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lunes, agosto 8, 2022

Pasaporte a la desesperación: un día en las oficinas de migración (1-3)

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CORTÉS. Largas horas de espera, pasillos repletos de personas, golpes, empujones, descontrol y basura en las escaleras. Ese es el ambiente que viven cientos de ciudadanos en las oficinas de Migración en San Pedro Sula.

Reporteros de Diario Tiempo Digital pudieron experimentar ese proceso  que lleva a la tramitación de pasaportes. En ese sentido, todo puede resumirse en el sentimiento de desesperación e impaciencia  que genera hacer este trámite de un documento personal.

La cita para tramitar el pasaporte indica la hora de llegada. Pero muchos no saben lo que van a vivir. Primero hay que madrugar para poder conseguir un lugar decente en la extensa fila de personas que llegan por la misma razón: conseguir su pasaporte.

Por ejemplo, a las 6:20 de la mañana ya se aprecia una fila de más de 70 personas, eso sí con sus respectivas citas.

Otros como vienen desde la zona occidental y litoral del país, se ubican afuera de las instalaciones desde las 5:00 A.M. Desde esas horas ya puede verse el “tumulto” de personas pegadas a la pared, esperando con ansias que abran la puerta.

Mientras tanto, algunos optan por comprarse una baleada y un jugo en los puestos de comida instalados en el exterior. Muchos de los ciudadanos llegan sin desayudar por la hora.

Entre pláticas con unos y con otros se logra hacer una que otra amistad fugaz, que usualmente, acaba cuando el proceso está concluido.

No puede faltar el llano de menores que son llevados por sus padres a realizar el mismo proceso. El sonido de vehículos recorriendo las calles y los famosos “tramitadores”. 

Desde que se llega al lugar, algunos hombres se acercan a preguntar si ya lleva toda la documentación; ellos son los tramitadores. Si no la tiene lista, prepárese. Le sacarán un ojo de la cara por hacer esos trámites.

Las fotocopias tienen el costo de 10 lempiras y estas mismas personas le ofrecen un puesto en los primeros lugares de la fila para que pueda entrar enseguida. Obviamente, es un servicio por el cual debe pagar cierta cantidad de dinero.

Cuando por fin abren las puertas, el sentimiento de alivio invade a los presentes, el dolor en los pies por estar parado acabará, piensan algunos. Sin embargo, luego de entrar e ir subiendo las escaleras algo es notorio.

El lugar es demasiado desordenado y se nota que no recibe mantenimiento. Entre botellas de refresco, cáscaras de algunas frutas, bolsas de agua y otros desperdicios, los ciudadanos suben tratando de esquivar los mismos.

Tras subir al segundo piso, un guardia le recibe y lo pasa al que será el primero paso de todo el trámite. Con rostros de desánimo, muchos comienzan la nueva espera.

La mitad de personas están de pie y otros esperan sentados en algunas sillas ubicadas en la sala. Mientras tanto, uno a uno van pasando por la mesa frontal donde se toman las huellas y se registran los datos personales.

Algo notorio en el primer paso, es que la espera es de aproximadamente 40 minutos y algunos ciudadanos son desconsiderados. Sin importarles que muchos estén de pie, se ubican entre dos sillas, impidiendo que alguien cansado tome el lugar.

No importa si es mujer o si está muy agotado, allí parece ser la supervivencia del más fuerte. Únicamente las personas de la tercera edad, discapacitados y féminas embarazadas son pasados en seguida.

Primer paso del proceso: Identificación de huellas.
Primer paso del proceso: Identificación de huellas.

Al llegar a la mesa, recibe una hoja con sus datos y luego, con esta irá al segundo paso.

Todo parece indicar que lo más difícil ya terminó. Con hoja en mano se mueve hacia la segunda sala donde hay unas cincuenta sillas. Cada persona avanzaa  de lugar cuando alguien pasa por fin con el agente de Migración.

Una sensación de alivio domina cuando el agente dice las palabras: “pase el siguiente”, y es nuestro turno. Al sentarse, solicitan los documentos, luego piden datos personales y toman la fotografía.

En ese instante, las instrucciones son claras: Espere hora y media o dos horas y regrese por su pasaporte. Algunos ciudadanos deciden quedarse, unos por temor y otros por falta de recursos.

¿Temor? El asunto es que si cuando digan su nombre para entregar el pasaporte y no está presente, deberá esperar hasta el final del día o al siguiente. Otros, como vienen de lejos, traen el dinero justo para los trámites.

Comer o darse cierto gustito, implica más gasto y la posibilidad de no poder regresar ese mismo día a casa por falta de dinero.

Luego del tiempo de espera, una nueva sala es el objetivo. Al llegar al último paso, solo es necesario hacerse a un lado y al escuchar su nombre, presentarse con su cédula para reclamar el deseado pasaporte.

Sin embargo, el tercer paso, se resume en estrés e impaciencia. Ciudadanos que no entienden que el tiempo de espera para entrega del pasaporte es de casi dos horas, entran en la sala a obstruir el paso.

Aunque los encargados brindan instrucciones, muy pocos prestan atención. No permiten el paso de las personas que sí están recibiendo su documento.

Ciudadanos aglomerados en la sala donde se entrega el pasaporte.
Ciudadanos aglomerados en la sala donde se entrega el pasaporte.

Entre el tumulto de gente, se sienten pisotones, golpes y empujones. Además, se escuchan gritos, niños llorando, regaños y otras situaciones. El rostro de los presentes es un poema que indica que desean huir de inmediato del lugar.

Aunque se puede llamar a tres personas a la vez, entre empujones y golpes, desconectan las computadoras e impiden que los ciudadanos nombrados lleguen a firmar la hoja de recibido. Por esa razón, el retraso es mayor.

Con dolor fuerte de cabeza, cansancio, dolor en los pies y estrés elevado, las personas salen con una sonrisa porque al menos llevan en mano su pasaporte.

¿Cómo puede resumirse la experiencia de tramitar el pasaporte? Es un proceso desesperante. Si usted tiene planes de ir por el suyo, ármese de paciencia, aparte un día y llegue descansado.

Aunque muchos consideran el trámite como “aceptable”, ninguno duda que la situación es más como ‘pasaporte a la desesperación”.

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