Opinión de Rodolfo Pastor: Pocas palabras piadosas sobre la ponencia de Darío Euraque

Resumen injusto de la ponencia

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Rodolfo Pastor Fasquelle, historiador y escritor.

Por Rodolfo Pastor Fasquelle. -Claro que cuentan las épocas y los momentos. Magistralmente Darío Euraque nos ha expuesto el jueves en el Museo de San Pedro sus descubrimientos en los archivos que Bonilla legó a la nación, concretamente los tratos y contratos que tuvo P. Bonilla con Sam Zemurray.

Advierte que, en el último de sus tres exilios (1924 a 1926), antes de su muerte en Nueva Orleans, Bonilla ya era asesor jurídico a tiempo completo de Zemurray, el fundador de la Cuyamel Fruit y otras, antes que llegara a ser Presidente, después de 1931, de la consolidada United Fruit. Queda demostrado. Así dice Policarpo deviene un ejemplo del capitalismo clientelista.

Al final confiesa que no sabe quién pagó su embalsamamiento, que costó $1000 dólares, porque no ha podido determinar ni encontrar (a veces lo que no se encuentra no existe) documentos sobre la masa hereditaria del protagonista. ¿Aunque sospecha que Zemurray pagó la cuenta? Ha derecho. Aplaudí con los demás.

¿Se sobrestima la novedad? Todos sabíamos que Policarpo era abogado y que había laborado para La Cuyamel era conocido aun si ignorábamos los detalles. Como también sabíamos que tuvo admiradores y detractores contemporáneos. Entre sus admiradores destacan Ismael Deras el cariñoso biógrafo que se hizo pasar por Aaro Samzo y también Rafael H. Valle a quien Bonilla apadrinó y protegió tiernamente.

Entre los detractores destacó Paulino Valladares, intelectual orgánico del Partido Nacional, buena prosa y promotor de Tiburcio Carias. Y se puede contradecir la imagen heroica de Policarpo, la imagen de bronce, la del santón, el prócer contrastando esas diversas opiniones con los documentos. Claro.

Sin embargo, la interpretación de los datos que hace el Dr. Euraque comporta una incomprensión ingrata de lo acaecido y acaso una injusticia. Recuerdo a Silvio Zavala dirigiéndose a C. Sempat Assadourian, que venía de hacer un juicio tremendista sobre un Virrey peruano, y diciéndole El Virrey tenia responsabilidades y recuerde Ud. que, cuando cruce el umbral de la muerte, ahí estará el espíritu de ese caballero, esperándolo para pedirle las explicaciones del caso y exigirle cuentas. (¡Ah! don Silvio) Porque Darío dice que no juzga, pero juzga cuando asegura, en su presentación, que Policarpo se enriqueció vendiendo concesiones que traicionaban el interés nacional. Lo cual podría ser falso por doble partida. Primero, porque no está claro ni quedó en ningún sitio demostrado que se enriqueció nunca Policarpo.

Y segundo porque -a su ver, de él- facilitaba, por un lado, la inversión que estaba convencido que precisaba para el desarrollo del país. (Lo cual era perfectamente congruente con su visión ideológica y, además, porque pudo haber tenido la razón.) Mientras que, por otro lado, se aliaba con S. Zemurray, en un horizonte en que ese magnate era una única fuerza contrapuesta contra el inmenso peso y poderío de la United Fruit Company.

Es decir, la gente olvida (Darío no puede) que la Costa Norte de Honduras antes de 1900, estaba despoblada, era enfermiza y estaba aislada del mundo. Que las corporaciones bananeras hicieron entre 1900 y 1954 tres cosas buenas (drenaron y sanearon los pantanos, ayudaron a urbanizar, construyeron la infraestructura para el desarrollo agrícola industrial e invirtieron en investigación y formación de capital humano). Y tres malas, explotaron al obrero al que habían atraído con sueldos superiores a los conocidos entonces, quebraron al final a los agricultores nacionales a los que desplazaron del suelo y la producción (como ocurrió con Rafael López Padilla), a quienes les dieron la espalda, cuando ya no les convino su aporte y finalmente pervirtieron a políticos para conseguir concesiones y para que reprimieran el descontento. Pero a Policarpo, quien jamás condonó la violencia contra el pueblo, Zemurray le pagó para que redactara concesiones, no para que las otorgara, lo cual no estaba en sus manos cuando solo era ya un opositor y luego un exiliado.

No importa si Zemurray ayudó a financiarlo, Policarpo hizo bien en luchar, como F Turcios, contra el leonino empréstito con que el gobierno estadounidense quería asegurarse el pago de la deuda externa, apropiándose a Morgan las aduanas. Tampoco puede Darío al atacarlo, por su adhesión y trabajo para Zemurray olvidar que, en el periodo en que Policarpo realizó esos trabajos, muy posterior al de su propia Administración, desde 1911 a 1926, Zemurray era además de contrapeso de la United, el amigo y socio de centenares de finqueros hondureños que recurrían a sus favores, y por razones quizás cuestionables, era admirado y defendido en la prensa por los intelectuales obreristas como Alfonso Guillen Zelaya, otro de sus vehementes apologistas.