Opinión de Rodolfo Pastor: El Atrio Sombrío de la Ley Magnitsky, historia y perspectiva

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El Abogado Flores Valeriano documentó una serie de instancias en base a las cuales incluso se le acusó. (Pero a mi me puso una vez, Callejas, una demanda por la calumnia de haber expresado esa sospecha, de cuya consecuencia apenas me salvó con su talento el Abogado Milton Jiménez, mientras se reía de mí Pepe descontando la duda.) E igual consiguió RAFCA todas las cartas de libertad cortesía del golpe de estado al que apoyó y que ha sido el mayor acto de corrupción de nuestro tiempo.

O. Kilgore que ahora aparece a su lado fue en su momento la vergüenza de su Partido, según me confesó un Designado presidencial nacionalista, pero alcanzó a llevarme a una bartolina por un fiscal (que se pretendía santo y escuchaba prédicas fundamentalistas en la radio de su vehículo oficial), por el alto crimen de permitir que unos socios sacaran la arena que dejó una inundación en mi potrero, cuando faltaba el permiso municipal que le había negado al enviado para inducirme a ello. Y que era su negocio.

Farisaísmo mojigato

No es cuestión de asumir un farisaísmo mojigato y fingirnos más santos (que fácil) que el otro. No se puede denunciar el problema sistémico dejando por fuera la estructura radical del poder y el subdesarrollo. Olvidando la imposibilidad de conseguir recursos para campañas mediáticas que se exigen a los aspirantes, la dificultad absoluta para conseguir el capital y que aquí nadie puede pagar sus cuentas.

No son peores estos que los Kennedy que traficaban whisky durante la Prohibición, y no pudieron haberlo declarado sus impuestos. Es mas, no es que seamos mas malos los hondureños ni sean más corruptos nuestros narcos que los tratantes de esclavos de quien proviene la aristocracia de la Nueva Inglaterra, los compradores de esclavos en las Plantaciones del Sur, los explotadores de los chinos en California en el siglo XIX.

No son más pérfidos estos folklóricos adictos de la Santa Muerte que los traficantes de opio respaldados con armas por los gobiernos de las potencias para que nadie estorbara su mortífero comercio. No hay que sentirse más santo que el vecino, ni más indigno de la gracia del todopoderoso, que no es D. Trump, ni el gobierno de EUA. Hay que pagar la pena y pedir disculpas al país y a los ancestros.