Opinión de Rodolfo Pastor: Camándula de la Última Conspiración, en clave de santería

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Tonces, tratan de maquillar al discreto caudillo envejecido. Difícil, le van mal, la sombra, el rímel y el lipstick, rojo o azul, lo hacen parecer recién alimentado. Tiene cuernos poco disimulados de abusador, figura de enterrador vestido de negro riguroso y una cola más pesada que la de un dinosaurio.

El problema no son las masas, al fin y al cabo, volubles, mansas. Les puedes vender cualquier alucinación. Miren todo lo que ésta ha aguantado de burla y palo y bala y manipulación mediática y ¡y aún tan inocente! Sino, la vanguardia. Ningún defensor no digamos autor del golpe puede aglutinar los débiles y dispersos deseos de paz con justicia.

El negativo es veto, en vez de voto.

Lo traen en helicóptero a celebrar misa negra con el aquelarre del Merendón. Ahí están los pesos pesados. Los dueños de esta tierra baldía. Pero tienen que invitar también a un par de hombres de principios, por aquello de la imagen, y no termina de convencer el recandidato. Varios salen diciendo que el diablo originario es obvio más chaparro, más torpe y menos malo que este impostor.

Aquí se los dicen. Antes de que se perdieran esos diez mil millones, en veinte años se perdieron cientos de miles de millones de dólares por la corrupción del centenario sistema de compinches y ahora, bajo su dictadura, se disiparon las libertades y los derechos, y la esperanza que tenía que ser la última en irse, antes que se fuera la gente.

Solo queda una poca dignidad y de alegría. Hay que sacar a JOH y a sus socios, no dejarlo ir. Sentar ahí a ciudadanos transparentes y liberar la tribuna para que se exprese la gente. Patria Libre o morir.

No debe caer ni un indefenso más. Ni un paso atrás. Al final –está escrito- el diablo pierde, y también hay un tiempo para la paz y otro para la guerra. Lo siento, justa puede ser, pero no hay guerra buena, deseable, horca, paredón.