RIFLAZOS 90

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LUJOS

Por ahí se andan la bulla de que en los cielos catrachos andan volando un montón de aeronaves privadas introducidas al país bajo el cuento de que son para servicios turísticos, cuando en realidad para lo que sirven es para que sus dueños vean desde lo alto sus grandes cultivos y además para evitar el tráfico que nos tiramos a diario en las ciudades los simples mortales. Doña SAR debería revisar las pólizas de importación de estos lujos.

BIENVENIDA

Tal y como estaba anunciado, llegó al país la embajadora estadounidense en la ONU, Nikky Haley. Quien le dio la bienvenida fue el terrible Salvatore. El ingeniero dejó un mensaje en Facebook en el que además de acogerla, le aconsejo que en sus reuniones pregunte por la «Ley Cerdita» aprobada el 18 de enero, por las investigaciones de la MACCIH contra diputados y por las averiguaciones de Gaby y Odir, en el CNA.

VACANTE

A propósito de Gaby, ayer dejó claro que no tiene la más mínima intención de postularse para el cargo de Fiscal General del Estado. En una carta pública, el CNA jura que su directora no quiere el puesto que va a dejar vacante «Chincho» ni algún otro de elección popular, pues para poder conseguirlo hay que comprometerse con sectores que tienen interés directo en que perdure la impunidad en estas honduras.

BOMBOS

Uno de los diputados que salió untado en el informe del CNA había anunciado con bombos y platillos el fin de semana que ayer lunes iba a presentarse en el foro matutino más visto de la tele nacional para aclarar que es más transparente que el vidrio. La sorpresa es que el hombre finalmente brilló por su ausencia. Se excusó diciendo que si quien le ha manchado su honor no llegaba al plató, él tampoco lo haría.

BOLA

A las organizaciones que defienden derechos humanos le fue mal ayer en la audiencia que les concedió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que hablaran de la violencia post electoral en estas tierras. Los comisionados no le pararon mucho balón a las quejas y de paso el Estado de Honduras justificó el uso de la fuerza argumentando que los manifestantes no eran «angelitos» en su mayoría.