«Di cobertura a cómo se inundaba mi casa»: periodista afectado por Eta narra su vivencia

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periodista afectado por Eta
Colonia Céleo Gonzáles, SPS, una de las más afectadas por Eta e Iota.

CORTÉS, HONDURAS. Lo que en un principio sería una simple jornada más de cobertura a la tormenta tropical Eta, que recién hacía su ingreso a territorio nacional, para un joven periodista sampedrano se convirtió en un día de contar cómo su propia casa se inundaba al mismo tiempo que su familia, amigos y vecinos huían de su colonia, y otros quedaban atrapados.

«El miércoles por la tarde hablé con unos amigos de La Lima, de la iglesia, y sabía que sus casas ya se estaban inundando, pero no me preocupé en lo absoluto, porque no me esperaba que el agua llegaría a desbordarse hasta los sectores de la Planeta y la Rivera Hernández. Nunca había pasado. Cuando azotó el huracán Mitch, la inundación subió a nivel de dos bloques, así que, para Eta nos esperábamos algo similar», recuerda el periodista de 22 años de edad.

El jueves 5 de noviembre del 2020, temprano por la mañana, él salió de su hogar con completa normalidad. Lo noche anterior había llovido fuerte sobre la ciudad industrial, por lo que, la calle principal de su colonia amaneció llena de agua, pero, realmente, no era nada para preocuparse, pues «suele ocurrir a menudo».

«Yo tenía un carro turismo y justo ese día decidí no irme en él al trabajo, porque, al ser un auto bajo, asumí que me iba a costar avanzar por la pavimentada. Ya ha pasado antes. Entonces, mi papá me dijo que nos fuésemos juntos en su camioneta. El pasaje donde vivimos estaba seco, de hecho, ni siquiera llovía y se miraba el Sol, tan sólo era en la calle principal que el agua cubría los túmulos», recordó.

Las calles de la Col. Céleo Gonzáles aún siguen atestado de lodo.

Nadie se lo imaginaba

Su madre se quedó en casa y sus hermanos también. Antes de despedirse, hablaron sobre la posibilidad de albergar a personas conocidas de La Lima. Creían que lo peor de Eta ya había pasado y que estaban fuera de peligro. A todos les pareció una excelente idea.

«Mientras iba en camino, por WhatsApp les escribí a mis amigos y trataba de darles ánimo, diciéndoles cosas como ‘vamos a salir juntos de esto’, ‘Dios está al control’ o ‘tiempos mejores vendrán’. ¡Quién diría que minutos más tarde, yo estaría en la misma situación!», comentó. «Algunos abandonaron sus hogares una noche antes, de otros no supe nada y me sentí triste al imaginarme que estaban atrapados», agregó.

Cuando llegó a la oficina, se sentó en su escritorio, encendió su computadora y justo cuando se disponía a publicar la primera nota de la mañana, recibió una llamada telefónica que lo dejó helado. A dos meses de la tragedia, las palabras que escuchó del otro lado de la línea aún resuenan en su mente.

«‘Hijo, me tengo que salir, el agua ya viene por el pasaje’. Era mi madre. Me llamó para decirme que la colonia se estaba inundando y que le avisara a mi papá que fuese a recogerlos«, rememoró con tristeza. Lamentablemente, su padre no pudo regresar a casa. «Me contó que cuando iba de camino, una corriente casi lo arrastra», dijo.

Así avanzaba la limpieza de la casa antes de la llegada de Iota.

La cobertura

La colonia se inundó hasta los techos en cuestión de minutos, de modo que la familia del periodista debió huir a pie momentos antes, con el agua a las rodillas, cargando a las mascotas y nada más, sin ningún artículo que salvar.

«Aún me duele y siento culpa porque no pude estar con mi mamá y hermanos en ese momento. Mientras todo ocurría, yo debía redactar la noticia acerca que mi colonia se llenaba de agua y alertar a los cuerpos de socorro que varias personas no habían podido evacuar, o sea, di cobertura a cómo se inundaba mi casa mientras mi familia corría… la nota más triste que yo recuerde. La publiqué con lágrimas en mis ojos«, aseveró.

No pudo comunicarse de nuevo con su familia hasta horas más tarde, pues la señal telefónica era prácticamente nula. «Se movieron hasta una de las colonias del sector Rivera Hernández que el agua no alcanzó. Desde ahí, una compañera de trabajo de mi mamá los llevó en auto hasta el centro de la ciudad, en donde los esperaba mi papá. Cuando por fin pude hablar con todos, me sentí más tranquilo».