Hogar Esperanza, el lugar donde los niños pueden volver a soñar

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Después de vivir durante más de diez años en Hogar Esperanza (Hope House), quizá, por primera vez, con un sitio para dormir, educación, comida y amor, en palabras de algunos de los miembros que crecieron y se convirtieron en profesionales bajo su cuidado, la mejor forma de describir el lugar es con una corta frase: “donde pueden volver a soñar”.

La visita y donación de un reconocido club sampedrano de automóviles permitió un acercamiento con los niños, el personal y los fundadores.

De niños en riesgo a grandes profesionales

Empezó como una pequeña casa que albergaba apenas a dos niños hasta que Eduardo Altamirano y Angie de Altamirano, los fundadores, conociendo de la precaria situación de la niñez hondureña, decidieron ampliar y abrir más sus puertas.

De estar ubicados en la colonia Santa Mónica de San Pedro Sula, el Hogar Esperanza trasladó su instalación al sector Santa Inés en Potrerillos. El proyecto que 19 años atrás tenía espacio para dos menores, se ha convertido en la casa de 21 en total.

No solo su número aumentó, actualmente, cuentan con su propio sitio educativo en el mismo complejo de la casa hogar. ¡Recreación, enseñanza y el trato personalizado a cada niño, con el tiempo forjan a hombres y mujeres de bien!

¿Qué tanta relevancia tiene en la vida de un niño el papel de Hogar Esperanza? Los dos ejemplos más claros aceptaron conversar con reporteros de TIEMPO TV.

Andy Mejía llegó en 2001, tenía 11 años, y ahora con 29, cuenta que viene de un humilde pueblo llamado Laguna Verde en Santa Bárbara; su familia vivía en situación de vulnerabilidad y vio una luz de esperanza con la visita de una brigada médica que, tiempo después, fue el enlace para formar parte del proyecto “Hope House”.

Ahora, Andy que recibió formación primaria y secundaria en la casa hogar, ya se convirtió en un profesional, finalizando su carrera de Licenciatura en Psicología. No se olvidó del lugar que lo acogió y volvió. “¿Por qué?”, le preguntaron los reporteros. Con palabras simples respondió: “Gracias al hogar soy quien soy”.

Andy Mejía, 29 años, graduado de Licenciatura en Psicología.
Andy Mejía, 29 años, graduado de Licenciatura en Psicología.

Y lo que Andy describe como “una nueva casa de sueños” también cambió la vida de Leslie Martínez. Tiene 24 años y aunque llegó al hogar a los 8, no tiene claridad sobre la razón o circunstancia que la obligó a buscar refugio.

Leslie está a un año de culminar la Licenciatura en Educación Especial y en su día a día, pueden encontrarla en la escuela de Hogar Esperanza, donde, como ella misma lo cuenta, trata de retribuir un poco de lo mucho que le dieron.

Es originaria de San José, Copán, y decidió aventurarse en el mundo de la docencia al presenciar la necesidad de educación y con la idea de aportar sus conocimientos a quienes tienen pocas o cero posibilidades de estudiar.

Leslie Martínez, 24 años, a 12 meses de graduarse de Licenciatura en Educación Especial.
Leslie Martínez, 24 años, a 12 meses de graduarse de Licenciatura en Educación Especial.

Inicios y planes de Hogar Esperanza

Hace más de 20 años, una brigada de Estados Unidos visitó Honduras por tres meses pero una persona quedó impactada con las condiciones de la niñez, así que extendió el viaje por un año más y no se marchó nunca. Instalada en la ciudad industrial se casó y la pareja, formada por Eduardo Altamirano y Angie de Altamirano, fundó el Hogar Esperanza.

Ambos, con el don del servicio que se refleja al cruzar unas pocas palabras, pusieron a disposición un espacio que acogiera a niños huérfanos, abandonados, abusados y para quienes no tienen otra opción. Aunque los servicios educativos abarcan a las comunidades aledañas desde donde llegan menores con deseos de aprender.

La idea de crecer siempre ha estado presente pero los directores del hogar saben que cada niño necesita atención personalizada, pues cada uno lleva una historia difícil.

Hogar Esperanza se mantiene a flote gracias a donaciones, principalmente, extranjeras; mientras que de empresas, grupos o entes nacionales hay poco o nulo acercamiento. Por lo cual, los fundadores hacen un llamado a la consciencia de cada hondureño para aportar su granito de arena a causas que dejan un impacto positivo en la niñez, donde ellos confían, está la clave para transformar una sociedad.