahorrarse tan siquiera un pequeño tramo, sus pies debían seguir sufriendo las consecuencias de una larga caminata.

Una vez en la frontera con Guatemala, no podían cruzar sin los documentos pertinentes. Lo peor es que ni siquiera les esclarecían qué era lo que ocupaban. Es así que se abrieron camino por los montes.

El 18 de enero, cuatro días después del arranque del viaje, la muchedumbre se abrió paso y entró de manera irregular a México. Allí, había un fuerte contingente, de fuerzas de seguridad, que les vigiló constantemente. 969 personas solicitaron asilo humanitario allí.

Sin embargo, otras centenas no desviaron su cabeza del objetivo principal, llegar a Estados Unidos. No estaban dispuestos a ceder a menos. Tal fue el caso de «Rude Boy», que prosiguió, aún ante las adversidades.

¿Llegó?

Luces muy brillantes, inmensos edificios y personas de distintas razas y culturas. Su vista se fijó en aquello que tanto anheló; sí, pisó el territorio estadounidense. Mas, rápidamente esa alegría se esfumó. La «migra» lo agarró.