Opinón de Rodolfo Pastor: Regalo de Navidad para Honduras

La renuncia que no fue, la que sí y esta otra que pudiera, como lección de historia

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Manuel Zelaya
El presidente de Honduras llamó a un diálogo nacional.

Por Rodolfo Pastor Fasquelle. –Nadie predijo lo que sucedió. Pero se puede sacar de la tragedia un provecho hermenéutico. Hace tiempo discuto con mis amigos de otras disciplinas este intransigente rechazo del argumento contra factual en la investigación histórica. La historia académica impugna cualquier juego con la imaginación retroactiva como también en rigor se resiste los paralelismos. Rechaza la inutilidad de esos juegos porque le interesa explicar lo efectivamente sucedido en particular. Y sopesar condiciones distintas bajo las cuales el resultado hubiera sido diferente no le es útil a ese fin.

Plantear por ejemplo ¿qué hubiera sucedido si, en vez de apoyar la fraudulenta elección de JOH, los EUA hubiesen dispuesto actuar, como se le ha reclamado que haga, desde hace décadas, en consonancia con la comunidad regional, de la OEA que estaba convocándose y si –ahí- hubiese aceptado una exigencia al gobierno de Hernández de una segunda elección? ¿Habría renunciado JOH al fraude, o al fruto?  Pues ¡¿quién sabe?! Respondemos los historiadores. No se puede saber. Y por tanto no importa. No tiene sentido preguntárnoslo.

En cambio, y esto sí que tiene pocos paralelos históricos, ¡renuncia es el ganador! Como si respondiera al dictum cínico de que aquí se hace lo que los gringos quieren. Hace dos días Salvador relataba que los técnicos de la OEA le habían explicado que había ganado los comicios por medio millón de votos. Hoy declara que ante el reconocimiento de EUA para JOH él sale de la escenano tiene nada que hacer. Acompañará las impugnaciones, pero no tiene partido y va a emigrar a EUA donde tiene oportunidades, aunque después quiere corregir. ¿Qué le prometieron? O ¿con que lo amenazaron? ¿Lo chantajearon, líder? ¿Tuvo miedo de la bala perdida? No hay prueba de que fuese insincero. Pero no aguantó. Hay que agradecerle los meses que luchó con nosotros por la causa del pueblo. Y hay que agradecerle el haberse desmentido cuando dijo que va a seguir acompañando. Ya no tiene salvación. Quizás Salvador era un espejismo en que creímos porque necesitábamos creer. Cesó el tormento de esa falsa fe.

Tampoco abrigo falsas esperanzas. Si a JOH le interesara democratizar a Honduras, habría comenzado con dejar que los electores decidieran la elección y no ponerse –ahora con Omar- a convocar -otra vez- a un dialogo con sus pastores, sus ongs y sus gremios. Cuando quienes deben dialogar son las partes en conflicto.

Pero por lo mismo que todo fue impredecible y es inalterable lo que ya pasó también es incognoscible lo que puede suceder aún. Fuera de que sin nosotros no hay solución. JOH más y mejor que nadie sabe que la votación manifestó un rechazo sin precedentes en todo el tejido social, contra su continuismo. Que la movilización masiva de rechazo al fraude ha causado ya daños severos y ha afectado a sectores estratégicos, provocando descontento y desabastecimiento y déficit de servicios básicos. Dejando al descubierto un odio masivo y una vulnerabilidad insalvable. La represión ya ha causado una sangría no solo de los manifestantes si no también –internacionalmente- de la legitimidad del régimen. Y todo lo que haga su nuevo gobierno estará sujeto a un cuestionamiento primario. Por un acto de inteligencia propia, un JOH sobrio, reflexivo y patriótico podría entonces por si, renunciar el poder ejecutivo -como reza la Constitución- en el Consejo de Ministros, para que éste negociara una salida al enfrentamiento. ¿Por qué no? Y para ayudarle en ese difícil trance, si el me pidiera hacerlo, redactaría la renuncia en estos elegantes términos.

A la Comunidad Nacional e Internacional

                                                                  23 de diciembre 2017

Yo Juan Orlando Hernández A, Presidente de la Republica de Honduras fui declarado ganador de los comicios del 26 de noviembre por el Tribunal Supremo Electoral, la autoridad nacional competente, con dos votos propietarios coincidentes, uno razonado y otro –sustituto- de la Corte Suprema, nombrada para ese fin. Y no habiendo sobre esa autoridad ninguna otra internacional o nacional ante la cual se pueda impugnar esa resolución, cuando además el gobierno amigo de los EUA reconoce ese fallo y me ha felicitado, pese al gran sacrificio personal que ha significado últimamente el gobierno, me disponía a continuar en el ejercicio de la administración pública cuando estábamos posicionados para avanzar con los grandes proyectos que hemos venido impulsando, de inversión, progreso y prosperidad para todos. Las FFAA han sido leales y disciplinadas.

No obstante, a raíz de la irresponsable desacreditación de este proceso transparente y vigilado, por parte de la OEA, las redes y los medios de comunicación internacionales que no comprenden al país, y la rebelión intransigente de nuestros adversarios, que se rehúsan a aceptar el fallo, para reestablecer el orden público me he visto forzado a ordenar a las FFAA que marchen en auxilio de la Policía Militar del Orden Público y la FUSINA a sofocar las protestas que parecerían renacer de sus escombros, lo cual ya costó más de una treintena de muertos. Porque para hacerlos retroceder, la Fuerza Armada se ve obligada a disparar contra los manifestantes fanatizados. La represión necesaria del desorden público empero no va a apaciguar ni resolver la conflictividad social y política. Como consecuencia de la anarquía, que parece brotar a flor de tierra, se han derivado graves daños a la economía. El ambiente para futuras inversiones es negativo. El país se estancará, el capital huirá, se descontrolará la migración.

Sin que se vislumbre una salida, me encuentro ante la disyuntiva de continuar en el poder y acceder a una presidencia así desvalorada, irrespetada, bajo sospecha, aislada de la comunidad regional, débil, con una sangría continua de vidas y sufrimientos de compatriotas de que se me culpará injustamente. O cesar en el cargo, como en efecto aquí ceso, y renuncio, para que una autoridad, reconstruida a satisfacción de todos, y libre de toda sospecha e injerencia, organice un nuevo proceso, demostrando así mi patriotismo y mi amor a Honduras, y evitando más pérdidas materiales y de vidas y el desgaste de las instituciones del orden público que tan necesarias son para resguardar los bienes y derechos, libertades y garantías de todos. Y para que reemprendamos el progreso con un nuevo consenso.

Queda así formalmente el gobierno de la Republica a cargo del Gabinete de Ministros, el cual, previa concertación y diálogo con las fuerzas de oposición debe proceder a la entrega del poder a una Junta Cívica de Gobierno Provisional. Como, asimismo, para mi propia tranquilidad, y para que los hondureños perciban más claramente sus opciones, depongo mi legítima candidatura por parte del Partido Nacional a la Presidencia la que fuera aprobada por La Corte Suprema, sin contradicción en La Sala Constitucional y sancionada por el Tribunal Supremo Electoral antes de ser votada mayoritariamente por mis correligionarios, retirándome de la vida pública para la paz de la patria con el orgullo de haber entregado todo en su servicio. El Gran Partido Nacional de Honduras que he dejado más consolidado y fortalecido que nunca y al cual estuve a punto de regalar un tercer periodo consecutivo de gobierno sin precedentes, tiene múltiples otras opciones que podrán llenar ese vacío y cumplir esa meta. ¡Feliz Navidad!

Dios Bendiga a Honduras y a toda su gente.

Abogado Juan Orlando Hernández Alvarado

Presidente Constitucional de la Republica de Honduras.