REDACCIÓN. Durante los meses cálidos, dejar que el cabello se seque al aire tras un chapuzón en la playa o la piscina parece inofensivo.
Sin embargo, expertos en salud capilar, como la farmacéutica Helena Rodero, alertan que el agua puede ser uno de los mayores factores de daño para la salud capilar si no se toman las precauciones adecuadas.
Rodero enfatiza que el agua es el «peor enemigo» del cabello debido a su interacción con la estructura capilar.
Según Rodero, las moléculas de agua desplazan los enlaces más débiles de la fibra capilar, afectando su resistencia. «Un pelo mojado es más débil que un pelo seco», subraya la experta. El problema se agrava cuando el cabello tarda en secarse, lo que facilita el encrespamiento y aumenta el riesgo de daño. Manipular el cabello mojado, ya sea tocándolo o recogiéndolo, puede provocar roturas debido a su fragilidad.
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Este fenómeno, conocido como fatiga higral, describe cómo la exposición continua al agua degrada la queratina, la proteína principal del cabello, debilitándolo progresivamente. Por ello, es crucial retirar la humedad lo antes posible para preservar la integridad de los enlaces de queratina y la fuerza del cabello.
La doble agresión
El daño se potencia al combinar el agua con la exposición solar. El agua salada del mar y el cloro de las piscinas, ricos en minerales y químicos, debilitan significativamente el cabello. Si además el cabello mojado se expone directamente al sol, el daño se agrava. «Es como si descubriéramos la queratina y se daña más porque todo lo que se queda pegado al cabello, minerales, sal, cloro y sol aumenta más el daño», advierte Rodero. Si no se puede secar el cabello rápidamente, se recomienda hacerlo a la sombra para minimizar la agresión solar.
Estrategias de protección
Para proteger el cabello, la farmacéutica sugiere la técnica del pre-poo, que consiste en aplicar mascarillas, acondicionadores o aceites capilares (especialmente con aceite de coco) antes del lavado habitual o de sumergirse en el agua. Dejar actuar el producto entre 20 y 30 minutos crea una barrera protectora.
Además, Rodero aconseja ducharse con agua dulce inmediatamente después de salir del mar o la piscina. «El cabello es como una esponja impregnada de agua dulce que absorbe tanto el agua del mar como la de la piscina, pero que si te aclaras después del baño se va», explica. Esta simple acción ayuda a eliminar residuos de sal, cloro y otros minerales.

Un daño adicional proviene del cobre en las piscinas, especialmente en cabellos rubios. El sulfato de cobre se adhiere a la fibra capilar y, en contacto con el sol, puede potenciar el daño y provocar tonalidades verdosas. Para ello, se recomienda el uso de quelantes específicos para nadadores, así como champús con alfahidroxiácidos o un pH de 4 a 4.5 para neutralizar estos efectos. El EDTA, presente en muchos champús, es un potente quelante que ayuda a eliminar estos metales.
Adoptar estas precauciones y cuidados específicos es fundamental para mantener un cabello sano, fuerte y radiante durante todo el año, protegiéndolo de los desafíos que el agua y el sol le presentan.