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martes, julio 5, 2022

Por el homicidio de un niño de dos años condenan a mujer en SPS

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Cortés, Honduras. El Tribunal de Sentencia de San Pedro Sula declara culpable a Rosa Virginia O’conor Romero por el delito de homicidio culposo en perjuicio de William Mejía (niño de dos  años de edad).

El proceso se dio a través de la Sala 2 en los juzgados sampedranos y la sentencia fue por unanimidad de votos.

Por otra parte, a la ciudadana se le declara culpable de 11 delitos de maltrato por transgresión como responsable penalmente en perjuicio de once menores de edad.

Cabe mencionar, que la sala penal la absuelve del delito de homicidio simple en relación a la muerte de William Mejía.

Posible pena 

Según el comunicado de los Juzgados, no queda en suspenso la Audiencia de individualización de la pena. La sentenciada podría estar entre 25 a 49 años en la cárcel.

En el Código Penal vigente, el delito de homicidio culposo tiene una pena mínima de 3 años y una máxima de cinco de reclusión. Y el ilícito penal por maltrato por transgresión oscila entre 2 años mínimo a una máxima de 4 años de reclusión.

Su captura después de ocho años de fuga

el 1 de noviembre de 2017, la Fiscalía Especial de la Niñez con apoyo de la Dirección Policial de Investigación (DPI) reportó la captura de Rosa Virginia O’Connor Romero.

Según se indicó en aquel momento, Romero estuvo fugada durante ocho años. La fémina laboró por largos años en un centro que brindaba atención a niños y jóvenes en condición de vulnerabilidad.

Es en ese sitio donde se habrían desarrollado los hechos que dieron origen a su condena actual.

Maltratos constantes

Durante los primeros meses de 2008, once menores de edad se encontraban en la Casa Refugio Alcira, en la Colonia Villa Ernestina, de San Pedro Sula. Ese lugar operaba bajo la dirección del sacerdote Vicente Peris Coret y la señora Rosa Virginia O’conor Romero, que se encargaban de los cuidados de los menores con edades entre los 2 y 14 años.

Durante la estadía de los infantes en dicho centro, O’conor Romero “les suministraba alimentos en mal estado y contaminados de heces de ratones. Les imponía castigos de aislamientos en bodegas cerradas y oscuras, les propinaba castigos corporales (utilizaba chilillos, chancletas, con sus manos les daba en las nalgas)”, explican las autoridades.

Además de otros castigos severos como hincarlos en granos de arroz por enormes espacios de tiempo o hacerles comer chocolate hasta llenarse.

En meses no determinados de ese año 2008, un niño de dos años que acostumbraba a guardar su comida en su boca, sufría los embates de Rosa Virginia. Ella a la fuerza “le introducía una cuchara hasta la garganta para que el menor tragara el bocado”.

Además la señora le gritaba para “que comiera y la única defensa del indefenso era llorar y gritar, por eso lo castigaba con nalgadas, cachetadas y palmadas en la espalda”.

El seguimiento a ese maltrato terminó en tragedia. El 5 de noviembre de 2008, “el niño de dos años jugaba con sus tres hermanos y en eso apareció Rosa Virginia que se molestó porque el infante que jugaba con agua sucia, ante los gritos y la orden a su hermano mayor para que le metiera la cabeza en el charco”.

Ante esa orden atroz, “el infante mayor obedeció por la voz fuerte y poder de Rosa Virginia, agarró la cabeza de su hermano y la sumergió pero como lo hizo con tal fuerza que el indefenso niño pegó con la frente en la superficie lisa”, especifican en el juicio.

Por ende, ese golpe le provocó “hematomas en la frente y el niño de dos años utilizaba su única defensa, que era gritar y llorar mientras O’conor Romero reía. Al final, la encargada le ordenó a la otra hermana bañar bien al menor afectado, así lo hizo pero observo que su hermanito tenía los moretes en la frente y además varios en todo el cuerpo”.

La situación no se detuvo allí, horas después el infante afectado “empezó con una serie de convulsiones y a ponerse morado, uno de sus hermanos mayores le aviso a Rosa Virginia quien le suministro leche y le avisan al Padre Vicente. Pasó un tiempo prudencial y el niño seguía inconsciente y le avisan otra vez al padre, quien llegó y al observar el estado del menor mandó a uno de los hermanos a la pulpería pero se tardó, en eso el sacerdote decidió trasladar al menor al Hospital Mario Catarino Rivas.

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Tras llegar, el médico de emergencias consignó en el expediente clínico “la gran cantidad de hematomas que presentaba en varias partes del cuerpo, una herida contusa en el área retro articular y equimosis en el pómulo”.

Sumado a eso, los médicos señalaron que tenía “varias lesiones por picaduras de insectos que le produjeron impégtigo o infecciones cutáneas, pero sobretodo con signos de desnutrición”.

Y el galeno de turno le reprochó al sacerdote al decirle que “Porqué tenía tantos moretes el niño” y el cura dijo que no sabía. Como a eso de las 03:00 am, William Mejía murió por una hemorragia subaracnoidea provocada por el golpe sufrido horas antes.

Al final, los menores fueron declarados en riesgo social por el Instituto Hondureño de la Niñez y la Familias (Ihnfa).

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