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martes, abril 16, 2024

Problemática lechera

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Por primera vez se  realizará en nuestro país el Congreso Centroamericano de la Leche, esta vez el sexto, cuya tesis versará sobre los “retos y oportunidades del sector lácteo”, un tema a propósito de las crecientes  exigencias populares sobre seguridad alimentaria.

Se anuncia la participación de expertos nacionales e internacionales para abordar la cuestión de la producción lechera, y, por supuesto, su distribución y comercialización, algo muy importante que, a decir verdad, ha tenido poca atención –casi ninguna—por lo menos en nuestra irredenta Honduras.

Por el momento, la preocupación por la producción láctea, específicamente de origen vacuno, está marcado por los efectos severos de la sequía, un fenómeno climático que se antoja cíclico.

En realidad, la crisis lechera –mejor dicho, el colapso de la ganadería— obedece principalmente a razones económicas en detrimento del ganadero, o sea el eslabón primario de la producción, cuya recompensa por su esfuerzo e iniciativa es insignificante y generalmente desmoralizadora.

Es común, pero equivocada, la atribución de la caída de la producción de leche a problemas de manejo, cuando nuestra ganadería es básicamente resultado de una cultura generacional –tradicional–, con un conocimiento acumulado y un mejoramiento sólido en sus prácticas.

Aquí, en Honduras, el deterioro de la actividad ganadera, de ascenso progresivo hasta llegar al colapso, viene de bastante tiempo atrás, al margen de la incidencia climática adversa. Oficialmente se ignoraba este hecho, sin preocuparse por investigarlo, y hace dos años se daban cifras mentirosas sobre una población vacuna de 2,7 millones de cabezas.

Ahora reconocen, ante la imposibilidad de mantener la falacia, que el hato ganadero hondureño apenas llega a una estimación de 700,000 cabezas, gran parte de ellas muertas de hambre y sed, con los pastizales secos, las fuentes de agua escasas y los cielos azules, caniculares, sin nubes generosas de lluvia.

Pero insistimos, como lo ha hecho TIEMPO, el Diario de Honduras, a lo largo de todos estos años, que el problema del desarrollo ganadero –de la producción de leche y de carne— está determinado por el escaso beneficio de esta actividad para el productor, que es quien realiza el duro trabajo y todos los riesgos del negocio.

Eso se debe al hecho primordial de que una unidad de producción láctea –y/o de carne—para que sea sostenible requiere de la utilidad al productor, que solamente puede asegurarse mediante la articulación justa y eficiente de las cadenas de valor, con una intermediación garantizada.

La imposibilidad de establecer esa articulación –como sucede en nuestro país en que las plantas industrializadoras y comercializadoras se apropian de los beneficios y el ganadero se lleva la peor parte– condena a la desaparición de la producción láctea, a menos que se produzca una transformación empresarial, para el caso, con la organización cooperativa del sector ganadero.

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